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TRIBUNA

La civilización de Firdusi

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 11 de julio de 2025, 19:44h

Expulsados por el emperador Justiniano los filósofos de la Academia platónica marcharon a Persia, a la corte de Cosroes I, y vinieron aquí porque Persia, junto al Imperio Romano de Oriente, representaba la civilización más desarrollada y humanitaria de la época. “El Libro de los Reyes”, esa gigantesca epopeya del inspirado Firdusi, acaba con el asesinato de Yazdegerd III, último rey sasánida, y la ocupación de Persia por los árabes de Omar gracias a dos batallas; la de Qadesiya, en el 637, y la definitiva de Nehawend, en el 642. Aunque Persia se islamizó, su islamismo, el chiísmo, es muy particular, con grandes influencias del mazdeísmo zoroastriano, de suerte que este chiísmo constituye, sobre todo, una religión nacional. Algo así como nuestro nacional-catolicismo. Los propios imanes chiitas tienen mucho de los magi milenarios. Los persas siempre han pensado que el último día del mundo es el día de la Resurrección. Las mismas dinastías persas, ya con el Islam, se consideraban descendientes de los sasánidas, como la dinastía de los búyidas, y hasta utilizaba el viejo título aqueménida de Rey de Reyes, Shahansha, o en griego, Basileùs Basileôn, celebrando los antiguos festivales zoroastrianos. El Islam en Persia se ha iranizado. Cuando nace el gran poeta Firdusi gobierna Persia la dinastía samánida, también descendiente de los sasánidas. Firdusi partió para su obra de la obra del zoroastriano Dagigi, joven de talento que se convirtió en panegirista de los samánidas y que fue misteriosamente asesinado en 980 por un esclavo turco, dejándonos un poema de 1000 versos, en donde relata el advenimiento de Zoroastro y el establecimiento de su religión. La última dinastía persa, la de los Pahleví, se preocupó en extender y en profundizar la obra de 60.000 versos de “El Libro de los Reyes”, como forma de debilitar un poco el islamismo radical a través de las raíces étnicas de un Imperio de dos mil seiscientos años de Antigüedad.

Persia es una de las tres más grandes civilizaciones indoeuropeas, junto a Grecia y Roma. Y si los griegos tuvieron su Ilíada, los romanos su Eneida, los persas también tuvieron su inmenso Shah-Namé o Libro de los Reyes. Persia es tan occidente como Irlanda; de hecho Irlanda viene a significar lo mismo que Irán, “tierra de arios”. Y hoy la misma Ruta de la Seda, abierta por el arsácida Mitrídates II y el emperador Wu, de la dinastía Han, está volviendo a ser abierta por China, Persia, Rusia y Turquía, con la cooperación de otros países del Cáucaso como Georgia.

Atacar Persia viene a ser atacar la luna. Craso murió en la batalla de Carras ante el gran general persa Surena, y su cabeza sirvió para hacer de la cabeza de Penteo en una representación de Las Bacantes, de Eurípides, en Ctesifonte, lo que nos indica el grado de helenización con que impregnaron a Persia los reyes seléucidas. Marco Antonio soñó también con la conquista de Persia y fracasó de tal modo que perdió todo el prestigio militar. Grandes emperadores romanos perdieron la vida por su ambición de conquistar Persia, como Gordiano, Valeriano, Caro y el propio Juliano. El emperador Valeriano hacía de escabel para que Sapor I se subiese en su caballo. Atacó de tal modo aquel ejército cansado y sin héroes que el polvo de la tierra cubrió el sol. Y el simpático Donald Trump no tiene la inteligencia, ni la edad, de estos grandes emperadores romanos, para conquistarla. Y si ellos orientan sus caballos hacia Israel, atravesarán con las puntas de sus lanzas los ojos de sus rivales. Ni el judío ni el persa podrán rozar el sol con la cabeza. El único que la conquistó, Alejandro Magno, se convirtió en persa en un par de años, y el diádoco Seleuco ya era todo un persa cuando comenzó su bicentenaria dinastía. Persia te vence o te hace persa, como les ocurrió también a los árabes de Omar. Es profecía que vestirán de luto las madres de los que intenten conquistar Persia. No debemos regar ni abonar para que crezca el árbol del odio. El juicio nunca ocupa el cerebro del demonio. Jamenei y Donald Trump, con las lenguas llenas de palabras y las manos vacías, son ya mayores, pero ha habido hombres viejos que rejuvenecieron el mundo con sus sabias decisiones.

Antes de las vías romanas, y el magnífico Itinerario Antonino que describe toda la red de carreteras del Imperio Romano, los reyes aqueménidas ya trazaron su inmensa red de carreteras que enlazaban el Mediterráneo con la India y el Cáucaso, siendo los pirradacis los primeros carteros del mundo sobre aquellos Caminos Reales.

Firdusi nos presenta un universo limpio de malos pensamientos en donde habitan gentes como Manucher, Zal, “el hombre de libre pensamiento”, Sam, Mehrab, Nozar, Rudabeh, Sindojt o Rostam. Los héroes persas son valientes y saben que no hay que tener miedo, ya que para todos existe un solo y mismo final, que es la tierra. Nadie nace de madre sin llevar consigo la muerte. En la tierra sólo la tumba es nuestra cuna. Y además, por larga que sea la noche, la oscuridad no permanece eternamente. Por toda Persia se oye tocar el ney, el laúd y el arpa. El destino mueve la alta Rueda y los giros del tiempo. Y ahora el hijo del último Shah, flotando sobre dólares como flores de loto y americanismo hortera, ofrece una República democrática en el hermoso Irán. Aunque la celeste rueda confesara sus secretos, no llegarías a comprender lo que procede de sus giros. Ella otorga corona y alto trono, otorga oscuridad y humillación. Gira para los amigos y los enemigos. A veces alcanza la carne, a veces el hueso. Si un día tu cabeza puede rozar una nube, su morada será finalmente la tierra.

- ¿Qué precio tiene este dragón, a quién de he pagar?

Él le contestó:

- Si tú eres realmente Rostam, llévatelo para dar una solución a los problemas de Irán.

La vieja bandera del Irán sasánida de Firdusi era roja, amarilla y violeta; los mismos colores que la bandera de nuestra IIª República.

Es verdad que rusos, turcos e ingleses recortaron el inmenso territorio del Imperio Persa; aún así caben en el actual Irán cuatro Españas y viven allí alrededor de cien millones de persas, señor Senador de los EEUU.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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