Mi afamada calvicie hace tiempo que juró bandera, y aunque carezco de estilista personal intento que el peluquero obre milagros conmigo. De manera que, mientras espero para el acicale, dedico el tiempo a ojear alguna de esas revistas del colorín, por aquello de dar rienda suelta a los ecos de sociedad con sus posados, robados y demás trastornos mentales. No vayan a creer, lo hago por diversificar apetitos literarios.
En este tipo de información se muestran los casoplones de gente exclusiva, ya saben, mansiones revestidas de pan de oro y señoras traídas del exotismo más refinado. Vestidas para dar luz a su condición de millonetis luciendo modelo del famoso modisto Cartapacio Céspedes. Grandes vistas acristaladas. Grandes galgos afganos. Piscinas que parecen los lagos de Covadonga y gran parterre donde los rododendros y demás arbustos están debidamente aseados para la fastuosa exclusiva. Es decir, mansiones que no guardan relación alguna con el famoso motel de la película Psicosis.
Algunas páginas después baja la intensidad de los reportajes con damas y caballeros objeto de bodas más o menos notables. Por ejemplo, la reciente boda de Piluca Telares, hija del magnate Onorato Telares, famoso por sus fábricas textiles. La novia elegantísima con un vestido confeccionado en color cóctel, de lamés hasta los pies, escote a vapor, adornos de tules con gazules y evasé rematado con policondrios de Jaipur evocando lágrimas de Jabalón. A juego, una pamela Anderson, adquirida en la famosa tienda londinense Anderson & Anderson, proveedor habitual de la princesa Escofina de Taracazania; todo ello luce sobre peinado risueño de ajonjolí en compañía de un abanico de dos tiempos. Bolso de mano tipo clutch y zapatos de media punta muy ligeros para distancias cortas. Una serena belleza toda ella.
El novio, con aire más sobrio, lució traje de gala cabo primero del Cuerpo de Ingenieros, con aire de naftalina, respetando la línea húsar con vistosos cromados de resalte y distinguido aire colonial al caqui espontáneo y mirada al frente. Remata la percha en la planta alta una capelina, casquete (con perdón), gorro o gambeto a lo militar, licenciado y apuesto. A destacar el complemento del mosquete de llave de mecha y carga de plomo con acabados en madera de peral. En él llamó poderosamente la atención su amplio bigote a la gomina de Madagascar. Muy favorecedor.
Después, algunos amores y desamores, posados veraniegos y las clásicas entrevistas de relleno. Nada llamativo. Y así hasta llegar a los pasatiempos, página que me atrapa frente al crucigrama. 1. Horizontal: Nombre del primer rey de la tribu de los Mopongos. 2. Horizontal: Afluente del río sagrado Tungabhadra situado al sur de la India. Mejor me voy a las verticales. 1. Vertical: Número de mentiras declaradas por Pedro Sánchez en los últimos sietes años. 2. Vertical: ¿Qué sabe Víctor de Aldama que asusta tanto a Sánchez? No me veo capaz y además las soluciones, según leo, en el próximo número de la revista. Con viento fresco.
Después, el horóscopo. Cosa interesante para los que, no teniendo trabajo, se pronostica que recibirán una oferta irresistible: “Llamará a tu puerta una fuerza cardinal y te mostrará el camino laboral de tus sueños”. Por eso hay días que es preferible no salir de casa. Los astros son imprevisibles.
La última página de la revista está reservada para la gastronomía. No podía faltar la receta de cocina de un experto en fogones. La verdad es que estos fenómenos de vanguardia saben cómo mimar a un rodaballo. Primero lo someten a la prueba de isótopos del carbono-14 hasta reducirlo al tamaño de un guisante mediante gaseo con hidrógeno líquido y bomba de cobalto. Después, el emplatado y la definición: “Coruxo en salsa de canela y aliento de grosella, salteado a la comba con aroma de aparejo reposado en su jugo sobre cama de un lampiño tomate sherry en cuerda floja de cebolla”. Y claro, para los que nos guía el impulso del huevo frito, esto acojona bastante.
En fin, lo que hay que hacer con tal de no hablar del gobierno. Les dejo que me llama mi peluquero.