Una reflexión desde Morente para los tiempos que corren.
En estos días de incertidumbre, desconsuelo y rabia para los españoles, en los que hemos de presenciar a sobresaltos, las fechorías de los piratas que nos gobiernan, he estado leyendo unas conferencias que dio Manuel García Morente en Tetuán y la Universidad de Madrid : una el 3 de enero de 1934, cuando aún no se había convertido al catolicismo, titulada, “Esperanza de España”; otra el 8 de octubre de 1942, con el título, “Ideas para una filosofía de la historia de España” ya ordenado sacerdote. Estas maravillosas conferencias han venido a aclararme (y quizás a ustedes también les ayude), qué es lo que realmente le ocurre a España, cuál es su enfermedad. Sus síntomas los sabemos ya: corrupción y más corrupción en todos los órdenes: social, económico, político, moral y espiritual ; y, no solo del partido en el Gobierno sino de todos aquellos que miran sin más para otro lado, y, quizás, con un poco de suerte y ayuda celestial, podremos aún intentar curarla de la gravísima herida mortal en la que habita.
Como buen filósofo, Morente, estudia el presente, analizando el pasado para anticipar el futuro. Así en estas conferencias analiza qué es España, estudiando en profundidad cuál es la esencia de España, es decir, qué le hace a España ser España, dicho en sus palabras, intenta sacar a la luz cuál es su substancia. Nos recuerda Morente, que la historia de España es la historia más antigua de las historias de todo el planeta, pues los vestigios más antiguos se han encontrado en España, aunque esto sea prehistoria, cuando el hombre aprendió a hacer historia, a escribir, a comerciar, a viajar, los hombres volvieron a España, siendo España un lugar donde han cohabitado diferentes pueblos y razas, y las huellas que estos pueblos han dejado, han pasado a ser parte de nuestra espiritualidad ( fenicios, griegos, romanos, griegos…).Nos dice Morente que cuando España se constituyó en nación, le fueron encomendadas dos tareas; dos tareas que forman y formarán parte de su esencia desde su constitución y para siempre, porque lo que le hace a una cosa ser lo que es, su esencia, es como bien nos enseñó Platón, algo eterno e inmutable. Estas dos tareas históricas son: frenar la invasión árabe y expandir la cultura occidental por el Nuevo Mundo. Si en algún momento del transcurrir del tiempo, España dejase de hacer alguna de estas dos cosas, España dejaría de ser España porque habría perdido su esencia, su substancia, su ser. La tarea de frenar la invasión árabe no ha sido solo una misión que se haya realizado por la fuerza, sino a través de largo años de convivencia en los que se ha asumido y absorbido lo posible de otra civilización, que no implique la desaparición y disolución de su propia esencia de su propio ser. La cultura árabe tras años de convivencia, colaboración y enfrentamiento material y espiritual- como nos dice Morente- ahogada y decadente, tuvo que ceder el puesto a la cultura española. En cuanto a la otra misión, la de extender la cultura occidental por el Nuevo Mundo, nos dice Morente, que lejos de ser una leyenda negra de imperialismo, lejos de querer los españoles vivir de los pueblos a los que llegaba, querían convivir con ellos: << Los españoles han sido los únicos blancos que han contraído matrimonio con indígenas>>. Y ¿cuál es la cultura occidental que tenía que llevar al nuevo mundo? Pues no es otra cosa, que la civilización, esto es, el cristianismo, el catolicismo. Nos dice Morente, que, en nuestra literatura, queda reflejada el alma de la esencia española que supo recoger como nadie Don Miguel de Cervantes Saavedra en las figuras de Don Quijote y de Sancho, pues en estos personajes se recogen las dos dimensiones ineludibles que debe tener toda persona, todo pueblo, toda patria, a saber, la dimensión natural material, y la dimensión espiritual, sobrenatural. Idealismo y materialismo son las dos dimensiones de la realidad que estarán conjugadas hasta el final de los tiempos en el alma española. Para la tarea espiritual que tiene España en la historia universal se ha ido construyendo un idioma, el español, que no por casualidad, ha sido y es el segundo idioma más extendido en el mundo geográficamente, y es, como nos dice Morente, porque el idioma español , su estructura, su semántica, su gramática, sintaxis y su fonética, es la que mejor se adecua a la esencia de lo humano, y nos recuerda lo que decía Carlos V : que para hablar a los ángeles empleaba el italiano, para hablar a las mujeres empleaba el francés, para hablar a los caballos el alemán, pero usaba el español para hablar a los hombres,
Pero la esencia de España viene definida por lo que quiere, por lo que anhela, por lo que mueve su espíritu: una cultura no es lo que ha hecho, sino lo que hubiera querido hacer, una cultura no es lo que materialmente representa en la historia, sino lo que hubiese querido representar. Así pues, hemos de definir cada cultura, cada esencia vital, por su voluntad de ser, no por lo que es efectivamente o por lo que ha sido, sino por lo que quiere ser. ¿Y cuál es el alma española, qué desea, qué busca, qué anhela incansablemente? Según Morente no busca mandar, no busca divertirse, no busca mostrarse y alardear de nada; y digo yo, que tampoco busca ser una potencia económica, ni busca ser una potencia militar, lo que busca y anhela es ser una potencia en dignidad moral y que se respete su dignidad moral, su forma de vivir, su forma de rezar, su forma de celebrar, su forma de comer, su forma de hablar, su forma de convivir, de hacer arte, su forma de comer, hasta su forma de morir. El interés de España nunca ha sido el interés materialista porque en España lo material siempre ha estado atravesado por su interés espiritual y moral y este interés fue extendido a toda Europa, que no solo es una relación económica sino una relación moral cristiana y demócrata. Y aquí, vamos llegando al quid de la cuestión que nos ocupa. Nos recomienda Morente lo siguiente: pensad lo que sería España si las diferencias de credos políticos, las más extremas, quedasen supeditadas a esta principal y fundamental idea: una política moral; que los puestos, los cargos, la marcha de los negocios estuviesen regidos por una opinión pública, atenta, no al acierto o fracaso técnico del gobernante, sino principalmente a su actitud moral .
El problema de la política española actual, y no solo la española sino también la europea es que ha abolido a pasos de gigante la moralidad de la política, se ha olvidado el trasfondo cristiano que ha permitido vivir en una comunidad de naciones tan distintas pero unidas por un acuerdo no solo material y económico sino espiritual y religioso en un acuerdo moral. Hemos olvidado que la historia no es un mero transcurrir del tiempo que mueva el hombre con sus luchas de poder o de clase, hemos olvidado como nos recuerda Morente que, el transcurso histórico pertenece a Dios, y las leyes de la historia o de la ciencia no pueden explicar todo del hombre y de sus hazañas ; y así, en momentos de crisis, el hombre vuelve la vista a Dios, y esto, lejos de ser una enajenación como han pensado todas esas corrientes que sólo definen al hombre como un ser material sin un ancla a la que asirse, es un aliento de esperanza y de fuerza, que anima a los hombres a mantenerse firmes en sus principios morales frente a las turbulencias de la historia. A través de la oración, a través del recogimiento moral que nos conecta con Dios y con nuestra esencia, nos conectamos no solo con lo que es, con lo que ocurre, sino con lo que debería ser. Según Morente son varias cosas las que hacen que se destruya tanto una persona como una nación, a saber, la traición a uno mismo a sus principios; la traición a Dios, a la tradición de un pueblo, al cristianismo, a la democracia; y la traición a la patria, a la soberanía, a las costumbres y cultura de un pueblo. La filosofía de la historia moderna, sacó a Dios de la ecuación que explicaba el mundo y al hombre , intentando explicar la historia y organizar la sociedad exclusivamente desde un punto de vista material, desde un punto de vista meramente natural, borrando del hombre y de la historia la dimensión sobrenatural y con ella la dimensión moral fue borrada de un plumazo de la política, de la economía e incluso de la medicina y del derecho.
Actualmente nos enfrentamos, no solo en España, sino en todo Occidente a un relativismo en todos los órdenes que está llevando a la civilización occidental a un final devastador. El relativismo moral no es una opción que permita crear nada, necesitamos un orden que permita distinguir el bien y el mal, lo justo y lo injusto. Nuestra sociedad, nuestro Estado de derecho, está basado en nuestra moral y en nuestra costumbre. Si no lo defendemos, no vendrá el relativismo sino otra moral no cristiana, no demócrata, no occidental, que ocupará el lugar desde donde se construye la civilización y se mantiene la tradición. Con esto no quiero decir que no puedan convivir dos culturas durante un determinado momento del tiempo, España es un buen ejemplo de esto, pero como dice Morente, al final una acabará absorbiendo a la otra. En Europa se está debilitando la cultura occidental y lo oriental en todas sus formas está tomando terreno sobre el cuerpo y alma europeos; y no olvidemos que Occidente significa no solo cristianismo, sino democracia. Como decía Chesterton la tradición es la democracia de los muertos, y es el cuidado de nuestra tradición el que nos permitirá seguir viviendo en democracia, esto es, en un Occidente no solo geográfico, sino cultural, social y político. De todos nosotros depende. ¿Quién se apunta?