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EL PAPA QUE CONDENÓ COMUNISMO, NAZISMO Y FASCISMO

sábado 17 de mayo de 2025, 17:58h
En la encíclica Divini Redemptoris (1937), el Papa Pío XI (1922-1939) condenó el comunismo siendo Stalin dictador de Rusia...

Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, publicó este artículo en el diario La Razón. Fue reproducido por Google y copiosamente comentado en redes sociales. Lo publicamos a continuación para conocimiento de los lectores de El Imparcial.

En la encíclica Divini Redemptoris (1937), el Papa Pío XI (1922-1939) condenó el comunismo siendo Stalin dictador de Rusia; en la Mit brennender Sorge (1937), condenó el nazismo, estando Hitler en la apoteosis de su poder; en Non abbiamo bisogno (1931), condenó el fascismo, con Mussolini ejerciendo su dictadura totalitaria a pocos metros del Vaticano. Ahora es muy fácil enfrentarse con el nazismo y el fascismo, con Hitler y Mussolini derrotados. Y también con el comunismo, apestado en Europa, caído el muro de Berlín y escarnecido el tirano en la propia Rusia. Pero que un Estado minúsculo y un débil sacerdote, sin Ejército, sin barcos de guerra, sin tanques, sin aviones ni bombarderos alzara su voz frente a los tres poderosos dictadores, frente a tres autócratas a los que bastaba un gesto de la mano para despedazarlo, es una de las posiciones más admirables del siglo XX. Considero a Pío XI como al Papa más importante del siglo XX, el Sumo Pontífice que dio ejemplo al mundo entero de que, conforme al evangelio, es la verdad la que nos hace libres.

En estos días que el tsunami pontificio lo inunda todo, entre la esperanza y la incertidumbre, se me vienen los recuerdos infantiles de Pío XII. También la memoria de Juan XXIII, santo, al que tuve ocasión de saludar en una audiencia vaticana; de Pablo VI, al que a punto de ser arrollado por las gentes en Tierra Santa al bajar al río Jordán, le rodeamos un grupo de compañeros profesionales del periodismo y le custodiamos hasta que llegó al río y hundió sus manos en las aguas liminares del bautismo; a Juan Pablo II, también santo, con el que estuve en cuatro ocasiones y en una de ellas hablamos largamente de San Juan de la Cruz y recitamos sus versos. A Benedicto XVI no lo conocí siendo Papa, pero sí en El Escorial cuando era el cardenal Ratzinger, y me asombró su estatura intelectual.

Pero con todo me siento obligado a destacar el valor religioso y personal de Pío XI, el Papa que se enfrentó al comunismo, al nazismo y al fascismo en la apoteosis de las tres dictaduras y mantuvo a la Iglesia Católica en el camino, la verdad y la vida.