Parecía imposible gobernar con veinte partidos. Pedro Sánchez lo ha conseguido demostrando su...
Parecía imposible gobernar con veinte partidos. Pedro Sánchez lo ha conseguido demostrando su extraordinaria habilidad para sobrevivir. Durante dos años, a base de concesiones a todos los partidos que le sustentan, sobre todo a los separatistas catalanes y vascos, el presidente del Gobierno ha permanecido sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa. Observadores políticos reconocidos por su sagacidad se equivocaron al afirmar hace dos años: “Esto no dura seis meses”. A trancas y barrancas ha durado y el líder socialista que aspira ahora a continuar otros dos años, pero tiene las cosas cada vez más enmarañadas. Varios partidos, entre ellos Podemos, Junts, BNG y ERC gallean desdeñosos. Se permitieron apagar la luz del sanchismo en el Congreso de los Diputados, descalabrando la ley antiapagón, y lo que es más importante, impidiendo que se presentaran otras dos leyes clave en los proyectos del PSOE.
La realidad actual roza la angustia. La angustia de todos, pero tal vez no la de Pedro Sánchez que permanece de viaje y sonriente. Según su entorno, cree que arrancará de sus socios y aliados la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado concernientes al año 2026. Y efectivamente si lo consiguiera eso significaría el balón de oxigeno que necesita para apurar la legislatura. En las democracias pluralistas plenas, lo normal es que la ley de los PGE sea clave. Si no se consigue su aprobación el partido en el poder debe convocar elecciones generales. Y el líder socialista, por cierto, lleva tres años prorrogando los Presupuestos y abofeteando en pleno rostro a la democracia.
El apagón de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados no es definitivo. Hará cuantas concesiones sean necesarias, incluso las más indignas e indecentes, para que los veinte partidos que le sustentan voten a favor del proyecto de los Presupuestos Generales del Estado. Eso será pasado el verano, en el próximo otoño que se perfila especialmente caliente. Los observadores políticos más sagaces aseguran que no lo conseguirá. Pero llevan diciendo lo mismo desde hace dos años. La objetividad exige esperar acontecimientos y no pronunciarse hasta que se despejen los horizontes tan emborrascados hoy y tan turbios.