www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

"Nosotros" y la representación democrática

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 18 de abril de 2025, 20:06h
Actualizado el: 18 de abril de 2025, 20:18h

La lingüística histórica comparativa indoeuropea nos enseña que el Pronombre Personal de 1ª Persona del Plural jamás existió en eso que llamamos “Indoeuropeo”, una lengua o romance común de la Historia oculta, y nace ya fuera de esa “lengua” indoeuropea como tal, en las lenguas indoeuropeas ya históricas. Respecto al Pronombre de 3ª Persona, que está “generalizado”, no es, naturalmente, pronombre personal, sino un anafórico. Y dado que la institución del Número, en Verbo y Nombre/Pronombre, es algo sin duda bastante reciente en la prehistoria de las lenguas, contamos, en principio, con un sistema de Pronombres Personales, configurado por dos únicas formas: *eg(h)om, egô (yo) y *tû, tu (tú), usándose *tû como nominativo, y *tu como vocativo, esto es, como una forma adloquial – el “yo” adloquial exigiría una patología mental por parte del hablante -. Con la llegada del Número tenemos para el Pronombre de 2ª Persona del Plural las formas *wes/*wos ( en grado pleno/grado apofónico ), una construcción simplificada de *twes, el plural normal de *tu, los “túes” como vosotros. Esto también queda confirmado con la desinencia verbal de Segunda Persona del Plural en -tes, simplificación medial de *twes ( gr. este, lat. estis, sct. stha, hetita en -ten, eslavo eclesiástico en -te, lituano en -te, etc. ). Finalmente, el sistema de los Pronombres Personales se completa y cierra con el plural de *eg(h)om. Este pronombre, el último, y el más complejo – políticamente - en su interpretación semántica, una verdadera aporía lógica, se formaría como una repetición del singular oblicuo me/men, a partir de la forma *mes- mes, con debilitamiento en *ms en la parte no acentuada, y de *ns a nos. La forma *mes se prueba también por el hecho de que constituye asimismo en los Verbos la desinencia personal de Primera Persona del Plural ( lat. sumus, gr. esmén, sct. smás, etc. ). Respecto a *wei, que pasa a las lenguas germánicas, se trata de una forma sustitutiva, no algo originario. En resumen, podríamos decir que el indoeuropeo sólo conocía dos Pronombres Personales, “yo” y “tú”, en cuanto que se decía “vosotros” con “túes” y “nosotros” con “yoes”.

Pasemos ahora al valor semántico del “nosotros”, el pronombre que más nos interesa por sus implicaciones políticas y lógicas. Salvo el *mes- mes todos los pronombres personales ( también los que vienen de demostrativos para las terceras personas ) son índices de realidad. “Yo” existe, “tú” también, y “él”, y “ellos” y “vosotros”, bien en el sentido de “tú y él”, o de “túes”. Pero “nosotros” apunta a una pura abstracción. ¿”Nosotros” somos “yo y los otros”? ¿Muchos yoes? ¿Plusierus “moi”? ¿O un coro de yoes en donde un “yo” investido de una magia desconocida se hace representante de todos los demás yoes del coro, generalmente de número impreciso? En apariencia, nosotros y yo no podemos estar separados. Sin embargo, cuando se dice “nosotros” es para referirse al mismo tiempo a mí contigo o con vosotros o con algunos otros, que desde luego no son yo; o si no, no serías tú ni serían otros. Por otro lado, si “nosotros” no es más que una suma de “yoes”, entonces esto chocaría con una regla matemática que nos imponía en la escuela sor Sagrario – ahora, con la “Democracia”, no sé -, a saber, que cosas heterogéneas no pueden sumarse; de modo que ni yo contigo, ni yo con él, ni yo con otros. Por lo demás, “nosotros” no lo decimos nunca nosotros, sino que lo digo solamente yo. Y, sin embargo, en la pretensión del político “demócrata” listillo y seductor de que nosotros seamos de veras Primera Persona está excluido que quien diga “nosotros” sea yo, sino que, contra todas las apariencias, seremos siempre nosotros quien lo digamos. ¿No sería el nosotros como un plural indefinido de un yo también indefinido? La Retórica conoce, por otra parte, un tipo de plural que llama mayestático, de autor o de modestia: es el caso en que el orador dice “nosotros” para no decir el ególatra y antipático “yo”, pero curiosamente tan elocuente orador jamás lo puede decir al revés, pues que no podrá decir “yo” cuando somos “nosotros”. Además, en el “nosotros” la separación entre “tú” y “yo” se anula. El “nosotros” más inclusivo y, por tanto, democrático, es el que está latente en tesituras emprácticas, por seguir la jerigonza del gran Bühler en su Teoría del Lenguaje, y que suelen tener un sentido yusivo, como cuando el capitán, con sable en mano, grita “¡A la carga!”. Efectivamente, los contextos bélicos y militares son los que tienen más compromiso real con el “nosotros” inclusivo y verdadero y, por tanto, democrático.

Pero es ese “nosotros” difuso e indefinido el que mejor expresa la auténtica realidad de la gran Democracia Clásica - ante cuyo resplandor palidecen las fantasmales democracias modernas - en la que las Asambleas ( Ekklêsíai ), tres en cada pritanía, o período de 36 días, no eran jamás exactamente iguales, sino que solían variar tanto de número de miembros como también la identidad de los participantes – unos ciudadanos iban a unas y no a otras, dependiendo del humor, el interés de los puntos de la convocatoria y los quehaceres particulares, etc., - y eso hacía que, a la larga, la representación del Pueblo Ateniense, el Dêmos, fuese perfecta; pues que sólo lo indefinido, indeterminado y difuso, puede representar casi con exactitud, valga la contradicción, a ese algo misterioso que “nosotros” llamamos pueblo. Y, quizás, la antropología lingüística descubra un día que existe una predisposición natural a la Democracia de todos los pueblos indoeuropeos debido al constructo gramatical del “nosotros”, que la Democracia es un hecho natural en la mente indoeuropea.

Junto a los pronombres personales hay también un reflexivo que sobrevive en el latín sê/suî/sibî, gr. he/hoû/hoî, etc. No tiene nominativo. De este viene el reflexivo posesivo, que subsiste en latín suus y griego hewos, hos ( de *sewos, *swos ), y tenía la peculiaridad de que podía referirse a todas las personas, al modo como, por ejemplo, en el ruso de hoy se dice, en vez de: “yo voy a mi casa, tú vas a tu casa, etc., “yo voy a su casa, tú vas a su casa”, etc. Esta peculiaridad se explica por el ordenamiento social de la gran familia: en relación con cualesquiera bienes exteriores de pertenencia ( en oposición a mi mano, mis ojos, etc.), no había naturalmente propiedad personal, y todo pertenecía a la gran familia. Pues bien, ésta era la significada por *swe-/*swo-, de *su- “linaje”, y la forma adjetivada *swo- significa “perteneciente al linaje=propio”. ¿Existirá también por ello una predisposición natural de los rusos al artel, a la obschina y al socialismo?

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (19)    No(0)

+
1 comentarios