El Espíritu Santo eligió el mejor día para que el Papa viajase a la Casa del Padre y encontrarse con el Hijo resucitado. FRANCISCO se ha ido trabajando en su modesta habitación de la Casa de Santa Marta, en cuya capilla oficiaba todas las mañanas la Eucaristía. Allí tuve ocasión de asistir a una de sus celebraciones y oír una de sus homilías que me dejó impresionado: “Yo no quiero buenos católicos, quiero buenos cristianos”.
Este Papa, que ha sido denostado por todos aquellos que no ven nada más que en la Cruz, un símbolo, y no un lugar de sacrificio, ha sido el hombre que ha sabido estar al lado de los desfavorecidos, de los descartados, de aquellos que necesitan amor y esperanza, y ese amor y esperanza se han hecho protagonistas en todo su Pontificado.
FRANCISCO, el “argentino” como ha sido calificado con desprecio por algunos de esos que se llaman “hombres de Iglesia”, ha sabido hacer oídos sordos a las críticas que le llegaban incluso de algunos sectores de ”nuestra católica España”. De ahí, que no viajase a nuestro país, no por razones políticas, como muchos han querido ver, “sino-como me dijo personalmente en una audiencia privada hace año y medio- hasta que no haya paz en su país”. Y esa paz, a la que se refería el Santo Padre, era la paz que no había entre ciertos sectores de la Iglesia española. Una lucha alimentada por ciertos medios informativos y por sectores ultracatólicos, que han presumido siempre de estar cercanos a la Santa Sede y la realidad es que están cada vez más alejados y animados por golpes de yunque.
Lo que está claro es que ya no habrá marcha atrás y que en los Consistorios que convocó FRANCISCO, ya se preocupó de que los Cardenales nominados fueran hombres con las virtudes teologales muy firmes y dispuestos a seguir con el legado papal. Y yo, supongo, que así será y que el futuro Pontífice, con la ayuda de Espíritu Santo, sabrá que la Iglesia del futuro tiene que seguir siendo la de Lampedusa y no la de las grandes catedrales.
Por lo pronto, ya los cardenales , todos los electores y los que no pueden entra en el Cónclave, por ser mayores de 80 años, han comenzado a recibir la carta que les convoca en Roma para asistir a las Congregaciones, es decir a esas reuniones preparatorias, donde se van definiendo los perfiles del futuro Papa. Reuniones muy útiles que sirvieron por ejemplo, para que Jorge Bergoglio, el futuro FRANCISCO, fuera el escogido por sus compañeros del colegio cardenalicio.
Ahora, lo que estoy seguro, es que FRANCISCO, que nos ha pedido en el último mes y medio “que rezásemos por él”, estará desde el cielo “rezando por nosotros”. Por todos.
Gracias, Santo Padre.
Rafael Ortega
