En El efecto Sánchez. Ética y política en la era de la posverdad, Juan Luis Cebrián nos presenta una obra en la que recopila artículos escritos en El País desde 2018 hasta su despido como presidente de honor del mencionado diario en 2024, agrupados por bloques temáticos, en los que diseccionó el panorama nacional e internacional. En este sentido, encontramos análisis sobre la desinformación, la pandemia covid 19, la crisis de la democracia, el trumpismo o la guerra de Ucrania, aunque la cuestión que copa mayor protagonismo es la crítica formulada a los gobiernos socialistas encabezados por Pedro Sánchez.
En efecto, el autor no titubea al comparar a Sánchez con Trump, identificando numerosos elementos comunes entre ambos dirigentes, entre los que destacan su deseo por mantenerse en el poder sin reparar en los medios empleados para tal finalidad. De manera más particular, nos recuerda que el primer gobierno liderado por Sánchez, es decir, el surgido como consecuencia de la moción de censura a Mariano Rajoy, mostraba como principal rasgo visible la falta de apoyos. Ya en aquel momento, 2018, Juan Luis Cebrián señaló que la tarea inmediata tenía que ser la convocatoria de elecciones… para lo cual transcurrió casi un año, como bien recordará el lector.
Lo fundamental es que el sanchismo marcó el comienzo de una constante que aún perdura, basada en trazar alianzas con socios como el comunismo trasnochado, el separatismo catalán y el nacionalismo vasco, envuelto todo ello en un sintagma vacío de contenido que todavía retumba de forma machacona: “gobierno de progreso”. Esa coalición gubernamental la analiza sin tapujos Cebrián, concluyendo que sus características distintivas descansan en el lucro personal de algunos de sus integrantes, el rechazo de la división de poderes y la falsificación de la historia reciente de España. Con sus mismas palabras: “Sánchez pasará a la historia como el presidente que más ha dividido a los españoles, al frente de una impostada mayoría progresista que no es más que un sindicato de intereses entre sus miembros, a los que primordialmente une el reclamo del poder” (p.51).
Como resultado, España ha derivado, o está en camino de hacerlo, en una democracia iliberal. Esta involución ha sido denunciada por socialistas históricos, los cuales han recibido como respuesta la calificación de fascistas y ultraderechistas. Lo fundamental es que Sánchez tiene como baluarte a los amnistiados separatistas catalanes, los mismos que en 2017 perpetraron un golpe de Estado del que no se han arrepentido; tampoco han prometido no volver a cometerlo. En este sentido, Cebrián nos recuerda con acierto que el soberanismo rupturista utilizó de forma torticera los atentados yihadistas de agosto de 2017 como arma arrojadiza contra el Estado, en el contexto de una cada vez mayor fractura social “provocada, impulsada y jaleada desde las autoridades de la autonomía” (p.82).
A nivel internacional, refleja la pérdida de relevancia de nuestro país como consecuencia de los bandazos dados por la diplomacia sanchista, sobresaliendo al respecto la política adoptada de manera unipersonal hacia Marruecos. En esta degeneración de la democracia española, se detiene en el papel que viene desempeñando la prensa: “Los tertulianos y tuiteros más extravagantes se han convertido en oráculos de sabiduría, influencers halagados por los candidatos, aunque a veces el origen de su prestigio no sea otro que el tamaño de su culo” (p. 139).
Desde una perspectiva más general, la pandemia covid 19, como excusa para reducir derechos y libertades, o la agresión de Rusia a Ucrania, gozan de presencia en la obra que tenemos entre manos. Para Cebrián este último acontecimiento en ningún caso ha reforzado la unidad de la Unión Europea, como afirma la narrativa oficial, sino más bien ha fortalecido a la OTAN, sin olvidar que Alemania ha aumentado su rearme y Suecia y Finlandia han olvidado su sacrosanta neutralidad.