Con una política sin o en contra de Estados Unidos, Europa no ganará nada”, ha declarado José...
“Con una política sin o en contra de Estados Unidos, Europa no ganará nada”, ha declarado José María Aznar a José A. Pérez en el diario ABC. Tiene razón el expresidente del Gobierno. Toda la razón. Se podrá estar a favor o en contra de Donald Trump y sus ráfagas de energúmeno. Pero si se ponen los pies sobre la realidad, el sentido común y la experiencia política exigen entenderse con Estados Unidos, todavía la primera potencia del mundo, militar, económica y tecnológica. España no lo está haciendo. Pedro Sánchez no pasa de moverse en una política internacional de periódico mural preuniversitario y, como afirma Aznar, “en el escenario exterior, España está donde no debería estar y su papel es ninguno”.
Desde el punto de vista de la gestión pública, el expresidente demuestra disponer cada vez que aparece en los medios de comunicación de una excelente información. Con grave acento de verdad, afirma en ABC: “La última cesión a Junts es mucho más grave que el golpe de Estado de octubre”. Son muchos los observadores serios que consideran una atrocidad la cesión de parcelas de la soberanía nacional a los independentistas catalanes. El caso es que Pedro Sánchez necesita sus votos y como sabe la reacción hostil que esa política, con grave ofensa a la dignidad de España, provoca en la opinión pública, cuando puede, intenta buscar coartadas. Los independentistas le exigen la condonación de su deuda y Sánchez, para enmascarar la humillante genuflexión, anuncia quita de esa deuda para todas las Autonomías. Quita que es solo trasvase. Quita que beneficiará sobre todo a la Generalidad catalana.
“El Gobierno de Sánchez -denuncia Aznar- está en un proceso acelerado para destruir el Estado y descomponer la nación española”. Y añade: “En ninguna cabeza cabe que un Estado ceda las competencias del control de sus fronteras y de la inmigración sin que deje de ser un Estado”.
Bien, en fin, por José María Aznar. Expresa con claridad lo que a Alberto Núñez Feijóo, atento siempre a sus agradaores, le cuesta afirmar. Pero no vivimos tiempos de veladuras ni de simplezas porque se están cebando los cimientos del enfrentamiento civil ante el descalabro de la unidad de España.