Ahora que toca rearmarse y preocuparse mucho por la seguridad, ante la amenaza de una posible guerra y desde la Unión Europea nos recomiendan que nos hagamos una despensa con agua potable, latas de conserva, medicinas y todo lo necesario para sobrevivir un par de días, es buen momento para reflexionar sobre los desastres de la guerra. Y en ese equipo de emergencia, además de un transistor y pilas, bien estaría apilar también unos cuantos libros. Cierto es que, es como decía Susan Sontag en su ensayo Ante el dolor de los demás, ya nos estamos acostumbrando a ver las imágenes de dramas humanitarios en los medios de comunicación con cierto distanciamiento.
Las noticias estos años sobre la guerra en Ucrania se han tornado amenazantes desde el giro emprendido por la administración de Donald Trump. Esta guerra, en concreto, nos inquieta por su ubicación en las puertas de Europa. Demasiado cerca. No es la primera guerra a las puertas de Europa y todavía está muy cerca en el tiempo la guerra en los Balcanes. La novela Me limitaba a amarte, de la escritora italiana Rosella Postorino (1978) es un retorno a esa guerra que masacró poblaciones enteras de la antigua Yugoslavia.
Siempre que pienso en la guerra de los Balcanes, me vienen a la cabeza las fotografías de Gervasio Sánchez, un reportero de raza y con grandes valores humanos que ha denunciado como nadie los desastres de la guerra. Es difícil contener las lágrimas ante esa famosa fotografía que hizo a la Biblioteca de Sarajevo, toda ella en ruinas y atravesada por un rayo de sol en el que es difícil aguardar cualquier esperanza. También son inolvidables sus imágenes de las calles de Sarajevo, con las víctimas civiles sobreviviendo al sitio de la ciudad. Esta gente, especialmente los niños de la guerra son los protagonistas de Me limitaba a amarte. Rosella Postorino, quien consigue un relato lleno de verdad.
La narrativa tiene la capacidad de recrear episodios de la Historia con una profundidad que alcanza el corazón del lector. Postorino nos relata cómo afecta un conflicto bélico a la población civil. Para ello toma como referencia la vida de tres niños que tienen que salir de Sarajevo en 1992. Salen en autobús hacia Italia, donde fueron acogidos, unos en centros para menores y otros con familias. Comienza a desarrollarse una sensación de desarraigo y búsqueda de su identidad, así como un deseo sincero de regresar a su país. La novela se divide en cuatro partes. En mi opinión, la más brillante es la primera, que trascurre entre 1992 y 1993, cuando los protagonistas pierden la inocencia y comienzan su periplo. Las otras, siguen la evolución de los niños en 1995-1996, luego en 1999-2000 y, finalmente, de 2010-2011. En este margen de tiempo pasan a ser adolescentes y luego adultos. Las vidas de los personajes se entrelazan sutilmente con los datos generales del conflicto, la actitud de la OTAN y la situación de los refugiados.
Postorino construye los relatos sin sermones, simplemente dejando hablar a los personajes. La fluidez de los diálogos es el punto fuerte de la prosa de Rosella Postorino. La novela no lleva ninguna nota a pie, de modo que quien carezca de conocimientos del serbocroata va a tener que levantarse alguna vez para buscar en Internet qué significa bosanski lonac, ćevapi, chetniks o balinkura. Como valoración final, sin duda alguna, Me limitaba a amarte de Rosella Postorino es una novela sólida, bien planteada y escrita. Un testimonio actual de literatura comprometida, con mensaje duro y crudo, como la guerra y sus consecuencias.