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TRIBUNA

Piropos

Juan José Vijuesca
miércoles 05 de marzo de 2025, 20:14h

Huyamos de la vulgaridad y la grosería que en nada enaltecen el buen fin del donaire cuando se cruzan los caminos entre la teoría de la relatividad y la fugacidad del encantamiento. La cuestión es ser agradecidos por la suerte sensorial que la vida y su contemplación nos regala el destino. No olvidemos que el arte es la persecución de la belleza en cualquiera de sus interpretaciones.

En otras ocasiones he escrito sobre este particular, pero es deber de un observador el reiterar porque hay muchas maneras de entender lo que es bello. Me pongo a ello.

¡Ay, doña Yolanda!, vicepresidenta de España, sepa usted que el piropo tiene su origen etimológico en la lengua griega y cuyo significado está vinculado a un mineral que se considera piedra preciosa. Ya me dirá su señoría si con todo lo que ha costado este legado es ahora desempeño dejarlo perder, por culpa, eso sí, de algunos o algunas que utilizan vocablos fuera de horma y norma.

Mas no repare su señoría en palabras huecas que no son más que sustancias de necios y orates de una mala hora, habiendo tantos que no dejan de ser una hora en toda su vida. Mas no por ello se debe despreciar el buen trato dado por la Antigua Grecia al devenir de lo que hoy conocemos como ciencia moderna. De manera que el piropo bien atildado tiene su origen, como bien puede tenerlo El Ágora de Atenas, o el propio yogur griego, que tanto favor hace a nuestro intestino grueso.

Sepa usted que hasta debajo de la mugre puede haber el relumbre de un cuerpo celeste. ¿Acaso vos tenéis el poder sobre lo bello? Acomplejáis, señora, a la hermosura de la historia. El piropo no es solo un floreo, ni siquiera un soplo de viento; es la justicia de la mirada la que se encarga de ello. Los ojos pocas veces traicionan al alma, y si lo hacen, pagarán por osada ignorancia. La belleza es un don que se guarda de fealdades mundanas. ¿Acaso vos tenéis gobierno de privanzas? ¿Sois acaso regidora de hermosuras que el arte nos regala?

¡Oh, Dios, cuánta falta de sapiencia! Sin mediar grosería, el requiebro o galantería es remedio y fantasía. Y dicho por capacitados maestros, incluso neutros en ideología, convienen en honrar al piropo de buen verbo, eso sí, siempre excluyendo toscas palabrerías. ¿Qué hay de malo en ese juego? De lo cortés y lo atrevido, se han escrito hermosos cuentos, nobles músicas; incluso pinceles han dado muestra de ello. La belleza nos aproxima al suspiro, cosa que no deshonra a su autor, porque lo hermoso es indulgente, incluso con lo feo.

Dulce y tolerante ha de ser tanto la mirada como quien, sin mirar, se sabe observada. Recatado el contexto, el resto es cosa cumplida, sin necesidad de andar con cien ojos, que lo bueno y corto lo agradece el empeño. A partir de ahí, tonterías las justas, pues el encantamiento no tiene más dueño que el propio sueño. Ni burlas ni lascivia deben confundir acelgas con endivias, pues a veces un requiebro es más un señuelo que un anhelo, dado que la belleza la interpreta solo su dueño. Vengo a decirlo de buena componenda, que a la memoria me viene letra de Mecano: “…no me mires, no me mires, que hoy no me he peinado a la moda y hoy tengo una imagen demasiado normal para que te pueda gustar…”.

La necedad debe ser castigada, cierto, más no así el verbo caballero, bien lo sea desde andamios o desde el mismísimo ingenio. La elegancia no es adulterio, ni tampoco deseo; la mirada es fruto de entender lo bello. A veces ante los ojos lo tenemos; otras son ocultos misterios. Por poner simples ejemplos, digo yo por qué ha de negarse el requiebro ante ‘El nacimiento de Venus’, de Botticelli, excelsa obra de arte que como tal merece su floreo. Que el David, de Miguel Ángel, no es menos y lo único que no está permitido en la Galería de la Academia, de Florencia, es la utilización del flash, pero le aseguro que los piropos no enmudecen, se encumbran en la sala de exposición en idéntica proporción al tamaño de todo cuanto acontece en dicha escultura, principalmente de cintura hacia abajo. Y no hay rubor alguno por parte de David. Se lo aseguro.

La burramia legislativa nos ha mutado la concordia entre géneros cuyas relaciones siempre han de ser respetuosas y de entendimiento. Ni el cuerdo feminismo alaba el idiotismo, ni el hombre de buen juicio permite que la necedad o el desatino de algunos sea costumbre majadera. Entre medias, como dijere, leyes que causan gravamen a la sociedad, maltratan a la justicia, devanando a los cuerdos y dejando sueltos a culpables en detrimento de los honestos. Y ante eso, doña Yolanda, usted no pone peros, pero se queja de que alguien la encuentre guapa. No me sea tiquismiquis, dicho con el debido respeto, pero la belleza se atesora y no desdora a cuantos la poseen y la exponen con toda honra y mérito.

Hay días que es mejor no hablar del Gobierno.

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