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WELTPOLITIK

Todos contra Trump

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 30 de julio de 2025, 18:45h

Aunque recibió el nombre pomposo de bloque de gobernantes de izquierda, en realidad el grupo convocado por el presidente chileno Gabriel Boric --ya terminando su período de gobierno-- utilizó esa caracterización ideológica para abrirse un espacio en la agenda anti Trump. Pero desde ahora se sabe que ese grupo fue estimulado más por el presidente Pedro Sánchez en medio de un gravísimo escándalo de corrupción que hizo tambalear su legislatura.

Eso de izquierda no es, ni con mucho, socialismo utópico, ni busca construir un modelo de desarrollo anticapitalista, y solo quiere margen de maniobra política para enfrentar los acosos del Gobierno de Trump. Alguien mencionó en México que se querría convertir a este grupo en una especie del bloque de los No Alineados de los sesenta, pero entre los cinco Jefes de Estado actuales no existe nadie con la dimensión del liderazgo histórico que tuvieron, en ese momento, el yugoslavo Josip Broz Tito o el cubano Fidel Castro, además de aquel tiempo histórico de los No Alineados vivía la guerra fría y habría que buscar un acomodo fuera de la guerra EE UU-URSS, aunque con una alineación real a Moscú.

Por cierto, el bloque de izquierda de cinco países tomó en consideración a México, pero se olvidó que México no juega subordinado en canchas de bloques geopolíticos, aunque simpatice con ellos, y que tiene el anclaje de la vecindad con el imperio americano.

En América Latina se percibió a un Pedro Sánchez en modo de desesperación política porque por esos días parecía estar a medio paso de la renuncia, pero un medios españoles se movió la noticia en primera plana sin que se llegara analizar si realmente en el plan geopolítico de España que pertenece a Europa pudiera también lograr un acuerdo geopolítico con otra agenda que poseen los países latinoamericanos confrontados con Washington.

El presidente Boric abandono el espacio internacional en sus casi cinco años de gobierno y prácticamente de la bolsa parece haber dicho: ah, miren lo que me encontré, una tarjeta con una propuesta de un bloque de izquierda para defender la democracia. Y esta caracterización de bloque por la democracia en realidad en sus países no está en riesgo el régimen de gobierno y en los hechos el presidente Trump tampoco parece estar decidido a tumbar gobiernos democráticos para poner en su lugar dictaduras militares como fue el modelo reaganiano de los ochenta.

Chile, Brasil, Uruguay y Colombia son democracias procedimentales con equilibrios de poder internos y en los últimos años se han visto oscilaciones pendulares entre izquierda y derecha. Pero la conceptualización de un bloque 2de izquierda” no debe asustar a nadie por que ese modelo está muy lejos de la polarización que generó de 1959 a 1971 el gobierno comunista de Fidel Castro. La democracia permitió a Lula regresar al poder después de acusaciones graves de corrupción y del derrocamiento de su anterior sucesora Dilma Rousseff justamente por corrupción, la bandera de izquierda y de alianza socialista-comunista se votó en Chile ya sin la sombra de Pinochet y es posible que Boric le suceda una candidata comunista, Uruguay tiene una profunda tradición democrática y en Colombia gobierna un presidente que perteneció a las FARC guerrilleras de Colombia.

El discurso de izquierda de este bloque es, en el mejor de los casos, socialdemócrata sin modificación de la estructura productiva de la lucha de clases que diferencia con claridad a la burguesía con el proletariado, y son países que se sustentan con discursos progres o progresistas y ciertas políticas sociales de beneficio popular.

Si se requiere alguna caracterización general de estos cinco países –ya incluyendo a España-- se pudiera decir que pertenecen a la corriente populista en términos de la politología y las ciencias sociales; es decir, caudillistas, con inclinaciones y objetivos de beneficio popular, pero sin afectar la estructura de apropiación de la riqueza social por los empresarios que poseen la propiedad de los medios de producción. Sus políticas sociales son fiscalistas, de subsidios cada vez más improductivos y sin impacto en la dinámica de la producción de bienes y servicios. Eso sí, su discurso es antiamericano, que tampoco es estrictamente socialista, y es más concretamente anti Trump, y en este esquema caben a veces derechistas con sentido social.

El bloque de izquierda no es el único que existe en América Latina: el grupo Puebla, que nació del estímulo del PSOE anterior a Sánchez, se diluyó en una burocracia sin funcionamiento y varios de los países miembros pasaron al bloque de derechas.

El grupo BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, más algunos miembros no formales-- está tratando de recuperar el espíritu del Foro de Sao Paulo para buscar muy lentamente la construcción de un modelo económico con marco referencial geopolítico anti estadounidense. Y el bloque bolivariano que fundó Hugo Chávez prácticamente quedó diluido por los problemas de legitimidad política y democrática que arrastra Nicolás Maduro: Bolivia, Colombia, Panamá, Ecuador y Perú.

América Latina es un archipiélago de intereses muy locales, de diferenciales de desarrollo productivo muy marcados y de inestabilidades democráticas dominadas por grupos locales de poder. Cuba perdió todo tipo de autoridad moral para intentar conducir al bloque bolivariano y Nicaragua cada vez se hunde en una dictadura personal monárquica que tendrá que terminar con la desaparición física por edad del presidente Daniel Ortega y su copresidenta esposa.

De todos estos grupos de países solo uno tendría posibilidades de ejercer un liderazgo, pero con figuras que carecen de fuerza y arrastre internacional: Brasil se ha convertido en un gobierno unipersonal que gira en torno al voluntarismo de Lula y aparece de manera directa o indirecta en todos los bloques.

De los países grandes de la región solo México y Argentina --con capacidad productiva fuerte, pero sin arrastre internacional productivo-- tienen características de aislamiento propias: el populismo mexicano va a sobrevivir si mantiene su autonomía relativa de otros bloques geopolíticos y Argentina está liquidando ya toda la huella del populismo peronista que comenzó buscando en la justicia social y terminó como una piñata de corrupción nacional.

En ese contexto ocurrió en la reunión relámpago del 20 de junio impulsada por el chileno Boric, el español Sánchez y el brasileño Lula, pero su falta de solidez está siguiendo el mismo camino del grupo BRICS: solo pronunciamientos geopolíticos y nada de interrelación regional.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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