La democracia pluralista plena instala en el poder al vencedor de las elecciones...
La democracia pluralista plena instala en el poder al vencedor de las elecciones que disponga de mayoría parlamentaria. El presidente vencido pasa a la oposición y desde ella ejerce las funciones propias que el sistema parlamentario señala. Sacar del poder a la oposición es un mal trago que se absorbe pensando en ganar las siguientes elecciones.
El problema está cuando nada garantiza el trasvase con normalidad desde el palacio de la Moncloa a la bancada opositora en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez se teme que él y su entorno, si pierden las elecciones, se sentarán en el banquillo de los acusados, serán juzgados y tal vez condenados y podrían terminar en la cárcel. Por eso el líder socialista está ya en plena campaña adueñándose de una parte sustancial de los organismos que influyen en el sistema electoral. Pedro Sánchez se ha asegurado el control de Indra, el CIS, el CNI, Correos, RTVE y Telefónica. Trabaja ahora con especial denuedo para adueñarse del grupo Prisa, que además de un periódico, ya menor, dispone de la poderosa SER y puede poner en marcha un canal de televisión cien por cien afin.
Según algunos expertos, el sanchismo trabaja también en el censo electoral, que podría aumentar con varios centenares de miles de migrantes, a los que otorgaría la nacionalidad española y el derecho al voto.
Frente a un indolente Núñez Feijóo, Pedro Sánchez despliega una gran actividad nacional e internacional y no da por perdidas las próximas elecciones generales. Las convocará cuando más le convengan a él y a los suyos, protegidos ya por los principales organismos con incidencia directa o indirecta sobre el proceso electoral.
Ah, y que no prepare Pedro Sánchez una sorpresa mayúscula que modificaría la esencia de la Transición, del régimen del 78.