www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

¿La guerra o la paz en Ucrania?

lunes 03 de marzo de 2025, 19:23h

Hace pocos días se han cumplido 3 años desde que las tropas rusas invadieron Ucrania y empezara la guerra “ruso-ucraniana”. Vale la pena hacer un breve resumen de lo que ha ocurrido. Hay que hacer balance de la terrible masacre que el Kremlin está practicando en tierra ucraniana contra sus Fuerzas Armadas y contra la población civil. Esto nos ayudará a comprender mejor por qué ha llegado la ahora de poner fin a esta “interminable” guerra, que no otra cosa pretende hacer el “nuevo” presidente de los EEUU, Donald Trump, y que tantas críticas, sin ningún fundamento para ello (de momento), ha suscitado entre los medios y sus servidores de una clara orientación anti-Trump.

El primer resultado, el más negativo, es que la guerra todavía no ha terminado en los campos de batalla en Ucrania y siguen muriendo a diario miles de personas.

El resultado positivo, el más grande, es que Ucrania ha conseguido defender su independencia, conservar la mayor parte de su territorio (80%), enfrentarse valientemente a un ejército muy superior, enviado por un país vecino más grande e inmensamente más poderoso.

Y, lo que también es muy importante, Ucrania no ha dejado de funcionar como país, no se hundió en el caos funcional y administrativo a pesar de las numerosas destrucciones de las viviendas de los ciudadanos y de la estructuras civiles vitales para la población; ha conseguido formar y mantener un robusto, valiente y eficiente ejército, que a pesar de la falta del armamento, pero gracias al heroísmo de sus soldados y una maestría militar de sus oficiales y comandantes, pudo dar una digna batalla al enemigo, causándole numerosas bajas (cientos de miles) entre muertos y heridos; logró parar al enemigo y dejarlo estancado en un frente de casi mil kilómetros, sin dejar que las tropas rusas avanzaran más allá de los territorios ucranianos ocupados en los primeros meses de la guerra, cuando el ejército ucraniano fue cogido por sorpresa, casi desarmado, ante la brutal e inesperada agresión miliar rusa, y no fue capaz, en aquel momento, de parar inmediatamente el avance del enemigo.

Esta línea del frente, prácticamente inamovible desde hace más de una año, se mantiene hasta el día de hoy. Ni los rusos son capaces de hacer grandes avances, salvo pequeñas escaramuzas, ni los ucranianos están en condiciones de atacar, por falta del armamento ofensivo y sin tener una superioridad en los efectivos, incluso ni la paridad. Se puede decir que se ha llegado a una especie del “empate” y el continuar la guerra durante los próximos años no supone proporcionar victoria a ninguna de las partes involucradas, sino proseguir con el derramamiento de sangre y con la destrucción.

Precisamente por ello, el presidente norteamericano, Donald Trump, ha decidido jugar el papel del mediador, e intentar poner fin a esta guerra, “obligando” a sentarse a la mesa de negociaciones de paz al presidente ruso y el ucraniano, con la ayuda de los países europeos, quienes hasta ahora estaban prestando una ayuda militar a Ucrania.

Hay que destacar que los EEUU, durante el mandato del presidente Biden, también estuvieron ayudando militarmente a Ucrania, pero esta ayuda, igualmente que la europea, resultaba insuficiente, muy estirada en el tiempo (gota a gota), que no permitía a las tropas ucranianas en ningún momento disponer del armamento necesario y de la munición suficiente, para poder emprender un ataque ofensivo y prolongado, con el fin de derrotar las tropas rusas y echarlas de los territorios ocupados.

Aunque existieron momentos reales para haberlo realizado. El más oportuno y prometedor fue a finales de septiembre - principios de octubre de 2022, cuando el ejército ruso, desmoralizado después de la fracasada operación de la toma de Kiev en las primeras semanas de la guerra, no tuvo suficiente tiempo para reagruparse y construir defensas en otros segmentos de la línea de los combates. El ejército ucraniano lo aprovechó y en aquella contraofensiva logró recuperar el 62% del territorio conquistado por las tropas rusas desde el inicio de los combates.

Pero, finalmente, la ofensiva no pudo conseguirse o, sencillamente, no obtuvo el éxito esperado que pudiera haber cambiado el curso de la guerra e, incluso acabarla, derrotando al ejército ruso de forma aplastante. Porque las tropas ucranianas no tuvieron en aquel momento suficiente armamento y munición, que los EE.UU y los aliados europeos les suministraban, como ya lo he comentado, con grandes retrasos y en el número muy inferior al que estaba pidiendo el gobierno ucraniano.

Para dar una idea al lector acerca de la superioridad del ejército ruso, voy a presentar algunos datos. La superioridad rusa en la potencia del fuego de artillería era del orden de 15 veces y nunca, durante toda la guerra, este número ha bajado del 5. También el ejército ucraniano fue muy inferior en tanques, aviación, piezas de artillería, etc., siendo la superioridad del enemigo ruso, según el tipo de armas, de 3, 4, 5 veces. Por tanto, finalmente, después de liberar un gran territorio de la región de Jarkov, las tropas ucranianas tuvieron que parar la ofensiva, y pasar a la defensa.

Lo mismo ocurrió durante la segunda ofensiva del ejército ucraniano, que se produjo esta vez en la región de Donetsk y Zaporiyia, que duró desde el principio de junio hasta finales de noviembre de 2023. Fue una ofensiva mucho más amplia y mejor preparada por los generales ucranianos. Pero las tropas rusas, teniendo 6 meses transcurridos desde la primera ofensiva ucraniana, supieron prepararse bien para defender sus posiciones: reagruparse, construir las fortificaciones, minar grandes espacios en la línea de separación, acumular reservas de los efectivos.

El ejército ucraniano, al haber comenzado su ofensiva, estaba contando con la promesa de sus aliados europeos y norteamericanos, de que ellos le suministrarían suficiente armamento y munición para que el ataque resultara determinante e inclinara la balanza de la guerra a favor de Ucrania. Pero las tropas ucranianas se encontraron con que en plenos combates encarnizados, los EE.UU, el principal suministrador del material militar al ejército ucraniano, cortó todos los suministros, desde octubre-noviembre de 2023 hasta abril de 2024. La ofensiva ucraniana se ahogó. Más aún, las tropas rusas han tenido un buen respiro y pronto empezaron a contraatacar al ejército ucraniano, exhausto de munición y del armamento.

Fue una clarísima demostración de que la administración del entonces presidente Biden estaba intentando, por todos los medios, evitar la victoria del ejército ucraniano y con ella la derrota de los rusos. Esta política norteamericana se mantenía sin cambios hasta la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Otra cosa insólita, jamás ocurrida en toda la historia mundial de la guerra, es que los aliados de Ucrania prohibían a las tropas ucranianas utilizar el armamento que ellos les suministraban (artillería, misiles, cohetes, drones) contra los objetivos militares en el territorio ruso, sólo estaba permitido hacerlo en el territorio ocupado por el ejército ruso. Los rusos podían bombardear a lo largo y lo ancho de Ucrania todos los objetivos que les diera la gana: edificios de vivienda, hospitales, guarderías, colegios, infraestructuras vitales para la población. Pero a las Fuerzas Armadas ucranianas no se les permitía tocar ningún objetivo militar en la retaguardia rusa.

Uno de los verdaderos fenómenos de esta guerra, que sin duda alguna entrará en los anales del arte marcial, es cómo los estrategas ucranianos consiguieron hundir media flota rusa del Mar Negro, incluido el crucero lanza-misiles “Moskva” (”Moscú”), el buque insignia de la Flota rusa del Mar Negro. Rusia, en toda su historia militar desde la batalla naval con Japón en 1905, en Tsushima, donde perdió el buque insignia de la Flota del Báltico, “Kniaz Suvórov” (“Conde Suvórov”), nunca más, ni en la Primera Guerra Mundial ni en la Segunda, sufrió el hundimiento de un barco cabecera de la flota. Pues, asombrosamente, los soldados ucranianos lo hicieron sin que las Fuerzas Armadas ucranianas tuvieran la Marina de Guerra, sin disponer de ningún barco militar. Ellos hundieron a “Moscú” utilizando los pocos misiles tierra-mar que tenían, aprovechando cuando los buques de la marina de guerra rusa intentaban acercarse a la costa ucraniana para bombardear los objetivos en su territorio o para desembarcar las tropas.

Otra operación, que unos destacados expertos militares occidentales la consideran como “brillante”, fue la que diseñaron y llevaron a cabo los generales ucranianos, cuando en plena ofensiva del ejército ruso en varios puntos del frente, especialmente en la región de Donbass, las tropas ucranianas atacaron y adentraron en el propio territorio ruso en la región de Kursk, cosa inimaginable hasta entonces, ya que se presumía que los combates en esta tan “extraña” guerra debían haberse desarrollado sólo en el territorio ucraniano. Esta incursión ucraniana obligó a la comandancia rusa a desplazar hacia la zona de Kursk un considerable contingente de sus efectivos y de las armas pesadas desde el frente en Donbass, donde se estaban librando (y prosiguen hasta hoy) los más encarnizados combates, teniendo los rusos una gran superioridad en los efectivos (“la carne de cañón”), lo que había provocado una ralentización del empuje de las tropas rusas en Donbass y facilitó a las tropas ucranianas la defensa de sus posiciones, muy importantes desde el punto estratégico.

Sin citar más ejemplos de las exitosas operaciones de los militares ucranianos, la guerra ruso-ucraniana está demostrando, desde su principio, la superioridad de los mandos militares ucranianos frente a sus homólogos rusos en el diseño y en la ejecución de las operaciones militares, al emplear los más modernos métodos y esquemas de las más avanzadas doctrinas de los ejércitos occidentales (la OTAN), mientras que el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, sigue utilizando las tácticas y estrategias que no se han cambiado mucho desde los finales de la Segunda Guerra Mundial.

También hubo errores y fallos, cometidos por los comandantes ucranianos, pero el balance hasta ahora (no olvidemos que la guerra todavía no ha acabado) es con creces a favor de las heroicas Fuerzas Armadas de Ucrania.

Desde este punto de vista, aunque la guerra todavía sigue en curso con la misma crudeza que durante todos estos tres años, varios expertos políticos y militares consideran que Rusia ya la ha perdido, porque a las guerras se las valora en función de los objetivos conseguidos o no que se proponían al iniciar el ataque. Y ¿cuáles fueron los objetivos que el Kremlin había proclamado, cuando invadió el territorio ucraniano? Citaré sólo tres más importantes para no alargar demasiado el artículo: 1. “De-nazi-ficación” del régimen en Ucrania; 2. Desmilitarización de Ucrania; 3. Un cambio, por medio de la fuerza militar, del régimen en Ucrania por el otro más obediente a Rusia.

Cómo podemos ver, actualmente, en Ucrania sigue en el poder el “nazi-judío” presidente Zelenski; Ucrania en estos momentos tiene un ejército más fuerte y armado que nunca, posiblemente el más potente en Europa; en Ucrania sigue gobernando el mismo gobierno que el de antes de la guerra. Rusia sólo ha conseguido conquistar un 13% del territorio ucraniano, que con otro 7% que ya tenían ocupado (menos Crimea) antes de la guerra, suman en total un 20%. Y tuvo que pagar por ello un enorme precio en bajas humanas (cientos miles de muertos y heridos y miles de tanques, piezas de artillería y otras máquinas de guerra), lo que no corresponde al tan pequeño “botín” territorial y sin ningún logro político, como ya he comentado antes.

Más aún, tengo fundadas esperanzas de que la situación final de Ucrania, una vez firmado el acuerdo de paz, gracias a los esfuerzos y la habilidad del presidente Trump, será mucho más favorable que en el momento actual, cuando la guerra todavía no ha terminado.

La pregunta del millón a los dirigentes rusos es: ¿valía la pena empezar la guerra con un resultado tan pésimo? Sin hablar del aislamiento casi total de Rusia del mundo civilizado, provocado por la condena de todos los países occidentales a esta brutal agresión rusa en el centro de Europa, prestando el apoyo a la agredida Ucrania. Algún día Putin y sus acólitos tendrán que responder ante el mundo entero y ante el propio pueblo ruso, que también ha sufrido y todavía está sufriendo grandes pérdidas en vidas humanas, para satisfacer las ambiciones imperiales del actual dueño del Kremlin.

Aparte de los resultados de estos tres años que está durando la guerra ruso-ucraniano, lo que estamos comentando en este artículo, sería conveniente hablar de las conclusiones que deberíamos sacar de ella. Seguro que aparecerán valoraciones de todo tipo de expertos políticos y militares al respecto. No voy a entrar en ello por motivos de espacio. Sólo voy a sacar una conclusión y la haré en forma de una pregunta, refiriéndome más que nada al lado moral de lo que ha sucedido en estos tres largos años de la guerra.

¿Qué ha pasado con nuestro mundo “libre”, con sus valores de democracia, justicia, respeto a los derechos humanos, defensa de los agredidos, cuando no sólo hemos permitido que en el centro de Europa - la ciudadela de nuestra civilización occidental - un país europeo, como Ucrania, fuera agredido por un agresor enormemente superior y despiadado, sino que no fuimos capaces a lo largo de tres años de ayudarle, con todos nuestros inmensos recursos de una de las potencias más grandes del planeta, a vencer conjuntamente a un agresor tan brutal y despiadado?

Ni hemos intentado parar esta tan larga guerra y para ello tuvo que aparecer otra vez el “tío Sam”, está vez llamado Donald Trump, para resolver una vez más - como ya lo hicieron en otras ocasiones- nuestros problemas meramente “europeos”. Y, además, está siendo criticado y descalificado duramente por la mayoría de nuestros medios por intentar poner fin a esta guerra, que tanta sangre, dolor y lágrimas está produciendo al sufrido pueblo ucraniano, cuya única culpa está en que quiere ser un pueblo soberano, europeo, compartiendo los valores de la Europa libre, democrática y plural?

El gran escritor ruso, León Tolstoi, en su famosa obra “Guerra y Paz”, ya hace un siglo y medio, estaba planteando que los humanos deberíamos poner los valores morales por encima de todo, cuando se trata de una guerra: la vida contra la muerte, la paz ante la guerra, el amor frente al odio. Ha pasado mucho tiempo desde que Tolstoi escribió su genial novela, pero sus planteamientos morales siguen en pie hasta hoy. No los olvidemos.

La guerra no es una gentileza, sino es la cosa más mala en la vida y hay que comprenderlo y no jugar a la guerra” - León Tolstoi “Guerra y Paz”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
2 comentarios