El atractivo que para mí, a priori, pudiera tener la lectura de una novela histórica como parecía ser La costurera de Chanel se ha visto acrecentado por otros muchos motivos. Es peliagudo cómo hacer ficción de un personaje real, y difícil dar con el punto adecuado en que no parezca una biografía ni se nos presente un invento de personaje que confunda.
La costurera de Chanel es una novela de la escritora cubana Wendy Guerra que nos la presenta, aunque sean palabras con las que cierra el libro, como «una novela de ficción inspirada en personajes e historias reales». Excelente descripción de lo que nos encontramos. Una gran historia que tiene como trasfondo el devenir histórico de Gabrielle –Coco– Chanel sin faltar a la verdad y que además nos propone entender cómo se puede vivir una vida con sus contradicciones; y para ello, nada mejor que personalizarlo en un personaje público que transita la primera mitad del siglo XX en Francia, con los cambios sociales y los políticos, con las dos guerras y la moda como eje para entender la increíble evolución.
La moda trasciende el concepto de banalidad que podríamos presuponer; con todo el interés que despierta y lo bien que se entreteje esa urdimbre, no es el tema principal. Aunque en realidad tampoco tengo claro cuál es ese, si es que hay uno. Se nos narra la historia de tres mujeres que nos permiten acompañarlas en su recorrido vital: «Comprender de dónde venimos puede parecer poco importante, pero es lo único que nos ayuda a saber adónde vamos», nos dirá Simone Leblanc, la narradora, esa “costurera de Chanel”; en realidad, una rica empresaria de Arcachon, en la zona costera del suroeste de Francia donde Chanel eligió Biarritz para su tienda.
Cercana pero distante, así transcurre la novela en que Simone Leblanc elige de entre los negocios familiares dedicarse al diseño y la confección de moda –«de eso se trata la alta costura, de que los diseñadores y las modistas trabajen juntos»– siguiendo la tradición de su madre Valentine y su abuela Manon. Tradición y modernidad que se combinan con la evolución de la mujer y el pecado que, se pregunta Simone, tenemos que haber cometido las mujeres: «castigo a quien se atreviera a cambiar las cosas».
La segunda de las mujeres es Gabrielle Chanel, claro. Con sus miserias y sus grandezas, un personaje muy bien retratado. Pero es que la tercera, Teresa Lenormand de Mez, es un guiño a muchas cosas. Es cubana, como el personaje de El reino de este mundo en que Alejo Carpentier homenajeó a Moreu de Saint-Mery, el abogado francés de finales del siglo XVIII que desde el exilio en Santo Domingo escribió la descripción de la isla centrándose en el esclavismo. El personaje de Teresa es la que permite analizar la soledad y el abandono. A la manera metafórica de Carpentier, Wendy Guerra encuentra en Teresa un alter ego de la niña Chanel que creció en el orfanato, algo que siempre negó, mientras Teresa nos lo muestra con sus consecuencias.
Por todo ello digo que me resulta difícil definir el tema central. Porque hace un recorrido por la situación de la mujer en el proceso de cambio que supuso la primera mitad del siglo XX, pero sobre todo es una novela escrita de una manera sorprendente. Es divertida e interesante y muy atrevida en la construcción, con una perspectiva insólita y plagada de momentos inesperados, que convierte su lectura en una delicia.
Porque todavía nos queda referirnos a la conexión cubana. Una de las obras de esta laureada escritora es Posar desnuda en La Habana, en la que se mete en la piel de Anaïs Nin para hacer crecer el primero de sus diarios, entrelazando la escritura original de Nin con la aportada por Guerra.
Una estructura muy original que funciona muy bien, y que es muy diferente a la que leemos ahora; cada novela de Wendy Guerra es un experimento creativo. Aunque en sus personajes subsistan cosas de unos en otros: Teresa tiene mucho de Coco Chanel, pero también de Anaïs Nin, y la inclusión de Cuba como su lugar de origen y de refugio para Simone, que a su vez también da a luz allí a su hija Wina, las enlaza a todas y es un canto de amor a La Habana: del padre que desatiende, del origen, pero también del recorrido personal, «es ese ir por la vida que va dejando huella lo que nos define» como frase dicha por Chanel, esta novela nos reserva una sorpresa final que no sé si debo desvelar: la aparición de esa cuarta mujer, Wina, la hija de Simone que consta como hija de Teresa, que desde un presente muy cercano nos sitúa en La Habana, donde todo comienza y donde se cierra el ciclo de la vida de estas mujeres, que esto es lo que muestra la novela.