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TRIBUNA

A mí nunca nadie me podrá comprar

martes 22 de abril de 2025, 18:50h

En mi juventud, cuando ya era subjefe en el Banco Español del Uruguay, ascenso que se me otorgó a los cuatro años de antigüedad cuando lo habitual era esperar ese reconocimiento a los diez o doce años como funcionario bancario, fui citado a la gerencia general, donde me esperaba un poderoso empresario español (APL) y allí llegué con mis 25 años, para enfrentarme a una situación por demás inesperada.

Era evidente que el empresario que no me conocía lo suficiente, porque “intentó literalmente “comprarme”, y no pudo comprender mi postura negativa ante su oferta de aumentarme el sueldo, ofrecerme vehículo y recibir de mí esta inmediata respuesta: “señor no todos tenemos un precio; yo trabajo, pero para mí y no lo haré nunca con esa característica que usted me pone por delante al decirme: “pero con una condición la de trabajar exclusivamente para mí”.

Traté de demostrarle “que no lo haría, ni para usted ni para nadie, por la sencilla razón de que yo no me vendo ni espero oferta de un mejor postor, dado que nunca he sido, no soy ni seré un mero producto en venta” y le agregué: “solo trabajo para mí, como ha sido siempre en mi cotidiano vivir”

Claro quedaba entre nosotros que no me conocía, quien estaba habituado a imponer su voluntad, o a comprarlo todo, porque le era común encontrarse con mediocres, (así lo puede comprobar años después) que, canjeaban su dignidad por un sueldo mejor, un ascenso, o ponerse en camino de una jubilación mejor…

Para comprender mejor este relato, es preciso relatar la razón esencial, el por qué llegué a ser funcionario bancario.

Ocurrió porque La Causalidad utilizó a mi padre, sabiendo que yo en toda circunstancia iba a respetar la voluntad de ese ser, único e inolvidable para mí.

Me explicaré: mi padre era cliente del Banco Español del Uruguay, y cierto día necesitó retirar dinero de su cuenta corriente en la sucursal “Curva de Maroñas” de Montevideo cercana a nuestro domicilio.

Al volver, se encontró que le habían entregado una cantidad mucho mayor a la que él había solicitado; no lo dudó un instante, y me lo comentó, para volver juntos al Banco sabiendo que el cajero iba a tener un faltante de caja, desajuste que comprobaría en el cierre del día.

Yo lo acompañé, declaró lo sucedido y devolvió la cantidad que le habían entregado demás, y el gerente nos llamó a su despacho, además de agradecerle a mi padre, le dijo: algo que para mí fue una inesperada sorpresa: “El Banco tiene la necesidad de cubrir vacantes como auxiliares administrativos, y a la brevedad hará una convocatoria al respecto: “aprovéchenla”, hablen entre ustedes al respecto, y si se ponen de acuerdo el hijo puede presentarse”.

Al volver a casa hablamos sobre el tema. Yo estaba trabajando en la administración de Fémina S.A. una industria del dulce, ganando un sueldo significativo para esa época de $ uruguayos de 1.200 y el nominal de ingreso al Banco era de $ uruguayos de 355, una diferencia que entonces, era de singular significación.

Pero mi padre tenía otra idea, que era: “puede convenirte, la carrera bancaria con el tiempo, puede ser para ti una solución mejor para tu vida”

Y como para mí, la voluntad de mi padre era sagrada, nada más que por ello, acordamos de inmediato que yo debía ir a una academia a realizar un curso rápido de preparación necesaria para poder presentarme al Banco, con dactilografía en la que logré un alto grado de escritura al tacto que conservé toda mi vida.

Simplificando, me presenté a la oposición, y entre los 400 aspirantes que nos presentamos, salvamos solamente tres: Julio Argañarás, Vicente Machín y yo.

A mí me adjudicaron en el sector “archivos” en el economato del Banco, en el que mi naturaleza siempre ávida de hurgar para capacitarme más, me permitió descubrir en los legajos de la documentación de cada día, los registros contables, los ajustes mensuales, los criterios integrales del Plan de Cuentas, tuve a como tarea también procesar los devengamientos mensuales de los Cargos Diferidos, y escarbando más a fondo, llegué a introducirme en los procedimientos del Cierre del Balance Anual que se producía al 30 de junio de cada año, como también ponerme al día con las disposiciones del Banco de la República en su Departamento de Emisión como como en ese entonces tenía Contralor del Sistema Financiero.

Eso me permitió que al salir del sector “archivos”, me designaran “ayudante del contador general del Banco a cargo de (JEC), de quien aprendí mucho más, porque era muy capaz justo es reconocerlo, aunque yo no coincidiera en su forma de ser, a medida que le iba descubriendo sus posturas, su frialdad en el trato con los demás funcionarios, aspectos que me iban distanciando de él, pero nunca le negué mi lealtad puesta a su servicio, como siempre ha sido mi conducta en el orden funcional, respetando a la superioridad, sin dejar a un lado mis convicciones irrenunciables…

Yo no sabía entonces que esa conducta mía, me iba a deparar situaciones inesperadas, como por ejemplo tiempo después que me ascendieran de piso, pero manteniéndome el sueldo de subjefe, cuando me convocaron para hacerme cargo de la secretaría del Directorio, en la planta superior.

Y allí pude comprobar, conductas que no compartía y que no silencié nunca, por parte de superiores jerárquicos, por la indiferencia con la que trataban los problemas de los deudores, sin la más mínima humanidad, como bien mandados que algunos eran, y aprovechando sus jerarquías, para desviar recursos a empresas donde participaban, y hacer del Sistema Financiero, lo que yo venía sospechando, un sistema perverso, como perversas son las cuotas, para favorecer a los más ricos, y dejando a los a pobres cada vez más con más pobreza en injusta situación…

Así no puede funcionar bien, la economía real de quienes son más, los del llano, con quienes más me identifico, y de donde yo provengo, dicho esto sin generalizar, porque sería injusto, ante la presencia de algunos jerarcas que llegaron a ser por su nobleza y su rectitud, verdaderos ejemplos, hasta si se quiere un error del Sistema Financiero, como fue el de un inolvidable gerente General: don Leandro Giménez Negro, con quien tuve el honor de ser amigo en recíproca conquista, como también con el gerente de Administración don Luis Alberto Torterolo Ferraro, junto a otras excepciones que dignifican a los pocos ejemplares con los cuales no tuve desencuentros de especie alguna…, por eso los nombro con sus nombres y apellidos, y no con sus iniciales solamente…, que no los menciono a todos ante la injusticia de algún lamentable olvido por el tiempo que ha pasado, con quienes elaboramos una amistad que no puedo dejar de mencionar…

Como también lo fue Juan Carlos Marín, que, junto a mí y otros colaboradores, fuimos convocados para llevar adelante, las tareas de un cierre de Balance General, un 30 de junio, cuando el contador del Banco (JEC) enfermo, estuvo ausente.

Esa fue una situación inesperada que, a mi juicio me llevó a la secretaría de la planta superior donde pude constatar, situaciones que ya he comentado totalmente ajenas a mis valores y convicciones…; cuando ya corría el rumor de un posible ascenso a jefe, que nunca se concretó, en mi opinión, por aquella reunión mantenida en la Gerencia General ya relatada que culminó con comentarios del empresario que yo no mantuve, pero intuí nada buenos para mi futuro funcional en ese Banco…

Yo ya me había casado con mi novia de siempre, y el amor de Dios nos obsequió un hijo el 27 de noviembre de 1968, y yo mantenía una puerta abierta en el Estudio Contable desde el 10/1/l966 como Asesor externo de empresas, para la solución de nuestra vida económica.

Lo reafirmo rotundamente, poniendo por delante los testimonios de mi propia vida, y a los seres queridos que han acompañado mi caminar por los senderos de la vida, que por cierto bien lo saben. “yo respondo con todo mi ser a mi propia conciencia, y no he de renunciar jamás a ese para mí sublime intento de trabajar “exclusivamente”, pero para mí”.

Por más que me he esmerado, luchando sin cesar sin permitirme desfallecer ante las adversidades del vivir, rindiéndole culto al sacrificio por elevarme y por ello cometer la osadía (¿?) de fortalecer mis alas para levantar vuelo con mi pasión por escribir, no he alcanzado altura suficiente como para siquiera aproximarme a un horizonte (para mí inalcanzable), que otros cultores lograron al sobresalir con singulares méritos en ese estrellato cultural y literario, que va mucho más allá de mi poquedad creativa…

Esta opinión no es un mero decir, ni producto de falsa modestia, por el contrario lo siento de verdad y vivo con esa certeza arraigada a mi alma…

Pero no desmayaré en el intento, puesto que estoy seguro, lo mejor de mí lo podré plasmar en el mañana de mis días, y eso que nunca me ha faltado la presencia de La Providencia que no escatima esfuerzos para iluminar mi inspiración, “dictándome” lo más valioso de mis registros escritos, en cuanto yo no soy capaz de concebir…

Mi natural poquedad, hoy me lleva a este nuevo aporte en el que, se agita con ardor y pasión, mi humilde sencillez al expresarme en mi cotidiano vivir, siempre Causalidad mediante en mis humildes intentos…

Yo no soy propenso a referirme al tema de la muerte, mejor dicho, jamás lo he sido, porque me aferro a la vida y a la realidad que observo permanentemente por la latitud que me proponga analizar en el mapa del mundo, pero una vez sentí la necesidad, sin saber el real motivo para hacerlo.

Pero no me equivoqué cuando hace unos años al referirme a ella, sin conocer hasta el día de hoy la verdadera razón de proponer ya en ese lejano ayer, un texto para colocarlo encima de mi lápida después de mi último suspiro, y expuse: “Aquí yacen los restos de un permanente intento”.

Seguramente no fui yo, sino la infaltable ayuda de La Providencia quien me lo sugirió, para que yo nunca cayera en la vana gloria de sobrevalorarme en ninguna circunstancia de mi caminar, en el que no me permito derivas sin sentido…

En ese gran lago de la grandeza creativa, en el que me sumerjo para contactarme con los que saben más, los que vuelan más alto que yo, quienes nos inundan con los profundos mensajes de su saber, aprendo aplicado de ellos su diversidad conceptual al no renunciar nunca a mi vocación lectora, que legitima en mucho mis aportes escritos, y cómo negarlo, reafirmando resplandores a mi cotidiano vivir…

Los conceptos vertidos por la más que lamentable muerte de Julián Marías, por parte de escritores, filósofos, analistas y otras eminencias del saber, me llevan a multiplicarme y a no olvidar nunca que he sido, soy y seré, un permanente aprendiz que hago gala de mi sencilla humildad en las aulas de la Universidad de la Vida, esas que están a cielo abierto, a la intemperie, las que siempre he puesto en valor superior, por entender que es donde más se aprende el magisterio inigualable que nos ilumina por dentro…

Esos también son sin duda, otros de los axiomas de mi alma, que se agregan a los apoyos de mi caminar tantas veces comentados en mis registros, para tranquilidad de mi conciencia aplicada sin desfallecer, al servicio de mis seres queridos, y de mis semejantes, a quienes les ofrezco por entero mi ser, incluso postergándome y olvidándome de mí…

Al gran lago del saber, no le ocurrirá nada si yo le extraigo unas gotas para regar mi ser incansablemente para que crezca y se eleve por encima de la mediocridad reinante en este presente tan carente de valores que opacan la existencia de tanta gente desplazada de sus legítimos derechos naturales, subestimada y amordazada…

No puedo omitir que en el caminar hacia la salvación del ser y de la especie, no pueden estar ausente el pleno cumplimiento de nuestras obligaciones, que también adquieren legitimidad si ellas no se apartan del Amor de Dios, al fin el supremo imán del buen vivir…

Pero si a ese Amor lo enaltecemos con las clarinadas del despertar cultural de conciencias alertas que nos pongan en guardia frente a los peligros envolventes, y las trampas que nos tienden con artera alevosía y astucia, reforzaremos conductas y actitudes que paso a paso nos aproximen al destino de nuestros sueños…

Las perlas del rocío mañanero, serán también gotas de esperanza en cada amanecer; arco iris que nace con las imprescindibles gotas de lluvia para conformar esa maravilla, como es la vida misma más allá de su fugacidad…, al favorecer mi incesante peregrinar para afrontar desafíos nuevos, venciendo las pruebas que se me presenten, en forma de empinados repechos y hasta con vientos en contra, que no podrán detenerme en mi determinación por avanzar…

Siempre avanzar sin desfallecer, como lección aprendida de aquellos que, desde el gran lago del saber en total simbiosis con La Providencia, iluminan mi ser hasta en las rendijas más escondidas de mi alma…

No puedo, no quiero caminar en otro rumbo, para serenar mis naturales ansiedades que jamás me permitirán derivas sin sentido…

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