Europa ha vuelto a denunciar las chapuceras e ilegales maniobras de Pedro Sánchez para permanecer en el poder. Después del varapalo a la ley de amnistía, la Comisión Europea abrió este jueves un procedimiento de infracción contra España por considerar que las leyes utilizadas para evaluar y condicionar la opa del BBVA sobre el Banco Sabadell infringen varias normas comunitarias, entre otras, las que garantizan la libertad de establecimiento y de circulación de capitales.
Por un lado, Bruselas ve problemático el modo en que el Gobierno ha aplicado la Ley de Defensa de la Competencia para imponer condiciones adicionales a la operación porque considera que, en este caso, no cabía elevar al Consejo de Ministros la decisión de la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC).
El Gobierno comunitario ha concluido, por tanto, que España está infringiendo las disposiciones de los Tratados de la UE que garantizan la libertad de establecimiento y la libre circulación de capitales, así como el reglamento sobre supervisión bancaria única; y la directiva y reglamento de requisitos de capital.
La obsesión de Pedro Sánchez por complacer a Puigdemont y amarrar sus 7 escaños está detrás de estas dos reprimendas de la Comisión Europea. Pues tanto la ley de amnistía como la intervención del Gobierno en obstaculizar la opa del BBVA son exigencias del prófugo de Waterloo. Pero Europa no traga con las irregularidades que comete el presidente del Gobierno en su afán, primero, por ser investido y ahora para prolongar la legislatura a costa de infringir la normativa comunitaria.
Resulta, pues, evidente que para complacer a Puigdemont, Sánchez se ve obligado a incumplir las leyes españolas y las europeas. En España poco le importa, pues en ambos casos ha estado arropado por sus socios “progresistas”. Pero en Bruselas ni valen sus excusas ni sus torticeras maniobras. Mientras, la imagen de Pedro Sánchez y también la de España se hunden en todo el mundo. Y, así, nuestro país se ha convertido en la gran referencia de la autocracia de un presidente que, además, está cercado por la corrupción política. Como decíamos en nuestro último editorial, Sánchez está pagando caro su gran error: haber fiado la estabilidad de la legislatura a la chapucera ley de amnistía y al apoyo parlamentario de un golpista prófugo.