Hete aquí al nuevo sucesor de Pedro, el 267, venido finalmente de Estados Unidos con doble nacionalidad, la peruana, afirman. Es políglota, hispanohablante.
¿Fue un cónclave corto? Bueno, no lo suficiente como se había pronosticado por algunos, mientras otros advirtieron que se prolongaría. Y por más que nos aseguraban que la primera jornada pasaría de noche y sin resultados. Los que entraron papas, salieron cardenales, cual reza la consigna.
No quiero jugar a especulaciones de si Trump metió mano. Por lo pronto, recuperó la vestimenta al salir a la Logia de San Pedro. El agustino ya veremos que maneras mostrará, este, el segundo papa americano.
Hemos visto el cónclave más cosmopolita hasta ahora, y eso recuerda la universalidad de la Iglesia católica; y dirán que incumple el mandato del límite de 120 cardenales fijado por la ordenanza eclesiástica, empero es el resultado de una política bien defendida por el papa Francisco: elevar a cardenales a prelados de sitios que no habían contado nunca con un cardenal.
Y ello, además, aunado a primar también a los de afuera de Europa. Y no solo porque el Papa fuera argentino –en realidad, mitad italiano, no se olvide– sino que, en efecto, hizo valer la universalidad de la Iglesia, no detentando su poder para unos cuántos y los de siempre. No sería ni cristiano ni conveniente.
Esa es una de las grandes lecciones de Francisco en la conformación del Sacro Colegio Cardenalicio de 2025. Por eso no había representantes de Venecia, Milán París y hasta de La Habana. Cuando fueron apartados del cargo -el escandaloso caso del parisino– o fallecieron –el sentido ejemplo del cardenal habanero– no los repuso. Nombró a otros en latitudes que nunca habían conocido a uno. Bien hecho.
Ahora llega León XIV con la cauda de retos que ha de enfrentar. En las congregaciones se ha repetido lo necesitado: que sea pastor, conciliador, impulsor de reformas, cercano a la gente, que considere y sea consciente de los desafíos de la Iglesia –¿pederastia inocultable, sacerdocio femenino, los apartados de la comunión o la repetida quiebra económica del Vaticano– requiere de autoridad, de unidad. Que difunda una autoridad de pastor que apacienta a sus ovejas, pero no que las duerma o
las maree.
Qué margen tiene, con quiénes cuenta, qué plan de trabajo encausará… sí son una incógnita. Sabe que debe trabajar desde ¡ya! Y los pendientes y los opositores siguen allí, donde los dejaron los últimos 3 antecesores inmediatos. La elección del nombre tiene su aquel. Es de las grandes incógnitas y se ha despejado resultando evocadora la figura de León XIII como referente, quizá. Y deseando la paz, sus primeras palabras.
Todo es especulación. ¿Continuará la obra de Francisco? ¿mantendrá el diálogo interreligioso que dinamitó Benedicto XVI? ¿buscará reformas que permitan mayor participación de la mujer, llegue o no a sacerdotisa? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la Iglesia está en una encrucijada. Que los tradicionalistas exigen acabar con la herencia del Concilio Vaticano II. Que los progresistas saben que no pueden traspasar los límites impuestos por el dogma y que sea quien sea el nuevo sumo pontífice romano, habrá de ser cercano sobre todo a los jóvenes. Que siempre son el futuro de la Iglesia. Jóvenes que no necesariamente quieren en mayoría, un cúmulo de dogmas, sino cercanía espiritual. Allí radica el quid del asunto y es un reto innegable. Y la estadounidense, la iglesia más denunciada en abusos sexuales. ¿La encubrirá?
El papado no vuelve a manos de los italianos, que se sabe en ciertos sectores clamaban por recuperarlo. Esperemos que no lo monopolicen otros 450 años si ocurriera alguna vez. Hay historia, por eso lo decimos. Hagamos votos para que León XIV se ciña a que las llaves de San Pedro, la una para definir, la otra para conocer, queden en buenas manos. A estas alturas del partido, es lo mínimo que puede desearse del vicario de Cristo.
No dejo de apuntar que en el siglo cibernético y de la IA en que vivimos, atraer nuestra mirada una discreta chimenea a la espera de humo blanco o negro, no deja de ser llamativo. No todo es virtualidad.
Rinconete: Las exequias del papa Francisco nos dejan la interrogante doble acerca de si la gente con móvil en mano acudió ante el cadáver yacente de Su Santidad al pie del baldaquino de Bernini, por devoción o simple morbo, advirtiendo las multitudes dejándose ir hacia la basílica petrina para testimoniar los despojos del Santo Padre, sin que se informe si aprovecharon para atravesar la Puerta Santa vaticana en el Año Jubilar. Antes de fallecer el Papa, la cifra de peregrinos era modesta y no se observó que cambiase mientras destacada el ingente número de fieles o curiosos coincidentes apretujándose para colocarse delante del ilustre finado para la foto y filme asegurados. Y eso que se gana más cruzando la Puerta Santa que viendo el cadáver pontificio, pero el beneficio es menos tangible obteniendo el jubileo de verificarse el ritual prescrito para tal.