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Los vuelos a Guantánamo

lunes 01 de diciembre de 2008, 23:47h
Empieza a ser costumbre la manía que tienen algunos de revolver en el pasado para emponzoñar el presente. Y no, esta vez no se trata de las fosas de la Guerra Civil, sino de otro “icono del mal” para la izquierda española, José María Aznar. El anterior Presidente del Gobierno ha tenido que escuchar todo tipo de “lindezas” desde que decidió retirarse de la vida política activa, de propios y ajenos. Desde mentideros progresistas se ha aireado todo tipo de infundios sobre su vida privada, y en lo que respecta a su gestión política, más de lo mismo. Ahora vuelve a salir a colación el presunto conocimiento que tuvo Aznar sobre las escalas que vuelos de la CIA hacían en España antes de arribar a Guantánamo.

Pero resulta que, según datos ofrecidos por la Comunidad de Madrid, de los 11 vuelos en cuestión, sólo 2 se produjeron bajo el gobierno de Aznar. Lo otros 9 restantes realizaron escalas en suelo español ya con Zapatero en el poder. Lo cual deja al líder socialista en una incómoda papeleta, pues, de ser cierto, cabría inferir dos hipótesis: o bien Zapatero también lo sabía, o bien no se entera de lo que sobrevuela su país. Es un hecho que, de haber sabido entonces lo que hoy se sabe sobre Guantánamo, el rechazo habría sido generalizado. Contrariamente a determinadas posiciones más viscerales que ponderadas, no todo en la administración Bush ha sido sombrío. Sin embargo, Guantánamo constituye, sin duda, una de las páginas más negras de la pasada administración republicana. El Tribunal Supremo norteamericano se ha manifestado claramente contra procedimientos y prácticas opacas y aberrantes. Y el propio Barak Obama, con gran sentido común y de la justicia, ha manifestado no ser partidario de seguir con la actual situación de la base cubana.

Lo que hoy conocemos debe servirnos en todos los países occidentales y gobiernos para estar vigilantes y extremar la prudencia, más que como pretexto para cargar las culpas a terceros que entendían -y entienden- que la relación con los EE.UU. es, para los países de nuestra lengua, un tema vital, de interés y de seguridad propias. Que estos temas y denuncias salgan a la luz es higiénico y está en la base de nuestro sistema de libertades. Dicho esto, debemos asumir que la política internacional no es, ni ha sido nunca, un lugar de santidad. Esta llena de situaciones ambiguas y rincones oscuros en las relaciones con cualquier gobierno, sin excluir al de los EE.UU. -que, además de ser un aliado fundamental, comparte un sistema de valores comunes que ha contribuido a crear decisivamente. Y si esa prudencia hemos de guardarla con nuestros socios y aliados europeos y americanos, no digamos nada las precauciones que siempre hemos debido tener con gobiernos como los de Chaves o Evo Morales, ante los que, con mucho menos motivo, no se han mantenido las reservas adecuadas.
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