Atrincherado en Sevilla, en la Conferencia de la ONU sobre el Desarrollo, Pedro Sánchez planea resucitar políticamente este fin de semana en un Comité Federal del PSOE hecho a su medida, copado por sus más fieles. Busca dar un golpe en la mesa ante el clamor de los muchos socialistas que le exigen dimitir por su responsabilidad en la mayor crisis del partido. Por haber nombrado personalmente a sus secretarios de organización, uno imputado y otro encarcelado por corrupción; de momento, presunta.
Es posible que algunos pocos valientes le planten cara. Pero es seguro que, al final, será aclamado por esa mayoría de miembros nombrados a dedo. Pues el control de Sánchez sobre el Comité Federal es absoluto. Casi todos ocupan cargos relevantes en el Gobierno, en el partido, en las Comunidades o Ayuntamientos y, por tanto, su economía y poder dependen de la continuidad en su puesto del presidente del Gobierno y secretario general del partido. ¿Dónde irían, por ejemplo, Óscar Puente y Óscar López si Sánchez dimitiera? Se quedarían en la calle, sin sueldo y sin prebendas. Se irían al paro y desaparecerían del mapa político. De ahí, su furor por la permanencia en el poder de su jefe. Viven por y para él.
Pero el paripé que prepara Pedro Sánchez hundirá aún más al PSOE. No basta con maquillar la situación. Ya no vale recurrir a los bulos o la fachosfera. Tampoco prometer que va a emprender una operación de regeneración democrática y de lucha contra la corrupción. Menos aún repetir que ha actuado con inmediatez y contundencia. Porque es mentira. Porque ya nadie le cree. La crisis del PSOE es tan honda que necesitaría emprender una remodelación de toda la cúpula del partido, empezando por su dimisión. Hará, sin embargo, lo contrario.
Probablemente, Pedro Sánchez prepara una maniobra de las suyas. Un amago de retirada para que le imploren que siga. Y, al final, Pedro Sánchez se llevará una cerrada ovación de sus acólitos al grito de “presidente, presidente”. Y volverá muy ufano a encerrarse en La Moncloa para consumar la legislatura. No es el Comité Federal del PSOE. Sino un cónclave de sus más fieles seguidores que luchan desesperadamente por sobrevivir. Y para ello, necesitan que Pedro Sánchez siga al frente del Gobierno y del partido. Y para ello, están dispuestos a aclamar a su líder, aunque suponga también enterrar al PSOE, hundirlo en sus propias cloacas.