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Novela

Natalia Ginzburg: Las palabras de la noche

lunes 21 de julio de 2025, 01:44h
Natalia Ginzburg: Las palabras de la noche

Traducción de Andrés Trapiello, y Antón de Vez Ayal. Lumen. Barcelona, 2025. 152 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por David Lorenzo Cardiel

Regresar a la literatura de Natalia Ginzburg siempre tiene algo de emocionante. La gracilidad de las historias que la escritora italiana supo tejer con profundidad psicológica y humana han construido un universo narrativo capaz de seguir seduciendo a las nuevas generaciones, además de a quienes ya vamos dejando atrás las etapas idealistas de la juventud. La buena literatura nunca muere y, en el caso de la obra de Ginzburg, este adagio cobra una relevancia casi absoluta.

Como muestra, Lumen acaba de editar en castellano Las palabras de la noche, una de las novelas cortas de la autora. Lo menos importante en el enfoque narrativo que empleó la escritora palermitana es el escenario en el que suceden sus novelas. Al menos, si se leen en su perspectiva universal, porque es cierto que Ginzburg construyó un homenaje a la Italia posterior a la Segunda Guerra Mundial, un país lleno de riqueza y belleza, pero cuya rutilancia quedó visiblemente ensombrecida por el peso del fascismo, la guerra y la reconstrucción republicana posterior.

Aquella Italia a dos velocidades (norte industrial y cosmopolita contra sur tradicional y agrícola) lamía sus heridas de manera semejante a como las azuladas aguas mediterráneas quiebran sus tonos turquesa para acariciar, con su espuma efervescente, las rocas que modelan los acantilados, las playas y los riscos coronados por las altivas edificaciones tradicionales, llenas de sencillez y de encanto, pero, sobre todo, colmadas de secretos. Si las ventanas permiten mirar, las paredes fingen no escuchar.

Pero lo hacen: el trauma, las disputas, la construcción de aquella Italia no surge desde el poder romano hacia la sociedad civil, sino al revés. Son las familias, con sus imperfectos seres humanos, las relaciones rotas entre madres e hijos, padres e hijos, hermanos y tíos, sobrinas y tías y amantes y amores robados o imposibles quienes tejen, al ritmo de la respiración, al paso imparable de la vida, la existencia humana y la evolución de aquella Italia rota hacia una modernidad sombría, que presenta nuevos desafíos.

Es por este motivo que la literatura de Ginzburg no solo ofrece un retrato de la Italia de un periodo determinante de la historia europea reciente, sino que trasciende en una lectura universal, que es la que, personalmente, más valoro, y también la que convierte la obra de la autora italiana en una experiencia deliciosa de maestría y de goce intelectual.

Las palabras de la noche sigue este canon tan particular. La narración tiene lugar en el norte, en Turín, poco después del final de la segunda de las dos guerras mundiales. Elsa, hija de burgueses, tiene una visión muy diferente de la de sus padres. Mientras sus progenitores desean casar a su hija, que cuenta los veintisiete años, y buscarle un porvenir, la protagonista observa cómo el mundo en el que creyó que podría habitar se ha desmoronado. La sombra cae, plomiza, sobre los supervivientes. El blanqueamiento del fascismo, el trauma de las agresiones y denuncias entre familias durante la guerra y la dictadura de Mussolini, los chismes entre los vecinos y las rencillas intrahistóricas entre familias y clanes. Pero Elsa tiene la mirada puesta en un futuro distinto, diferente, libre.

Elsa no va a permitir arrastrar las cargas de la generación de sus padres y de la de sus abuelos. Entre tanto, la vida se abre camino en su esplendor luminoso: el amor, romántico o incondicional, los sacrificios personales, las buenas acciones. Toda la belleza de la vida se encuentra en este libro, en su ritmo humano y poliédrico, imperfecto, titubeante. Porque hay dos mensajes que Natalia Ginzburg repite a lo largo de su obra. El primero, que somos humanos, que la perfección es una meta eterna que no debe oscurecer nuestra vida aquí y ahora, con todos sus claroscuros.

El segundo, una promesa, un susurro de esperanza atemporal: la vida, la existencia en movimiento, siempre se abre paso, y nuevas posibilidades reemplazarán a las antiguas. Los caminos cerrados se abren, las puertas abiertas quedan cerradas. Habitamos un paisaje que muda su apariencia al mismo ritmo que lo hacemos nosotros. Y esa mecánica de la existencia es hermosa, es bella, es precisa.

De esta temporada que ya ha tocado a su fin, esta edición de Las palabras de la noche se encuentra entre mis (re)lecturas favoritas. Tanto si son afines a la literatura de Natalia Ginzburg como si no acostumbran a leer sus libros les recomiendo este libro, una narración breve y precisa que nos devuelve al territorio de la alta literatura, las verdades incómodas y el reflejo de nuestra propia vida, o la de nuestros convecinos, que es compleja y recóndita, pero también luminosa y colmada de una esperanza que, lejos de apagarse, nos impulsa hacia el futuro con el esplendor de la serena espera del futuro que nos espera.

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