Pedro Sánchez tendrá que tragarse sapos de todos los tamaños y colores si quiere mantener el apoyo de sus socios de legislatura. Y se los tragará sin inmutarse; no es la primera vez ni será la última. En realidad, es su modus operandi, lo que ha venido haciendo desde que se instaló en La Moncloa.
Para preparar el terreno a sus chantajes, Bildu, ERC, el PNV y Bng, le han reprochado que ya no vale atizar el miedo a la llegada de un Gobierno del PP como excusa; que lo de erigirse en líder de la progresía es incompatible con el aluvión de corruptelas del PSOE y del Gobierno. Y, lo más humillante para el presidente, no quieren aparecer fotografiados a su lado. Temen que les contagie.
Lo probable, con todo, es que vuelvan al redil, aunque antes le van a exprimir como a un limón. Puigdemont exige que se cumplan los acuerdos que firmaron con su interlocutor Santos Cerdán en Bruselas. La primera condición era, y ahora es más que nunca, la transferencia de la gestión y recaudación de los impuestos en Cataluña, la llamada financiación singular; o lo que es lo mismo, la independencia fiscal. La Generalidad, así, actuaría como si fuera el Gobierno de un Estado independiente. Y ya se sabe que su reivindicación principal pasa por la celebración de un referéndum de autodeterminación.
El PNV, como siempre, también quiere que el País Vasco se acerque a la independencia mediante transferencias de todo tipo y Bildu espera poder liberar de una vez a todos los asesinos etarras encarcelados, que, aunque pocos, todavía quedan algunos. También los dos partidos vascos exigen la celebración de un referéndum de autodeterminación. Pero los más duros han sido Podemos y el Bng que se niegan siquiera a asistir a la ronda de consultas en La Moncloa porque consideran que “el PSOE es un partido corrupto y Pedro Sánchez no está legitimado para presidir un Gobierno progresista”.
El líder del PSOE está acostumbrado a estos chantajes y siempre ha salido airoso cediendo a todo y a todos con tal de mantener el poder. Aunque ahora parece estar más preocupado que nunca; no porque el precio se haya encarecido hasta el límite. Sino porque algunos como Podemos y el Bng ya no tragan con el estilo mafioso de gobernar del presidente. Y no quieren ser cómplices de la estruendosa corrupción y del “repugnante” mercadeo con las mujeres. Son “unos ladrones y unos puteros”, han sentenciado.
Pedro Sánchez, sin embargo, guarda su as más preciado en la manga. Con apoyos o sin ellos puede seguir en el poder hasta 2027; eso sí, sin gobernar, sin legislar. Y como le ha bautizado el histórico diario británico “The Times”, actúa como el mafioso John Gotti, el gangster de Nueva York conocido como “Don Teflón” en referencia al material antiadherente de las sartenes por su capacidad para escurrirse siempre de sus escándalos con la Justicia. Veremos si ahora lo consigue.