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TRIBUNA

El triunvirato de la legislatura Frankenstein

viernes 23 de mayo de 2025, 19:51h

Día tras día se añaden a las ya conocidas, nuevas causas de corrupción pendientes de conocer. Entre tertulias y comentarios que la entretiene, la audiencia queda a la expectativa de que, en esta florida primavera, que comenzó reuniendo indicios de brotes donde han florecido macizos de fanerógamas, arraiguen nuevos retoños cuyos embriones hace tiempo despuntaron. Esto ha llegado a ser un divertido espectáculo para el entretenimiento social, donde tertulianos se despellejan por intentar disminuir o aumentar la eclosión de esta primavera. Como el tema es inagotable y procaz, muchos creen que en él se juega el destino de la legislatura cuando, en realidad, es el alimento que la fortalece. Su porvenir no depende del deterioro de la presunción de inocencia que acompaña a Sánchez, cada vez más depauperado por la corrupción, qué duda cabe. Como algunos comentaristas han venido advirtiendo, a los que se suma este comentario, que lejos de debilitarlo, la corrupción sirve el nutriente que alimenta al que Rubalcaba denominó pacto Frankenstein. El agotamiento de Sánchez es la sangría que lo mantiene para que lo vampiricen. Rubalcaba no se equivocó al designar al pacto entre el PSOE y sus socios como gobierno Frankenstein, un tipo construido por múltiples remiendos, pero no precisó que el monstruo no se completa con esa descripción. Hace falta añadir a la ficción de Mary Shelley sobre el nuevo Prometeo, la de Bram Stoker sobre Drácula. Los socios que sostienen al Frankenstein, son agentes ajenos a un cuerpo al que desangran sin que les preocupe dejarle o no sin gota alguna.

Hay que distinguir, pues, entre la debilidad del Frankenstein sanchista ante la lenta disminución de sus expectativas para que sea revalidado en una nueva cita electoral, y la fortaleza de la legislatura para llegar o no a término. Insistir en que Sánchez Cerdán, uno de los cuatro automovilistas de la gira recuperadora de Sánchez, es un número dos del PSOE que se puede unir al anterior segundo número dos del PSOE, Ábalos, también automovilista, como si tal condición tuviera relevancia para la legislatura, desvía la atención del asunto principal: asegurar la democracia estabilizando su soporte constitucional agredido por el coligado Frankenstein que sostiene al sanchismo.

Cuando se oye lo que canta en su día a día el Partido Popular, líder de la oposición y ganador de las elecciones, parece que esta es preocupación suya. Debería serlo, porque acabar con el deterioro institucional es lo razonable, lo prioritario, lo urgente. También parece que lo es para la melodía de VOX, aunque el voxismo no acaba de disipar la sospecha de que su principal ocupación sea arrebatar respaldo al PP más que debilitar a Sánchez. A la hora de la verdad, su contrapunto melódico le sirve más de ropaje retórico que de instrumento para acabar electoralmente con el fraude amañado por el Frankenstein.

Si se conviene en que el problema de fondo no es la corrupción del gobierno, sino el daño que la política Frankenstein hace a la causa democrática desnaturalizando las instituciones, la libertad de prensa, el control de la justicia y la solapada y reiterada agresión a la Monarquía, entonces el asunto urgente, no es contribuir a debilitar moral y electoralmente al sanchismo, porque la fuerza que anima a sus socios a respaldarlo no es su vigor moral, el cual les importa un comino, sino su debilitamiento progresivo. Por eso, la corrupción y Sánchez Cerdán merecen pasar ante la oposición a segundo plano. El todavía número dos actual, podrá sustituirse por un tercer número dos pendiente de llegar, cualquiera que sea el nombre del sustituyente, y la legislatura podrá seguir su tambaleante rumbo, a menos que otros incidentes, como el rearme exigido por la OTAN, o la posibilidad de que el Gobierno se vea obligado a presentar presupuestos en el Congreso para asegurar los gastos armamentísticos, puntos vulnerables de la legislatura, fuerce una convocatoria.

Tampoco cabe esperarlo a corto plazo, pues la exigencia del cinco por ciento no va de un día ni de un año, puede prolongarse mediante artimañas y los presupuestos pueden renovarse otra vez, si no hay capacidad para forzar a que se presenten, aunque sea ilegítima esa renovación. Lo que cuenta no es el número dos del sanchismo, lo que cuenta es el número uno de la legislatura. Pero esta legislatura carece de números, uno, dos y tres. El gobierno se sostiene en un triunvirato compuesto de tres triunviros: Sánchez como cabeza visible, Puigdemont como asistente virtual imprescindible y Conde-Pumpido como triunviro invisible.El eslabón que sostiene a la legislatura no es la presunción de inocencia del sanchismo, ni la renovación del presupuesto ni el aumento del 1,2 al cinco o ciento en armamento, es el pacto de amnistía con Puigdemont en el que queda comprometido y ensuciado el Tribunal Constitucional. Este es el esqueleto que sostiene a Frankenstein y es el Drácula que le chupa la sangre. Aquí está el lazo cuya ruptura podría precipitar el desenlace del monstruo. Por lo que se va sabiendo, sigue intacto. Verificar la desacreditada auctoritas de un presidente del Constitucional comprometido en un pacto político, romper la cadena que ata la voluntad de vocales constitucionales a un proyecto degradante, llamar a la Unión Europea a que presencie in situ la descomposición de la Fiscalía, poner en marcha las condiciones para asegurar prejudiciales ante el TJUE, evitar el desgarro del Estado de Derecho, en suma, debería pasar a ser el centro de atención de una oposición que trate de hacer valer cuanto antes su compromiso con la estabilidad constitucional de la Monarquía Parlamentaria.
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