En ¿Guerra o Paz? China, Estados Unidos y Europa, José María Beneyto nos ofrece una obra de obligada consulta para quienes se dedican al estudio de las relaciones internacionales. El autor aborda el objeto de estudio desde el rigor científico, un aspecto fundamental que le evita caer en el terreno de los tópicos y lugares comunes. El hilo conductor del libro es claro: en la actualidad, China cuestiona el orden internacional liberal creado por occidente al término de la Segunda Guerra Mundial, cuyos valores (derechos humanos, libertades fundamentales, pluralismo político…) han perdido el atractivo de antaño, en particular entre las naciones del heterogéneo sur global.
En íntima relación con este argumento, desde la perspectiva de Pekín se entiende que Estados Unidos como potencia hegemónica se halla en decadencia, en particular tras sus últimos fracasos en política exterior simbolizados en las intervenciones militares que lideró en Irak y Afganistán: “Los dirigentes chinos y Xi, en particular, están convencidos de que nos hallamos en el umbral de un cambio de época, un acontecimiento similar a lo que supuso en la historia la caída del Imperio romano, el fin de Constantinopla, o la derrota de Napoleón en Waterloo” (p. 21).
Como subraya el autor, este deseo de hegemonía mostrado por China no hay que demonizarlo, pero exige ponerlo en relación con otro hecho nada menor: Estados Unidos no ha desaparecido y su fortaleza militar y tecnológica se mantiene intacta. Al respecto, el profesor Beneyto da un consejo de mucho interés al inquilino de la Casa Blanca, ya sea republicano o demócrata: “Como la Unión Soviética, China es un competidor de tamaño continental con un régimen autoritario y grandes ambiciones. El desafío que supone es global y duradero, y responder a este reto requerirá de las autoridades norteamericanas una capacidad de movilización similar a la que se buscó frente a Moscú en las décadas de 1950 y 1960 (…) a diferencia de la Unión Soviética, China está profundamente integrada en la economía mundial y en las instituciones globales” (pág. 37).
Una vez expuesto este planteamiento, conviene centrarnos en las razones que avalan las pretensiones de China. Esto supone que previamente se enumeren aquellos factores que han posibilitado su ascenso, tomando como unidad temporal de análisis el periodo que va desde el liderazgo de Deng Xiaoping (1978) hasta el actual de Xi Jinping. En este sentido, sobresale un interés por el crecimiento económico (como base de la legitimidad del Partido Comunista), el rechazo de la planificación estatal y el olvido de la autarquía. Junto a ello, el autor destaca la importancia del relato construido por la dirigencia china, vertebrado aquel a partir de una narrativa que “silencia las guerras y conquistas de la expansión imperial, para reinventar un Imperio chino como benevolente centro planetario” (p.94).
En todo este proceso existe un nombre propio como es el de Xi Jinping quien ha convertido su presidencia en vitalicia y se ha constituido en comandante en jefe del ejército, incrementando el presupuesto militar. El actual jerarca chino rechaza que su país esté abocado a ser el número dos mundial y considera, por el contrario, que las potencias emergentes suponen la base del crecimiento económico, de tal manera que “el centro del poder global se ha movido del Oeste al no-Oeste” (p.74), lo que en última instancia genera como resultado un “futuro postdemocrático”. Como se observa, se produce un cambio claro con relación a Deng Xiaping, quien buscó en todo momento evitar cualquier enfrentamiento con Estados Unidos.
En este avance de China hacia la hegemonía global ha creado una serie de alianzas con otras naciones caracterizadas por su rechazo de un orden liberal internacional, sobresaliendo Irán y Rusia. De especial interés resulta la solidez de la relación con Moscú, certificada en los últimos tiempos por la postura adoptada hacia la guerra de Ucrania. En efecto, aunque Pekín habló de “neutralidad benévola”, la realidad fue otra bien distinta ya que “no cedió en su apoyo hacia Moscú, comprando el petróleo ruso a precios de descuento, vendiéndole tecnología de doble uso e influyendo para que las sanciones occidentales no resultaran eficaces” (p. 233), sin olvidar que asumió la retórica de Putin cuando calificó la agresión como “operación militar especial”.
En definitiva, una obra que combina de forma coherente varias disciplinas del saber (historia, economía, geopolítica), para brindarnos un análisis exhaustivo de la China actual, lo que facilita trazar hipótesis de cara al comportamiento que pueda tener en el corto y medio plazo.