Aunque cueste creerlo, incluso en las encuestas independientes, el PSOE de Pedro Sánchez aguanta, mal que bien, las embestidas de la corrupción que le acechan y los despropósitos de su gestión como presidente. La eficacia de su feroz propaganda y el ímpetu de su Ejército mediático ayudan. Pierde votos y escaños, sí, pero no tantos como debería. Mientras, el PP se alza con la victoria. Pero para poder seguir en La Moncloa, el presidente necesitaría que Yolanda Díaz y su invento de Sumar obtuvieran un resultado decente y suficiente para repetir un nuevo Gobierno Frankenstein. Pero no es así. Se desploma en todas las encuestas y pierde a chorros sus escaños. De modo, que a Sánchez no le bastaría el voto de sus siniestros socios actuales para permanecer en el poder.
Y ése es el gran drama de Sánchez. Yolanda Díaz ha perdido toda su credibilidad en la extrema izquierda por mucho que insista en proponer medidas más allá del comunismo, más allá del sentido común. Y esa izquierda, además, no ha superado su gran traición a Podemos y al líder que situó su ideología en el centro del tablero político. Las banderas feministas de Yolanda Díaz se arrugan por los fiascos de Errejón y compañía. La subida del salario mínimo beneficia a unos pocos, mientras otros pierden el puesto de trabajo, al igual que la reducción de la jornada laboral. En principio suenan bien, pero sus resultados son catastróficos por su arrogante fórmula para poner en marcha dichas medidas. Da la impresión que sólo le importa el protagonismo de sus intervenciones arrogantes y su dialéctica rebuscada y artificial. Habla y habla, pero sólo dice disparates.
Pedro Sánchez sabe que con los pocos escaños de Yolanda Díaz perdería el poder. Ahora no es el momento de romper la coalición Frankenstein. Pero no hay que descartar que antes de adelantar las elecciones se invente una maniobra para librarse del lastre de la líder de Sumar. El presidente del Gobierno no se anda con bromas si lo que está en juego es su poder. Hará todas las trampas posibles para impulsar al PSOE en las urnas. Pero la fórmula más fácil y beneficiosa para su partido pasa ahora por deshacerse del baldón de la gran traidora. Lo inaudito, con todo, es que el PSOE no se hunda en sus propias cloacas. Pues Pedro Sánchez ha destruido hasta los cimientos al partido que lideró Felipe González y que contribuyó decisivamente a la transición democrática española.