En cinco ocasiones he dedicado el artículo que publico en esta sección a la relación entre...
En cinco ocasiones he dedicado el artículo que publico en esta sección a la relación entre el Rey Felipe VI y Salvador Illa. Se podrá coincidir con el presidente de la Generalidad o de él se podrá discrepar. La objetividad exige reconocer que ha restablecido la normalidad institucional entre la Jefatura del Estado y la Presidencia de la Generalidad.
España es un Estado de Derecho, una democracia pluralista plena en la que las leyes derivan de la voluntad general libremente expresada. Varios presidentes de la Generalidad fracturaron la normalidad institucional, con grave ofensa, no para Su Majestad el Rey, sino para la Constitución y para España. Nunca se me ocurrirá condenar el pensamiento independentista de un sector minoritario de la clase política catalana. En la Monarquía de todos, tienen derecho a pensar como piensan siempre que mantengan el respeto a una Constitución que en su artículo 168 establece el procedimiento legal para que una Comunidad Autónoma alcance la independencia. Lo que no resulta tolerable es que se pretenda conseguir esa independencia saltándose la ley y alentando la violencia callejera.
Salvador Illa, desde que la voluntad popular le instaló en el palacio de la Generalidad, ha mantenido una relación de normalidad con el Rey Felipe VI. Ha acudido a los actos de la Fiesta Nacional el 12 de octubre, ha sido recibido en audiencia en el Palacio de la Zarzuela, ha cumplimentado al Jefe de Estado en sus reiteradas visitas a Cataluña y ha demostrado admirable firmeza en el cumplimiento de la ley. Entre la Jefatura del Estado y la Presidencia de la Generalidad se ha restablecido una relación fluida que nunca se debió perder. Y eso lo ha conseguido Salvador Illa, seguro que venciendo resistencias tenaces, con la más completa normalidad.
A la vista de lo ocurrido en el magno acontecimiento de la Mobile Word Congress, la objetividad periodística exige felicitar una vez más a Salvador Illa por encarnar desde la normalidad institucional una gestión puntera para Cataluña, para el resto de España y para el bien común de todos los españoles.