El ridículo que España hizo en el festival de Eurovisión no se debió a causas políticas ni a trampas...
El ridículo que España hizo en el festival de Eurovisión no se debió a causas políticas ni a trampas en la votación. Se debió a algo muy sencillo: la canción era mediocre, la cantante estuvo sobreactuada, la escenografía cayó en la desmesura.
Pedro Sánchez, con la habilidad que le caracteriza, aprovechó la enorme popularidad del certamen para buscarle un relato político con ventaja para sus intereses partidistas y personales.
Y no. España quedó la antepenúltima, haciendo el más completo ridículo, porque la canción pareció a jurados profesionales y a espectadores, excesivamente mediocre, Melody, excesivamente sobreactuada y la parafernalia de la escenografía, excesivamente tumultuosa y prepotente.
La apuesta israelí, a pesar de la hostilidad que despiertan los abusos militares en Gaza, era una de las tres mejores. Por eso se encaramó en un puesto preferente, por eso obtuvo excelentes resultados. Mi experiencia directa en Eurovisión es que en el certamen se juzga objetivamente, que no hay trampa ni cartón y que docenas de millones de telespectadores, amén de los jurados expertos, votan de forma independiente y con altas probabilidades de acertar. También hizo el ridículo el Reino Unido; puesto 19, cuando los éxitos británicos han sido muchos y su música joven ha encabezado en numerosas ocasiones las preferencias de las nuevas generaciones.
Al pueblo llano, a los espectadores exigentes pero sencillos, no suelen gustarles las canciones pretenciosas y vulgares. Los cantantes lanzados a la sobreactuación desmedida acostumbran a provocar rechazo. Y lo mismo ocurre con la prepotencia de ciertas presentaciones y escenografías.
No hay que darle más vueltas. Pedro Sánchez se ha esforzado por sacarle partido político a una actuación mediocre que instaló a España en el ridículo. Pero en nada ha contribuido la política ni de unos ni de otros a ese ridículo. No sé si el presidente del Gobierno español habrá conseguido maquillar con el festival de Eurovisión algunas de las situaciones comprometidas que le zarandean. Pero el juicio de la cultura es implacable. Cuando España lo haga bien obtendrá buenos resultados. En este caso su participación resultó lamentable. Y tanto jurados como espectadores nos instalaron en la antepenúltima posición, en el puesto 24 entre 26. Solo tuvimos por detrás a Islandia y San Marino, naciones con una población de 400.000 y 35.000 personas respectivamente. Entre los dos últimos clasificados no llegan al medio millón de habitantes.