A la chita callando, los dirigentes nacionalistas del País Vasco también buscan redoblar sus cuotas independentistas. También buscan vender a precio de oro los escaños que invistieron y mantienen a Pedro Sánchez en La Moncloa. Ya han conseguido el traspaso de las competencias de Instituciones Penitenciarias para excarcelar a mansalva a los etarras más asesinos. En las aulas, al igual que en Cataluña, el castellano está vetado. Y ahora acaban de conseguir el traspaso de las competencias de los permisos de trabajo para extranjeros. Pronto, el requisito principal para lograrlo será hablar euskera. Aunque todavía quedan pendientes de transferir otras 25 materias, que según ellos, están recogidas en el Estatuto de Gernica. Y, sin duda, al igual que en Cataluña, el control de fronteras pasará a manos de los nacionalistas.
Así, como siempre sólo por mantenerse en el poder, Sánchez va despojando al Estado de competencias que le son exclusivas. Y así va despedazando la unidad de España sin el menor pudor. Pero mientras Puigdemont vocifera sus éxitos a los cuatro vientos, los nacionalistas vascos callan pero avanzan hacia su objetivo que es el mismo: la independencia total. Sólo es igual el procedimiento: la venta de unos escaños a cambio de apoyar las iniciativas parlamentarias del Gobierno por delirantes que sean. El PNV, por ejemplo, a pesar de ser un partido conservador está dispuesto a votar a favor de unos presupuestos confiscatorios con tintes comunistas a cambio de gobernar en el País Vasco a su antojo; esto es, fuera de la ley, al margen de la Constitución.
Pero en ambos casos, en Cataluña y el País Vasco, es en la educación donde el incumplimiento de la legalidad es más perverso y eficaz para los propósitos independentistas de los dirigentes políticos. Desde la infancia, los alumnos estudian una geografía y una Historia manipuladas, en la que España es el mayor enemigo de su cultura e idiosincrasia. De ahí, que las nuevas generaciones crean que la independencia es el único camino para mantener sus derechos y su identidad. Y esa deriva independentista resultará imposible de revertir; incluso cuando Pedro Sánchez haya abandonado el poder. Nunca un presidente del Gobierno ha hecho tanto daño a España. Y puede ser peor. Porque, al menos, aún le quedan dos años en La Moncloa.