Dedicar nada menos que 14.100 millones de euros de los contribuyentes españoles para afrontar las consecuencias de la guerra política y comercial emprendida por Donald Trump ha sido la única medida que ha tomado Pedro Sánchez. Pero, según ha desvelado Junts, el 25 por ciento de esa inversión irá a Cataluña, en una suerte de cupo especial, en un remedo de la financiación singular que en secreto había pactado el Gobierno con Puigdemont en su busca desesperada de comprar por enésima vez los 7 escaños del partido que preside el prófugo de Waterloo. Como decíamos en nuestro último editorial, más que afrontar la conmoción provocada por la patada de Trump al tablero geopolítico, el presidente español sigue obsesionado con amarrar ahora el poder y prepararse ante las próximas elecciones generales para no salir escabechado de las urnas.
De nuevo, incluso en los momentos más convulsos, Pedro Sánchez compra con el dinero de todos los contribuyentes su permanencia en el poder. Y a costa del resto de las Comunidades Autónomas que tendrán que repartirse el 75 por ciento restante. Y también como suele, ha dejado al PP fuera de juego con su amago de negociar las medidas para paliar los efectos de la guerra comercial. Pues resulta evidente, como decíamos, que Sánchez no quiere ni oír hablar de pactos de Estado con el PP. Prefiere seguir adelante con los acuerdos con Puigdemont y Junqueras para la independencia de Cataluña o con Otegui para echar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional del País Vasco y Navarra, mientras excarcelan etarras.
Desde Vietnam, Pedro Sánchez ha defendido “el libre comercio para lograr prosperidad”. Pero sólo busca prosperar él mismo al frente del Gobierno. Es incapaz de tomar una sola decisión que ayude a afrontar la crisis política provocada por Trump sin pensar en sus propios intereses. Pero ha llegado demasiado lejos. Pues resulta una injusticia y una desfachatez dedicar el 25 por ciento del total de la inversión sólo en las empresas catalanas más afectadas por la guerra arancelaria y a costa de las del resto de España. El precio de los 7 escaños de Puigdemont ha terminado siendo un lastre para la economía española y para la propia democracia.