Es el signo de los tiempos. Las democracias pluralistas plenas europeas, salvo...
Es el signo de los tiempos. Las democracias pluralistas plenas europeas, salvo alguna excepción, han generado fórmulas de partitocracia, convirtiendo a los partidos políticos en agencias de colocación que otorgan puestos de trabajo a parientes, amiguetes y enchufados. La fórmula ha triunfado en España y los partidos políticos, grandes o pequeños, en cuanto tocan poder se dedican en primer lugar a atender a los suyos. Basta con aportar el dato de que en 1980, los españoles pagaban a 700.000 funcionarios y hoy se ven obligados a atender a más de 3.500.000, aparte la caravana incesante de asesores, colaboradores y empresas públicas. Todo ello al margen de los ramalazos de corrupción que ensombrecen la vida nacional no solo en España, también en Italia o Alemania.
Y un dato incontrovertible. Los españoles, para satisfacer las exigencias de Hacienda, deben trabajar 228 días solo para que el partido de turno, a costa de unos impuestos que sangran al contribuyente hasta la hemorragia, puedan atender el despilfarro del gasto público, el derroche económico que no cesa ni se detiene, sino que crece día a día.
Pedro Sánchez no solo ha continuado la estela de los despropósitos públicos, sino que la ha mejorado de forma significativa. Resulta que los españoles trabajan para pagar impuestos 52 días más al año que cuando el líder sanchista llegó a Moncloa. El expediente económico de Pedro Sánchez no puede ser más sencillo: se necesita dinero, pues se suben los impuestos. O se pide prestado a Europa, lo que ha encaramado, por cierto, la deuda pública por encima del billón seiscientos mil millones de euros.
¿Solución a semejantes despropósitos? Los expertos más cualificados no la encuentran. Ningún partido político parece dispuesto a dejar de ser agencia de colocación de los suyos o a recortar el despilfarro general. En Europa no existe la motosierra y caminamos francamente, según los economistas más prestigiosos, a una quiebra generalizada de consecuencias imposibles de prever.