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TRIBUNA

Alabanza de la vocación

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 28 de junio de 2025, 19:04h

En tiempos de exámenes generalizados y de masivas oposiciones la oportunidad de elogiar la vocación es temática muy sugestiva para un anciano aprendiz del noble y difícil oficio de historiador.

De forma tan inesperada como grata, la coyuntura de hablar de la vocación de manera por entero encomiástica surgiría en la provechosa charla al filo de la madrugada, en una de las ciudades más bellas de nuestra patria, mantenida por el articulista con un senatorial conductor de taxis que, al hilo de las profesiones de sus numerosos hijos, trazó una completa alabanza de la vocación como fundamento y principio rector de las conductas juveniles. Según su meditada reflexión, el acierto y compromiso con el trabajo u oficio elegidos en la adolescencia constituyen, sin género de dudas, la clave de bóveda de la arquitectura vital comenzada a forjar en los años del tránsito de la niñez a la edad adulta. Y, colocado en el arduo trance de refrendar las opciones más contrapuestas y hasta extrañas de sus hijos -muchachos y chicas-, nunca había vacilado en respaldarlas siempre que estuviesen erigidas sobre el robusto pilar de una vocación activa y consolidada.

Galvanizado por tan estimulante postura, el anciano cronista recordó el ejemplo refulgente recibido en su adolescencia de los condiscípulos y profesores que consagraron ardidamente lo mejor de sus energías para llevar a buen puerto las vocaciones más inaccesibles para su medio familiar y condiciones económicas, en una España que se abrió y conquistó la senda del desarrollo a través muy primordialmente de la realización de las más variadas opciones y los oficios más diversos. Entre sus muchos amigos y camaradas empeñados en la consecución de trabajos y profesiones fue mínima la cifra de los que no contaron incesablemente con el apoyo, la sugerencia o el consejo de sus maestros y profesores, siendo así muy pocos los que, desdichadamente, quedaron arrumbados en su carrera por lograr la meta deseada para
sus sueños, ensueños y querencias.

En conjunto, la movilización de colegas, amistades y consejeros rayó a la altura de la entraña más profunda de su vocación, acrecentada en ocasiones más por los reveses comprendidos que por los fáciles logros, producto del azar o de la censurable manipulación.

Gran lección, en fin, dada por un modesto taxista cordobés en el momento mismo en que centenares de sus convecinos se adentraban en las espaciosas aulas en las que, una vez más, la vocación revalidaría sus irrefutables atributos y potestades.

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