El entrenador completa su obra maestra: nunca ganó una liga con tantos problemas y secundarios. Lukaku y McTominay, líderes de la gloria partenopea.
Nápoles vuelve a reinar en Italia. El equipo partenopeo obró de nuevo lo imposible y se coronó como campeón de la Serie A tras ganar este viernes al Cagliari. Con el estadio Diego Armando Maradona colapsado (y 600.000 aficionados agolpados en los aledaños) y un solo punto de ventaja con respecto al todopoderoso Inter, los sureños no temblaron y vencieron por 2-0 para devolver a su apasionada afición la sensación de estar en la cima del país. El fútbol desempolvó en esta fecha su poder emancipador y el Vesubio volvió a teñirse de verde, blanco y rojo. Porque esta noche no hubo nada más alto en el Bel Paese. En toda una victoria social, incluso se ha levantado por encima de los aristócratas del norte.
El cuarto Scudetto en los 98 años de vida del club napolitano lleva la firma de varios guerreros, si bien uno de ellos destaca por encima del resto con mayúsculas. Se trata de Antonio Conte. El entrenador nacido en Lecce ha revivido a una entidad destruida hace sólo un año. En 2023 Luciano Spaletti y el equipazo comandado por Victor Osimhen consiguieron demostrar al pueblo partenopeo que era factible ganar el título liguero sin mediación de una divinidad (permanecieron en el 'purgatorio' durante 33 años), pero meses después se esfumaron algunos pilares y, sobre todo, el espíritu. Pasaron por el banquillo técnicos erráticos (Walter Mazzarri, Rudi García y Francesco Calzona) y el escuadrón pasó de tocar el cielo a acabar 10º. Entonces Conte aceptó la propuesta y desde entonces ha construido un bloque que ha roto todas las barreras imaginables.
La obra maestra de Antonio Conte
Junto con el destacado director deportivo Giovanni Manna y el presidente Aurelio de Laurentiis (el mejor de la historia de la entidad, por encima ya de Corrado Ferlaino) diseñaron una plantilla que suturó las salidas de Osimhen, Piotr Zielinski, Kim Min-jae y de Kvicha Kvaratskhelia (este invierno) con buenos jugadores, aunque no llegó ninguna estrella. El preparador que ya había levantado de las cenizas a la Juventus y al Chelsea pidió músculo y piezas con ganas de reivindicarse, y el palco cumplió contratando a nombres como Romelu Lukaku, Scott McTominay, Leonardo Spinazzola y David Neres. Asimismo, apuntaló el proyecto de transición con Alessandro Buongiorno, Billy Gilmour, el español Rafa Marín y Phillip Billing. Con todo, la gerencia no fijó objetivos ambiciosos porque se entendía que no contaban con los mimbres adecuados para soñar.
Con esos refuerzos -muy pocos de ellos serían titulares en Inter, Milan o Juventus, clubes que cuentan con plantillas con el doble de valor de mercado- y un vestuario plagado de dudas se remangó un Conte que no tardó en avisar del carácter medio y largoplacista. Ni el excelente arranque de campeonato, en el que sumó ocho victorias y un empate en las 10 jornadas inaugurales del calendario, le llevó a cambiar el mensaje. "No hay que engañarse, estamos en un proceso de reconstrucción", insistía en la sala de prensa, consciente de la teórica inferioridad de sus futbolistas con respecto a los de los conjuntos favoritos. Había que competir con el doble de convicción, el compromiso, solidaridad de esfuerzos e intensidad para plantarles cara.
Todo eso constituye el libreto de Conte, con presiones ardorosas combinadas con repliegues ordenados y contragolpes acelerados. Esa receta destacó desde temprano a Lukaku (renacido con 14 goles y 10 asistencias), McTominay (MVP de la Serie A, con 12 tantos, seis pases de gol y una jerarquía imperial), Neres (seis asistencias) y a los siempre fundamentales Stanislav Lobotka, Andre Zambo Anguissa, Amir Rrahmani, Alex Meret y Giovanni di Lorenzo. El mediocentro eslovaco volvió a ordenarlo todo, como en el éxtasis de hace dos años; el motor camerunés refrescó su distinción en el eje; el central kosovar cimentó la retaguardia con personalidad; el meta respondió a la exigencia para convertir su portería en la menos batida del torneo; y el capitán aportó el aplomo básico desde el carril diestro.
Con el paso de los partidos y de la tensión, pues asumieron el liderato de la clasificación en la sexta jornada y no lo soltarían hasta la 33ª, también empezaron a sobresalir piezas más que necesarias, como los afilados atacantes Matteo Politano y Giacomo Raspadori. Los centros venenosos del romano -que juega como si fuera napolitano de raza- y el oportunismo del mediapunta allanaron el camino cuando la temperatura de la pelea por el trofeo se disparó. Ambos aportaron en los duelos trascendentales, porque para completar este milagro hay que, al menos, no hincar la rodilla en los enfrentamientos directos contra los otros gallos. Y aprobaron con nota dicho examen. Este es el balance: empate a domicilio y victoria ante la Juventus, doble triunfo contra el Milan, bandera plantada en los complicados Gewiss Stadium y Artemio Franchi, tablas en las visitas a Roma y ninguna derrota frente al Inter. De hecho, el empate arrancado a los actuales finalistas de la Liga de Campeones en marzo, con gol de Billing en el minuto 87, se puede leer como el punto de inflexión definitivo.
Nápoles ha tenido que esperar al último partido para comprender lo incomprensible, que debían abandonarse al festejo una vez más, contra todo pronóstico. Sin ser los más dotados ni los más guapos. De Laurentiis, la auténtica bandera de este equipo, que defiende la identidad de la ciudad allá donde vaya, puede presumir. Su cosecha acumula dos Scudetti (con otros dos subcampeonatos, uno de 91 puntos), tres Copas de Italia y una Supercopa. Pero lo más importante es que ha salvado al equipo que es orgullo, entrañas, padecimiento y alegría de sus paisanos. En 2004 recogió una entidad plagada de deudas, tanto que usó el llamado 'Lodo Petrucci' para declarar su disolución y refundarlo. Este movimiento provocó que descendieran de la Segunda a la Tercera División. Desde ahí abajo recogió al club y lo ha devuelto a la élite más absoluta. Para él deben dirigirse gran cantidad de los vítores y aplausos.
Lukaku y McTominay hacen historia en Nápoles
Y el otro grueso de los halagos debe referirse a Conte. "Yo necesitaba un desafío como éste", ha declarado en la festiva rueda de prensa posterior al triunfo decisivo de esta noche. Se ha erigido en el mayor de los expertos en reconstrucciones de equipos, pero en esta oportunidad ha elevado el listón. Nunca antes había gestionado un nivel de jugadores de este peldaño para elevarlo hasta tan arriba. La dolorosa (y nuclear) venta de Kvaratskhelia no conllevó refuerzos de postín y las lesiones han perseguido a la plantilla con insistencia. No han sido pocos los protagonistas que se han ido cayendo, por lo que los menos habituales y de menor rango han tenido que reaccionar. En esta labor han subrayado su aportación Juan Jesús, Rafa Marín, Giovanni Simeone, Billing, Gilmour, Mathías Olivera (defensor central de circunstancias), Pasquale Mazzocchi o Ciryl Ngonge.
Esa nómina poco prestigiosa ha peleado por cada balón con un hambre única, que ha llevado el aroma del entrenador. Y gracias a esa filosofia estajanovista, que niega relevancia a las estrellas, Italia ha vuelto a postrarse ante el Pulcinella. El gol de Pedro en el minuto 90 de la jornada previa, para que el Inter no sumara tres puntos, ha santificado al delantero canario entre unos partenopeos que seguro se han emocionado al ver la inscripción de su equipo en el trofeo de campeones bajo la estatua de Maradona, en el antiguo San Paolo. Las plazas del Plebiscito, Giovanni Paolo II y Mercado, las de los 53 municipios del área metropolitana de esta urbe de la Campania, y las campanas de la basílica de Santa Chiara ya se pueden desatar. Bendito calcio.
Ficha técnica
2- Nápoles: Meret; Spinazzola (Mazzocchi, min. 85), Olivera, Rrahmani, Di Lorenzo; Gilmour, Anguissa (Billing, min. 85), McTominay, Politano (Neres, min. 61); Raspadori (Ngonge, min. 85) y Lukaku (Giovanni Simeone, min. 76).
0- Cagliari: Alen Sherri (Ciocci, min. 82); Augello (Obert, min. 75), Luperto, Yerry Mina, Zappa, Zortea (Palomino, min. 57); Makoumbou (Razvan Marin, min., 57), Adopo, Deiola; Nicolas Viola (Mitandwa, min. 57) y Piccoli.
Goles: 1-0, min. 42: McTominay; 2-0, min. 51: Lukaku.
Árbitro: Federico La Penna (Italia). Amonestó a Politano, Makoumbou y a Lukaku.
Incidencias: partido correspondiente a la 38ª jornada de la Serie A, disputado en el estadio Diego Armando Maradona (Nápoles, Italia).