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No es Trump, sino EEUU; Roosevelt, Kissinger y Donald

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 28 de mayo de 2025, 20:10h

Estados Unidos, en términos más allá de las pasiones, está enfrentando el desafío de una reconfiguración económica --no geopolítica-- de su papel en el planeta para los próximos cincuenta años y quiso el destino que esa tarea le correspondiera nada menos que al empresario e inexperto político Donald Trump.

El tránsito estadounidense hacia la consolidación de un imperio real comenzó en 1918 con los 14 puntos del presidente Wilson, llegó hasta su auto-involucramiento vía Pearl Harbor en diciembre de 1941 para meterse de lleno en la Segunda Guerra Mundial y evitar que el saldo beneficiara solo a la Unión Soviética con su modelo comunista, sobre todo por la debilidad declinante de Inglaterra. De manera muy rápida, Washington se hizo del control del modelo económico en la posguerra aún antes del final de la conflagración con la concentración en Bretton Woods en junio de 1944 del Fondo Monetario Internacional en el Banco Mundial en la hegemonía capitalista.

La guerra fría con la instalación del Muro de Berlín en agosto de 1961 decretó la separación física de modelos económicos y sus consecuencias en el sistema productivo, comercial y sobre todo de integración capitalista. El desmoronamiento de la Unión Soviética en 1989-1991 ocurrió de modo casi automático con el derrumbe del muro alemán y la expansión capitalista de EE UU con el arranque formal de la globalización de mercados en los términos del Consenso de Washington en diciembre de 1989. Estados Unidos entró en una zona de confort ya sin adversarios, pero se olvidó de la realidad de la historia --el viejo topo del que hablaba Marx-- y los ataques terroristas a Estados Unidos el 9/11 de 2001 anclaron al imperio en las necesidades cotidianas.

Trump desgastó su primer período 2017-2021 en el disfrute del poder, aunque tenía más o menos clara la dimensión del conflicto: EE UU había perdido su posición de eje del campo capitalista porque la globalización productiva y de fábricas había dispersado el poder económico. Solo hasta perfilar su segundo período 2025-2029 ha podido Trump darle una centralidad a la esencia de su proyecto: reconstruir en modo de discurso demagógico la grandeza americana, pero a costa de abandonar la globalización y regresar a la hegemonía productiva.

Y en esas nos encontramos. La manera de regresar a la centralidad imperial implica el debilitamiento de otros bloques de poder; y en este escenario entra, por ejemplo, el abandono de Washington de sus adeudos de presencia militar y geopolítica en Europa, obligando a la comunidad a debilitar sus posiciones internas y regionales con un gasto de 5% del PIB y, sobre todo, con el involucramiento directo de los países europeos a la lógica militarista, de guerra e invasora del enfoque militar estadounidense que antes solamente estaba en la función de las tropas americanas y de las decisiones de despliegue desde Washington.

El eje de la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos se ha resumido en todas las estrategias oficiales definidas desde el presidente Nixon (1969-1974) en función del eje rector del funcionamiento económico: todo el aparato productivo de Occidente e inclusive de los países comunistas sometidos a la dinámica capitalista gira en torno al american way of life (modo de vida americano) o confort de la clase media y clase alta en EE UU. Esa estrategia se sustenta en la exacción de recursos de otras naciones para ponerlas al servicio de los intereses productivos y consumidores americanos.

La estrategia de Trump parece tener claro que los países del ámbito estadounidense no tienen incapacidad de autonomía productiva y se montan o se toman del brazo del poderío de la economía estadounidense. América Latina, por ejemplo, exploró un poco en los años sesenta el modelo comunista tropical de Fidel Castro, pero ese marxismo nunca pudo instalarse en ningún otro país porque las economías de la región son absolutamente dependientes de la producción americana. Las alternativas regionales fueron retóricas en tanto que no construyeron las tres bases de un sistema capitalista productivo: educación, tecnología y clase empresarial. Nicaragua, Cuba y Venezuela dependen del capitalismo estadounidense para sobrevivir como opción socialista tropical.

Después de la guerra fría, Estados Unidos construyó el Orden Mundial geopolítico a partir del pensamiento y acción de Henry Kissinger: neutralizar a la Unión Soviética con China y llevar a los soviéticos era una competencia perdida en gastos presupuestales.

La estrategia de Trump, si quisiera encontrarse algún marco referencial teórico serio, implica un nuevo orden comercial, económico y productivo que tiene que rehacer la fuerza de la planta industrial estadounidense que se desperdigó por el mundo vía la globalización. Hay razones para darle sentido a la argumentación de que el modelo económico de Trump es una locura, pero en el escenario de los ciclos de dominación de un imperio no siempre existen razones filosóficas.

Lo que queda por saber es el alcance práctico de la estrategia de Trump en estos cuatro años y la posibilidad de que puede influir en una continuidad republicana trumpista en la figura de los precandidatos que apenas están medio emergiendo en la vida política de la derecha: J. D. Vance y Marco Rubio, hasta ahora.

En este sentido, la urgencia de tiempo funcional de Trump es muy breve: dos años antes de iniciarse el proceso de candidatura o quizá tres si logra tomar el control republicano, pero condicionado a que sus sucesores tengan la fuerza personal política e institucional como la de Trump para mantener el proyecto por la vía del autoritarismo interno como único camino viable.

Así que ha llegado la hora de comenzar a analizar la recomposición de ideas y proyectos históricos de Estados Unidos más allá de la figura simpática y a veces divertida, aunque casi siempre repulsiva, de Trump.


indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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