El núcleo de "No es país para viejos", película basada en la novela homónima de Cormac McCarthy, son sus personajes, los hombres y mujeres que viven en un territorio de extrema dureza como ha sido siempre el Oeste americano, pero que en la actualidad, además, está poblado por traficantes internacionales, una nueva generación de delincuentes cuya violencia es extrema.
A ello se une el paisaje en el que trascurre, uno de los más viscerales y emblemáticos de los Estados Unidos, donde el Río Grande hace de frontera entre Méjico y Texas. McCarthy, que ha alcanzado el nivel de leyenda moderna y que ya era muy conocido por sus extraordinarias historias con el cambiante Oeste como telón de fondo, explora temas como el final del estilo de vida del Lejano Oeste, el enfrentamiento del honor y la justicia contra un mundo destrozado, el encuentro entre la tentación, la supervivencia y el sacrificio, completando la mezcla con un toque de amor y un resquicio de esperanza en medio de la oscuridad.
La acción, que transcurre en 1980, empieza cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin), un cazador y veterano de la guerra de Vietnam, encuentra en una camioneta rodeada de hombres muertos, un cargamento de droga y dos millones de dólares. Cuando Moss toma la decisión de llevarse el dinero, provoca una reacción en cadena de violencia que el sheriff Bell (Tommy Lee Jones), el alma de la historia, no consigue detener. Es una historia de persecución en la que el asesino Chigurh, interpretado por Bardem, con un peinado y un vestuario de los que marcan época, persigue a Moss y el sheriff persigue a los dos. En palabras de Joel Coen: “Es lo más cerca que estaremos nunca de hacer una película de acción”.
