País Asco
sábado 06 de diciembre de 2008, 16:55h
Antes de que me condenen a la hoguera de los reaccionarios por titular de esta guisa mi columna de hoy, déjenme siquiera que intente defenderme. Antes, también, de que empiece a balbucir torpes justificaciones, permítanme aducir fiebre o, al menos, afectismo ñoño y descarnado. Ya está, ya pueden saltar sobre mi yugular. No me resistiré, tampoco me bajaré del burro. Casi me sonroja menos escribir este titular que tener que maquillar la rabia con el barniz de la ecuanimidad. No voy a regalar piropos bienpensantes. Me importa un carajo ahora mismo que el País Vasco sea un lugar maravilloso. Paso de pintxos y de txakolís, de la Concha, de Igueldo, del Guggenheim, del bacalao al pil-pil y de la arcadia feliz de Ibarretxe. Ahora, solo siento asco.
A mí, que los matones de ETA asesinen a un empresario más ya no me indigna. Me conmueve, pero no me indigna. ¿Qué otra cosa cabría esperar de ellos? La indignación es otra cosa. Es lo que se siente al ver que solo nueve valientes reúnen la dignidad suficiente para concentrarse en repulsa de un nuevo asesinato. Indignación es ver que hay gente que solo tiene cabeza para aguantar el peso de la txapela, solo manos para dar mus, solo boca para envidar a grande, solo ojos para anunciar al compañero que lleva 31. Retomar la partida de cartas del día anterior sin reparar en la ausencia del que se supone amigo, eso, eso no produce indignación. Eso da asco.
Da asco pensar que un 70 por ciento de los vascos nunca se ha manifestado en contra de ETA. Unos, por cobardes; otros, por cómplices. Y da asco la espiral de silencio que ETA ha sembrado en Euskadi y que el PNV ha regado cada día desde hace 30 años. Por no hablar de la gentuza de ANV, que permanece impasible mientras el resto de concejales del ayuntamiento de Azpeitia porta pancartas de “ETA fuera”. ¿A qué esperamos para desterrarles de las instituciones democráticas?
Mientras tanto, sigo oyendo hablar del “conflicto” vasco, ignorante de que estuviéramos en guerra. Y continúan los cantos de sirena que piden la paz, pero, cuando voy a San Sebastián, no veo caer bombas, ni tanques, ni soldados uniformados. ¿Saben? lo de la paz está muy bien, pero yo me conformo con que haya libertad. Libertad y valentía, porque los vascos decentes se merecen un País que no de asco.