Al abandonar por decisión propia la vicepresidencia del Gobierno, Pablo Iglesias pudo convertirse...
Al abandonar por decisión propia la vicepresidencia del Gobierno, Pablo Iglesias pudo convertirse en presidente del Museo del Prado, de Paradores o de Correos. Pudo encaramarse en Telefónica como consejero o en cualquiera de las empresas públicas o en las más diversas instituciones del Estado. Las puertas giratorias estaban a su disposición. En lugar de eso, regresó a su trabajo profesional en televisión y en la universidad y puso en marcha una pequeña taberna cultural a la que llamó Garibaldi, sin darse cuenta tal vez de que se trataba de un monárquico de izquierdas italiano.
En las elecciones autonómicas madrileñas, las encuestas vaticinaban que Podemos perdería sus siete escaños. Pablo Iglesias decidió evitar el descalabro y desembarcó de su puesto dorado en el Gobierno para ponerse al frente del Podemos madrileño. Derrotó a las encuestas y obtuvo diez escaños. En lugar de lanzar las campanas al vuelo, como Gabilondo había perdido la presidencia de la Comunidad Autónoma frente a una Isabel Díaz Ayuso magistral, decidió retirarse de la política inmediata. Consecuente con sus principios, desdeñó las puertas giratorias y dio un solemne ejemplo de coherencia.
Se podrá coincidir con Pablo Iglesias o de él se podrá discrepar, pero negar su sagacidad, su inteligencia en carne viva, la solidez de sus ideas, sería perder la objetividad. Discrepo ideológicamente de Pablo Iglesias y dejo constancia de esas discrepancias en el artículo diario que escribo. Pero si Don Juan III viviera hoy, estoy seguro de que desearía, como ocurrió con Marcelino Camacho, que Pablo Iglesias se encontrara cómodo en la Monarquía de todos.
En medio de la podredumbre que parasita la vida política española, en medio de la parafernalia de las agresividades y los insultos, Pablo Iglesias representa a la izquierda seria y respetable. Me avergüenzan los ataques personales que desde muy varios frentes se dirigen contra el fundador de Podemos. Y disfruto escuchándole en Tik Tok, aunque muchas veces no esté de acuerdo con lo que afirma. Demuestra todos los días en esa plataforma que congrega a las nuevas generaciones, que es un intelectual de envergadura, un político en el pelotón de cabeza de la vida española y un hombre sencillo y razonador. Ha soportado con dignidad escraches y desdenes, así como la traición de Yolanda Díaz Iscariote, y mantiene siempre su talante constructivo, también el conocimiento profundo de la política internacional y de la situación real de la vida española. “Lo que necesitan las naciones son hombres sinceros para enfrentarse con las desigualdades, los abusos y los engaños”, escribió Tomas Picketty en El capital del siglo XXI. Por mi parte, para terminar, anticipo el pronóstico final: si Pablo Iglesias se lo propone, se convertirá en el líder de la izquierda española; si desdeña esa probabilidad será siempre un intelectual al que vale la pena escuchar.