www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Donald Trump y el “Día de la Victoria”

martes 10 de junio de 2025, 18:53h

El 8 de mayo pasado, después de haber transcurrido ochenta años desde la caída de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial, se celebró por primera vez en los Estados Unidos este día como una fiesta nacional – el “Día de la Victoria”. Fue una idea del actual presidente norteamericano Donald Trump. Hasta ahora, los norteamericanos celebraban el día de la capitulación de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial en el “teatro europeo” (para los Estados Unidos la Segunda Guerra Mundial no había terminado hasta la rendición del Imperio Japonés, el 14 de agosto de 1945), junto con sus aliados de la “coalición antihitleriana”. Ese día era el de la conmemoración de todos los caídos en la guerra más sangrienta y brutal del siglo XX.

Los festejos se organizaban principalmente en Francia, el lugar del desembarco, el 6 de junio de 1944, de las tropas anglo-americanas, quienes, luchando contra las tropas alemanas en el oeste, junto con el ejército soviético que avanzaba desde el este hacia Berlin, finalmente obligaron al ejército alemán a rendirse y firmar su capitulación el día 8 de mayo de 1945, justo hace 80 años.

No obstante, en la URSS y posteriormente en la Rusia postsoviética la rendición de Alemania se celebra el día 9 de mayo, ya que en su momento Stalin, disgustado porque la rendición de Alemania fuera firmada en el Estado Mayor de las tropas aliadas occidentales (en Reims - Francia), insistió para que el acto de la capitulación alemana fuera repetido, al día siguiente (9 de mayo), en el Estado Mayor de las tropas soviéticas que se encontraba en los alrededores de Berlín.

Stalin quería demostrar con este gesto que el papel de la URSS en la Victoria sobre la Alemania Nazi fue primordial, muy superior al de los aliados de la Coalición. Y nadie lo discutió, por respeto a la lucha heroica del ejército soviético contra las tropas invasoras nazis y el enorme precio – más de 27 millones de muertos entre los militares y civiles – que había pagado el pueblo soviético para conseguir, junto con los aliados, la victoria final sobre la Alemania Nazi.

Incluso en los festejos del “Día de la Victoria”, que se celebraban en la Rusia postsoviética en los años de las fechas “redondas” – 1995 (el 50 aniversario, en la época de Boris Yeltsin); 2000 (55 aniversario), 2005 (60 aniversario), 2010 (65 aniversario) en la época de Putin – venían las delegaciones extranjeras en representación de los aliados que participaron en la Segunda Guerra Mundial, entre ellas las de los EE.UU, Gran Bretaña, Francia, Polonia, cuyas unidades militares tomaban parte en los desfiles militares conmemorativos.

Todo empezó a cambiarse en las posteriores celebraciones. En 2010 (70 aniversario) hubo menos representaciones extranjeras que en las celebraciones antes mencionadas, se interpretó como una “protesta” (aunque muy tibia de momento) por la acción militar de las tropas rusas contra Georgia en 2008. En 2015 (75 aniversario) la participación extranjera disminuyó radicalmente (especialmente, por parte de los “aliados” occidentales) como un castigo por la anexión de Crimea por parte del ejército de Putin en 2014. Y en los años sucesivos la disminución de la participación de los aliados resultó ser total: a los festejos del mayo pasado del 80 aniversario no fue ni un solo representante de los aliados con que la URSS había ganado la Segunda Guerra Mundial.

El hueco producido lo rellenaron los nuevos aliados de Rusia, que ahora se encuentra en guerra con su vecina Ucrania: China, Vietnam, Venezuela, Cuba, Brasilia, Egipto, Guinea-Bissau, Congo, Palestina y otros países asiáticos, africanos y latinoamericanos que prácticamente nada tuvieron que ver con la Segunda Guerra Mundial, pero, sí, y mucho, con la actual guerra contra Ucrania.

Y quizás esta pantomima de Putin de celebrar con toda la pompa el “Día de la Victoria”, mientras su ejército estaba bombardeando y destrozando a Ucrania, haya motivado al presidente norteamericano, Donald Trump, a dejar de reconocer el papel “predominante” de Rusia (antes la URSS) en la Victoria de la coalición antihitleriana en la Segunda Guerra Mundial y destacar el papel, no menos importante y crucial, que habían jugado los EE.UU en aquella contienda mundial, no suficientemente reconocido en la historiografía occidental, bajo la enorme presión e influencia de la propaganda soviética, ayer de corte estalinista y hoy putinista, y siempre perversa. Sigue engañando a Europa y al mundo entero.

La celebración de la victoria norteamericana sobre el nazismo ha sido despreciada por más de un antitrumpista como una nueva “bravuconada” y excentricidad del presidente norteamericano: la de apropiarse de la victoria de los demás. Falso. Voy a presentar al lector los datos y los hechos reales que le permitirán juzgar por sí solo hasta qué punto Trump tiene o no razones para celebrar el 8 de mayo como el “Día de la Victoria” de los Estados Unidos en la guerra contra la Alemania Nazi.

Y si celebrándolo en el primer año de su nuevo mandato en la presidencia de los EE.UU, Trump quisiera presentarlo como una contrapartida a la propagandística pompa organizada por el Kremlin con el motivo de la Victoria sobre la Alemania hitleriana, mientras sus propias tropas están agrediendo brutal y despiadadamente – como hace más de 80 años lo hicieron las tropas nazis en el territorio de la Rusia (entonces la URSS).

O si también su intención fuera recordar a Putin que Rusia (la URSS) ha podido ganar entonces a su enemigo nazi porque se encontraba en una alianza con los países occidentales, pero que ahora, cuando está atacando a su vecina Ucrania, se ha convertido en la Alemania hitleriana de los años cuarenta y que aquellos aliados “vencedores” ya no están del lado de Rusia, sino en contra de ella y, por tanto, al Kremlin le espera una derrota en esta nueva guerra, como le ocurrió a los invasores alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

¿Comprenderá Putin este supuesto guiño de Trump?

Pero ahora vamos a ver cuál fue la aportación de los EE.UU a la victoria sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Vamos a analizarla punto por punto.

Cuando Hitler, el 22 de junio de 1941, dio órdenes a sus ejércitos de invadir la URSS, rompiendo el “Tratado de Amistad y no Agresión”, firmado dos años antes con su homólogo soviético, el caudillo Stalin, los EE.UU estaban a punto de librar una cruel guerra con Japón, que empezó, en diciembre de 1941, cuando las Fuerzas Armadas japonesas habían atacado inesperadamente y sin declarar la guerra, a la flota estadounidense en “Pearl Harbor”. Esta guerra había durado también 4 años (como la guerra germano-soviética), hasta agosto de 1945, durante la cual las tropas estadounidenses estuvieron luchando duramente contra las tropas japonesas, expulsándolas de los territorios en el área del Pacífico, conquistadas por Japón en su afán imperialista de convertirse en un país hegemónico en la zona.

Esta guerra favorecía mucho a la URSS, ya que Japón, un aliado de Hitler, finalmente no pudo atacar a la URSS desde el flanco oriental, tal como estaba previsto en los planes del “eje” (Alemania, Italia y Japón), según los cuales Alemania atacaría a la Unión Soviética desde el oeste, conquistando la parte “europea” de la URSS (hasta los Urales) y Japón invadiría a la URSS desde el este, apoderándose de la parte oriental del territorio soviético (Siberia). De esa manera, la Unión Soviética, cogida en una pinza mortal, pronto perdería la guerra y sería repartida entre ambos agresores, el nazi y el samurái.

De hecho, Japón mantenía en la frontera con la URSS (en Manchuria) un ejército de un millón de efectivos para este fin, y los soviéticos otro millón, por otro lado de la frontera, para defenderse.

Cuando se vio claramente que Japón no atacaría a la URSS por su plena dedicación a la lucha contra las tropas norteamericanas, Stalin dio órdenes de desplazar, desde la frontera con Japón, medio millón de soldados rusos al frente de Moscú, donde las tropas del Ejército Rojo estaban defendiéndose, con los últimos esfuerzos, contra el asalto “final” de las tropas hitlerianas a la capital soviética.

Gracias a este refresco de última hora, que llegó desde el lejano oeste, los defensores de Moscú pudieron parar a las tropas alemanas, bien desgastadas en su ofensiva sin parar durante cuatro meses, que les permitió llegar desde la frontera con la URSS hasta las puertas de Moscú (la avanzadilla alemana se encontraba ya a solo 25 kilómetros de la Plaza Roja moscovita). Más aun, el Ejército Rojo pudo organizar una exitosa ofensiva, alejando al ejército alemán de la capital soviética, cambiando el hasta ahora tan desfavorable curso de la guerra. Rompiendo, definitivamente, un mito terrible que funcionabas desde el mismo inicio de la guerra, a saber, el ejército de Hitler era invencible.

Ésa fue la primera aportación “indirecta” de los EE.UU a la futura victoria del Ejército Rojo en la guerra contra la Alemania Nazi.

Ahora analicemos la aportación “directa”, absolutamente decisiva para dar fin a la guerra. Me refiero a la ayuda militar de los EE.UU a la URSS, bajo la fórmula de un préstamo llamado “Lend-Lease” que no tenía prácticamente límites del volumen y del importe de los bienes a prestar al destinatario, con unas enormes ventajas de la amortización, tanto del “contenido” como de los plazos.

Esta línea de ayuda fue abierta, en primer lugar, en 1940, a la Gran Bretaña, que ya estaba luchando contra Alemania hitleriana en el marco de la Segunda Guerra Mundial, que había empezado 1 de septiembre de 1939, con la invasión alemana en Polonia. Y en 1941, cuando las tropas alemanas invadieron el territorio soviético y con ritmo vertiginoso se acercaban al corazón de la URSS, su capital Moscú, el “Lend-Lease” fue también aplicado a la URSS. El número, la envergadura y la variedad de las mercancías, tanto de uso meramente militar como civil, no tenían nada semejante, hasta entonces, en las relaciones entre los países aliados.

Sin esta ayuda y, especialmente, sin el suministro del armamento y el material de guerra, precisamente en los primeros meses de la contienda, cuando el ejército alemán estaba derrotando al Ejército Rojo en todos los frentes, destruyendo sus blindados, aviones, artillería y produciendo unas bajas millonarias entre los efectivos, obligando a las tropas rusas ir retrocediendo sin parar hasta Moscú y dejando a los soldados rusos de reemplazo casi sin las armas y munición para seguir resistiendo.

Es que, durante estos primeros meses de las batallas sin cesar, las tropas alemanas ocuparon la gran parte del territorio “europeo” de la URSS, donde se encontraban las principales fábricas de producción del armamento y del material de guerra, las que el gobierno soviético tuvo que desmontarlas y desplazarlas hacia el este (región de Urales) a donde, por la distancia, no podía llegar la aviación alemana para bombardearlas.

Allí, en pleno campo abierto, bajo unas condiciones climáticas adversas (el frío hasta 30-40 grados bajo cero), los técnicos y los obreros rusos, traídos desde las zonas ocupadas por los alemanes, estaban montando desde “cero” las fabricas nuevas para la producción militar.

Pero el montaje y la puesta a punto de las fábricas necesitaban tiempo, meses, mientras que las tropas alemanas ya estaban a las puertas de Moscú. ¿Con qué luchar, con que resistir hasta que la propia industria soviética empezara a producir los tanques, aviones y todo el armamento necesario para poder parar el imparable empuje del ejército alemán?

Pues, con el armamento norteamericano, enviado desde los Estados Unidos, atravesando el Atlántico, al territorio ruso todavía no conquistado por las tropas alemanas. Para que el lector tenga la idea de la inmensidad y de la diversidad de estos envíos voy a citar algunas partidas principales del “Lend-Lease” en cuestión (la lista es interminable), centrándome en las más ilustrativas, desde el punto de vista de la carencia que tenía en aquellos años el Ejército Rojo y también la propia población civil, empleada en la producción del material de guerra:

-18 millones de toneladas de todo tipo de bienes y mercancías que equivalía a 9.000 toneladas de oro (para comparación: los alemanes en verano de 1939 tenían reservas de oro del orden de 14 toneladas).

-2 mil millones de $ fue el coste del transporte de todas esas mercancías, utilizando más de 500 barcos.

-11 mil millones de $ es el volumen total del “Lend-Lease” concedido a la URSS, lo que equivale a más de 150 mil millones de $ en la actualidad (para comparar: es el coste de los 2 “quinquenios” del plan de la industrialización de Stalin en los años 30, que crearon el fundamento de la nueva economía socialista soviética; otro ejemplo: 2 mil millones de $ costó el Proyecto Manhattan, dedicado a la creación de la bomba atómica estadounidense).

-18.000 aviones (casi 6 veces más con que los alemanes empezaron su ataque a la URSS y casi 2 veces más que tenía el Ejército Rojo cuando empezó la guerra con Alemania; en total fueron un 12% de todos los aviones producidos en la URSS durante 1941-1945).

-20.000 tanques (casi 5 veces más que tenían las tropas alemanas y 1,6 veces más que las soviéticas al comienzo de la guerra; en total fueron un 18% de todos los tanques producidos en la URSS durante 1941- 45).

- 432.000 camiones y coches todoterreno (163% de todos los producidos en la URSS en 1942-1945; la más de la mitad de los famosos “órganos de Stalin” (“Katiushas”), unas lanzadoras de granadas con tubos múltiples, que tanto daño causaron a las tropas alemanas, no hubieran podido funcionar sin los camiones pesados estadounidenses “Studebaker” que servían de plataforma de lanzamiento para esta mortífera arma).

-500 buques de guerra.

-1981 locomotoras (240% de todas producidas en la URSS en 1941- 45).

-36.890 motocicletas (136% de todas las producidas en la URSS en 1941-45).

-11.075 vagones para ferrocarril (1.020% de todos los producidos en la URSS en 1941-45).

-295.600 toneladas de explosivos (53% de los producidos en la URSS en 1941-45).

-404.000 toneladas de cobre (76% de lo producido en la URSS en 1941-45).

-301.000 toneladas de aluminio (106% de producido en la URSS en 1941-45).

-2.800.000 toneladas de acero para los blindados.

-2.586.000 toneladas de combustible para los aviones.

-10 millones de radio-lámparas (equivalente a la producción soviética durante 10 años).

-1.078.965.000 $ en máquinas herramientas (sin unas máquinas especiales estadounidenses fuera imposible a los soviéticos fabricar el cañón de 75 mm. que se instalaba en el tanque T-34, el más popular durante la guerra germano-soviética).

-4.478.000 toneladas de alimentos, entre ellos 2.077 millones de latas de conservas de carne que representaba 480% de las producidas en la URSS en 1941-45; según los cálculos de los expertos, con este volumen de alimentos se podía mantener a un ejército de 10 millones de efectivos durante 3 años.

Para terminar –la lista, como he comentado antes, es muy larga- dos partidas muy peculiares:

-15.417.000 pares de zapatos para el ejército, casi para cada soldado soviético.

-257.723.498 botones, para abrochar los uniformes.

La Unión Soviética devolvió de todo el importe del “Lend-Lease” solo 700 millones de $, o sea, 6% del total, efectuando el último pago el 21 de agosto de 2006.

Otra aportación directa de los Estados Unidos a la Victoria sobre la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial fue el desembarco de sus tropas, junto con las británicas, el 6 de junio de 1944 en la Normandía, que precipitó enormemente la rendición de las tropas hitlerianas el 8 de mayo de 1945, facilitando a las tropas soviéticas su avance hacia Berlín, ya que los alemanes estaban obligados a luchar en dos frentes, ahorrando al Ejército Rojo numerosas bajas hasta la victoria final. Cerca de medio millón de los soldadlos norteamericanos han caído en el frente occidental.

Por otro lado, los bombardeos de los aviones norteamericanos y británicos de los centros de producción militar y de las infraestructuras alemanas, mermaban el potencial militar germano en su frente oriental contra las tropas soviéticas.

Lo mismo ocurría durante la “Batalla del Atlántico”, durante la cual Alemania estaba obligada a construir miles de submarinos para combatir a la flota británica y americana, que estaba transportando todo este enorme material que fue mortal para el ejército de Hitler, que he mencionado más arriba bajo la cobertura del “Lend-Lease”. Si no se produjera la Batalla del Atlántico, la industria alemana habría fabricado en lugar de submarinos miles y miles de tanques, que emplearía en el frente germano-soviético.

Y la otra batalla, la de “Inglaterra” (entre julio y octubre de 1940), cuando los pilotos británicos, defendiendo el cielo y la tierra de su país de los bombardeos de la aviación alemana, destruyeron cerca de 2.000 aviones de la Luftwaffe (la mitad eran bombarderos) a los que alemanes echaron muy en falta, cuando en 1941 entraron en la guerra con la URSS.

Con todos estos datos sobre la aportación de los aliados de la URSS (principalmente de los EE.UU) en la Segunda Guerra Mundial), espero que el lector pueda sacar su propia opinión acerca de si el presidente Trump tenía o no razón, asegurando que sin la ayuda norteamericana la Unión Soviética no hubiera podido ganar la guerra contra la Alemania Nazi y que, por tanto, los Estados Unidos tiene todo el derecho a celebrar su propia fiesta nacional, el “Día de la Victoria”, como lo está haciendo Rusia (antes la URSS) a lo largo de los 80 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Para terminar voy a citar las palabras del propio Stalin, pronunciadas durante la Conferencia en Teherán, en 1943, en una comida en honor del 69 cumpleaños de Winston Churchill: “Los EE.UU es un país de las máquinas y sin estas máquinas, suministradas bajo el “Lend-Lease”, nosotros hubiéramos perdido esta guerra”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios