www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LETRAS, CEROS Y UNOS

El arte de decir basta

sábado 17 de mayo de 2025, 20:07h

Lo leí por primera vez en un aeropuerto. En mitad de ese no-lugar lleno de maletas con prisa, cafés a cinco euros y pantallas que anuncian retrasos y vuelos a Lanzarote. Lo había comprado después de mucho buscar algún libro actual sobre filosofía que no fuera la típica historia filosófica ni un tratado denso. Era La sociedad del cansancio. Antes de que el avión despegara ya lo había terminado, y, aun así, meses después, sigue resonando en mi cabeza. Porque lo que decía ese libro no era relleno filosófico: era lo que me pasaba por dentro y yo aún no sabía nombrar.

Acaban de concederle el Premio Princesa de Asturias de Humanidades. Y me alegra. Porque por fin alguien ha premiado a quien ha tenido la osadía de hablarnos al oído mientras el mundo nos grita tweets. Han, sin hacer mucho ruido, escribe como quien enciende una vela en mitad de una casa a oscuras. Te hace ver lo que ya sospechabas, pero no querías mirar.

Dice que ya no nos explotan otros: ahora nos explotamos a nosotros mismos. Que hemos confundido libertad con autoexigencia. Que el “yo puedo con todo” se ha vuelto un nuevo látigo. ¿Y quién no se ha sentido así últimamente? ¿Quién no se ha sentado frente al ordenador un domingo por la tarde con la cabeza llena de tareas, mensajes por responder, ideas por producir, metas que nadie pidió pero que nos autoimponemos? La tiranía ya no lleva corbata ni uniforme. Ahora vive dentro.

Lo pienso muchas veces en la escuela. Los niños y niñas están cansados. Los profes están cansados. Y se sienten menospreciados por quienes piensan que son meros “cuidadores”. Y no es un cansancio físico: es de otro tipo. Un cansancio que viene del ruido, de la velocidad, del “hay que” constante. Evaluar todo, medir todo, mejorar todo. Pero… ¿y parar? ¿Y aburrirse? ¿Y no hacer nada? ¿Y hacerlo todo diferente, porque hoy toca? Eso parece ya revolucionario.

Byung-Chul Han habla de muchas cosas que nos importan sin que nos demos cuenta. También del amor. Dice que lo hemos convertido en producto. Que ya no amamos: consumimos. ¿Cuántos “enamoramientos” han comenzado con un match y terminado con un ghost? ¿Dónde quedó el misterio, el cuidado, la espera? Incluso las relaciones humanas se han vuelto algo que se optimiza. Conozco relaciones que se han basado solo en mensajes de WhatsApp y likes. Relaciones que han dejado huella sin casi haberse mirado a los ojos, sin haberse tocado. Somos nuestra proyección digital, y cada día un poco más.

Le dan ahora un premio a Han. Bien. Pero a mí lo que me importa es que nos siga haciendo preguntas. Que alguien nos diga: “estáis muy conectados, pero muy solos”. Que alguien tenga la decencia de escribir despacio esos libritos minúsculos, de sesenta o setenta páginas, para un mundo que corre sin saber a dónde. Y que nos recuerde, sin paternalismos, que vivir no es producir. Que rendirse también puede ser una forma de resistencia.

Ojalá este premio sirva para que más gente lo lea. Para que alguien apague el móvil y abra uno de sus libros, y así se sienta menos raro, menos roto, menos solo.

Porque —es mi opinión— lo que hace Byung-Chul Han no es filosofía. Es acompañarnos en ese lugar donde todos, tarde o temprano, llegamos: el lugar del cansancio. Y allí, en vez de decirnos “haz más”, nos susurra algo que nadie se atreve a decir:

“Di basta. No estás solo.”

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios