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EN LA FRONTERA

Malas lenguas

sábado 02 de agosto de 2025, 19:42h
Actualizado el: 08/02/2025 19:48h

Aunque el título de este artículo es el mismo del “emblemático” programa de TVE, que ha despertado la irá de los Consejos de Informativos de la emisora pública y la mía propia, no voy a hablar de él, porque no merece la pena publicitar a los enviados de Moncloa a Prado del Rey, que tergiversan cualquier información que pueda “perjudicar” al veraneante de Lanzarote.

Por eso, me van a permitir en estos inicios del mes de agosto, que aparte de recordar con alegría el jubileo de los jóvenes, más de medio millón en Roma, y el de todos aquellos que escriben y son usurarios de la redes, a los que León XIV ha dicho que “el uso excesivo de las redes nos perjudica y que ya no somos capaces de decirnos las cosas más simples”, pues por eso precisamente, quiero recordar un hecho que me contó una gran amiga, Mercedes Fernández que un día me decía que “según la mayoría de los analistas de hoy en día, nuestros padres desde que nacimos han estado intentando matarnos. Por lo visto hemos llegado a adultos por los pelos, ya que teniendo en cuenta que el gluten es malo, la lactosa también, los cereales y el pan blanco son veneno, el azúcar es lo mismo que el cianuro, la fructosa de los zumos te revienta por dentro y que las grasas son como resina para las arterias, nosotros no deberíamos estar vivos. Mirando hacia atrás, veo a mis padres y comprendo su plan para eliminarme con aquellos filetes con patatas frías y el aceite de la sartén por encima. Luego al ver que me levantaba vivo por la mañana, lo volvían a intentar con un buen Cola Cao con una torre de galletas María, unida por una capa de mantequilla o de margarina. Como aquella fórmula no les había funcionado, nos reforzaban con una merienda a base de ¡pan blanco con chocolate o foie gras!, ya que entonces no existía la tontería del paté, y a veces lo intentaban con más ahínco regando una rebanada de pan con vino y añadiéndole azúcar blanco”.

Me pregunto: “¿se puede ser más asesino?" Pues no bastaba, porque los fines de semana entraban los extras y en el desayuno nos daban unos buenos sobaos pasiegos o churros, y como tenían más tiempo para cocinar, nos ponían para comer una buena fabada con su chorizo, su capa de grasa flotante y más pan para mojar. Y de postre. ¡Ay, el postre! Pues un buen arroz con leche, y si era verano un helado al corte de tres a sabores.

En la cena podía caer un pollo asado con salsita para seguir mojando y de poste, natillas.

Claramente nuestros padres eran unos psicópatas sin sentimientos, pues hicieron todo lo posible, todo lo que pudieron, pero al final aguanté, y lo más sorprendente de esa alimentación es que peso ahora mis buenos kilos y estoy bien de salud.

Todo esto, me lleva a pensar, que si tengo algo mal, va a ser por la actividad. Por ver y oír programas como “Malas lenguas”, y desde luego por más que se empeñen personajes con nariz de pájaro tropical, no voy a alimentarme solo de lechugas criadas en libertad y recogidas bajo la luna menguante del quinto ciclo de Júpiter en relación con Saturno.

Por cierto, mi homenaje a las abuelas. Aquello si que eran auténticas casas de tortura, porque nunca habías comido lo suficiente. Gracias a todos y buen agosto, a pesar de las “Malas lenguas” que hablan de todo sin saber de nada.
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