Como ha vuelto a recordar en la sesión del Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez sigue empeñado en prolongar la legislatura hasta 2027, hasta el último minuto. Mantiene a sus socios en el redil por mucho que pataleen. Y tiene la esperanza de aprobar pronto su reforma judicial para intentar anular los juicios que podrían condenar a su mujer, su hermano y al fiscal general de Estado. Pues, de otro modo, estaría políticamente muerto. Es su última esperanza. Pero el tiempo corre y las investigaciones de la Guardia Civil y las instrucciones de los tribunales siguen adelante. Además, esa minoría parlamentaria impide ahora aprobar la reforma judicial que ha puesto en pie de guerra a jueces y fiscales.
El Gobierno ha entrado en pánico por el temor a que después de Ábalos, Koldo, Cerdán, el fiscal general, Pardo de Vera, la mujer y el hermano del presidente, entre otros, puedan aparecer nuevos casos de corrupción, informes de la UCO o revelaciones que afecten al presidente, a más socialistas, incluso al futuro de la legislatura, aunque esto último cada día parece estar más lejano.
Mientras tanto, y aunque se muestren muy farrucos en el Hemiciclo, a pesar de sus duros reproches, los socios reconocen en privado que tienen más miedo a las urnas que el propio presidente y, sobre todo, que nadie como él les va a colmar de prebendas y chanchullos. Que hay que aprovechar el tiempo que queda y sacarle hasta la hijuela. Y así, Pedro Sánchez tendrá que tragarse otro puñado de sapos si quiere mantener el apoyo de sus socios de legislatura. Y se los tragará sin inmutarse, como viene haciendo desde que se instaló en La Moncloa.
Para empezar, Puigdemont exige que se cumplan los acuerdos que firmó con su entonces interlocutor Santos Cerdán en Bruselas. La primera condición era, y ahora es más que nunca, la transferencia de la gestión y recaudación de los impuestos en Cataluña, la llamada financiación singular; o lo que es lo mismo, la independencia fiscal. La Generalidad, así, actuaría como si fuera el Gobierno de un Estado independiente. Y ya se sabe que su reivindicación principal pasa por la celebración de un referéndum de autodeterminación. Bildu y el PNV seguirán la estela de los catalanes y no hay que descartar que antes de 2027 se celebren ambas consultas. El PSOE se justificará asegurando que no son vinculantes. Pero vascos y catalanes dirán lo contrario.
Pedro Sánchez puede desguazar la Constitución para mantenerse en La Moncloa, pero ni por esas será capaz de aprobar los presupuestos generales del Estado. Pues Junts y el PNV, dos de sus socios más fieles, son tan conservadores o más que el propio PP. Y no aceptan las zarandajas comunistas que intenta colar Yolanda Díaz en las cuentas del Estado. Pero, pelillos a la mar. Sánchez se irá tan tranquilo de vacaciones a La Mareta, al palacio real que el rey Hussein de Jordania regaló a Juan Carlos I. Y, así, el presidente seguirá de palacio en palacio hasta 2027. Sin presupuestos, sin legislar, sin gobernar. Pero en La Mareta en verano y en La Moncloa en invierno.