Parece ser que la actual partidocracia que fundamenta el régimen político alemán considera probado que la Alternativa para Alemania (AfD), pilotada por Alice Weidel, mujer tan tradicional que está casada con otra señora, trabaja para revertir el orden constitucional. El Artículo 21 sobre partidos políticos de La Ley Básica de Alemania ( Grundgesetz, que no Verfassung ), de 23 de mayo de 1949, dice expresamente: “(1) Los partidos políticos participan en la formación de la voluntad política del pueblo. Pueden constituirse libremente. Su organización interna debe ajustarse a los principios democráticos. Deben rendir cuentas públicamente de las fuentes y el uso de sus fondos y de su patrimonio. (2) Son inconstitucionales los partidos que, por razón de sus fines o del comportamiento de sus adherentes, pretendan menoscabar o abolir el orden básico democrático libre o poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania. El Tribunal Constitucional Federal decide sobre la cuestión de inconstitucionalidad. (3) Los detalles se regulan en los estatutos federales.” Ahora bien, la Alternativa por Alemania se ajusta en su organización interna y en la selección de sus líderes a los principios democráticos, y sus cuentas son más claras que las de la familia von der Leyen. Sus estatutos defienden el orden democrático, y es injusto llamarles racistas por el hecho de advertir que la inmigración debe ser controlada, y que los inmigrantes deberían estar obligados a cumplir las leyes como cualquier otro ciudadano alemán. Es así que la Oficina para la protección de la Constitución (BfV), en un país – repitamos – que no tiene una Verfassung, sino una Grundgesetz, ha calificado a la AfD como un partido extremista, incompatible con los principios vigentes, y afirma que tal partido “atenta contra el orden básico democrático libre”. El informe calepínico de la BfV permitirá que la inteligencia del Estado espíe permanentemente a la AfD de una manera legal, como sospechoso sedicente. Es la vieja arma de los estados totalitarios de la prevención: Si se permite que el gobierno realice funciones especulativas o preventivas, es decir, que actúe basándose en sospechas, intenciones o posibilidades, antes de que los hechos sucedan, acabará prohibiéndolo todo para evitarse problemas. El Tribunal Constitucional Federal debería tener unas funciones exclusivamente “positivas”, id est, actuando después de que los hechos se hayan producido, para castigar los tangibles delitos cometidos de la AfD o reparar los males causados. Evidentemente, esto supone una protección menor, pero la libertad comporta siempre ciertos riesgos, que es preferible asumir antes que verse privado de ella. Cuando a Harry S. Truman le pedían que recortara más las libertades para que algunos grupos sociales pudieran vivir sin ningún riesgo, les invitaba a que se marchasen a la cárcel, un lugar “casi” sin los riesgos que hay en el exterior. Pero no nos confundamos, se quiere liquidar a Alternativa por Alemania (AfD) no por sus comentarios sobre los inmigrantes, que no le importan nada al Gobierno alemán, sino porque la AfD, la segunda fuerza política más votada por los alemanes, considera que Alemania no debe apoyar a la OTAN en su loca guerra contra Rusia a favor de Ucrania, cuyo líder, Zelenski, sí tiene que ver con claras actitudes racistas y etnicistas ante rusos y húngaros. Es la afinidad ideológica de la AfD con el nacionalismo de Putin lo que no soporta el entramado woke europeo adoctrinado por Soros. Diríase que Europa se vuelve a reencontrar con la vieja sofistería tiránica de decapitar la libertad en nombre de la libertad.
Estoy de acuerdo con mi “sobrino” – es broma -, el Secretario de Estado del gobierno americano, cuando responde con hostilidad al informe de esa Oficina para la Protección de la Constitución: “Eso no es democracia. Es tiranía disfrazada”. El Vicepresidente, J. D. Vance, agrega, más simbólicamente, que este ataque a la libertad política de los alemanes reconstruye el Muro de Berlín, un muro en donde la libertad queda fuera como enemiga, más allá del pomerio del régimen actual. Por lo demás, la ilegalización de la existencia misma de la AfD no termina con la testaruda realidad: la inicua guerra contra Rusia de la oligarquía europea woke, y el quebrantamiento y desintegración de los usos sociales europeos por parte de gentes que vienen de fuera y no cumplen con los mínimos principios éticos de la civilización europea. Nuestros jueces europeístas darán siempre a sus fallos contra lo no-woke todos los caracteres propios de las decisiones previamente tomadas. El desenfreno moral que supone esta servidumbre de los jueces ha sido tomado por progreso de la razón humanitaria por parte de los sabios periodistas de los grandes medios de Europa y, naturalmente, de España. Europa y España analizan el grave asunto de la invasión migratoria no desde la razón política, que hubiese impedido el extremismo racista en el supuesto de que lo haya, que no lo creo, sino desde el sentimentalismo woke, y sabido es que la tendencia sentimental infunde hoy incluso a un asno apariencia de hombre fino.
Llama la atención que en toda la Prensa “de bien” de esta semana, en medio de un estilo terriblemente altisonante y con frases retumbantes a granel, que derrochan un humanitarismo innecesario convenidamente liberal, se saque el espantajo del kakoêthês Hitler, y sus biografías ( faulografías ) más famosas, mezclándolo con la noticia de que la ya famosa BfV, la “checa” liberal, ha calificado a la AfD de extremista y racista, de faularquía nazi en potencia. Pero todo esto nos parece muy sospechoso; se arma un tinglado mastodóntico que no cuadra. La guapa alemana Alice Weidel no es Hitler para nada, por mucho que se esfuercen aquellos periodistas que en su pecho llevan un pedazo de burocracia. Hoy el padre de la Unión Cristiano Demócrata, Konrad Adenauer, se asustaría de lo que están perpetrando los que dicen que son sus sucesores. Sólo hay que recordar la alocución que el cardenal Frings pronunció en la catedral de Colonia en su entierro.
En 1962 la BfV produjo una crisis política provocada por el “caso Spiegel” ( arresto arbitrario de periodistas sospechosos de alta traición con informes falsos, también calepínicos ). Vuelve a ocurrir.