El pasado mes de julio el presidente de la República Checa refrendó la ley que castiga penalmente la difusión de propaganda comunista en el país centroeuropeo. Es una buena noticia que la propaganda nazi y la comunista reciban el mismo tratamiento y revela una claridad moral admirable. El fondo totalitario que el nazismo y el comunismo comparten deberían llevar a dar a su propaganda el mismo tratamiento en los distintos órdenes sociales.
En efecto, hay países en los que el comunismo sigue gozando no sólo de buena prensa, sino de cierto reconocimiento moral que trata de disimularse con condenas al “estalinismo” como si Stalin fuese la excepción y no el alumno aventajado de una ideología de campos de concentración, cárceles y fosas comunes. No. Stalin no fue una excepción entre los dictadores comunistas: fue su modelo. Ahí está el siniestro Mátyás Rákosi para demostrarlo.
Pongamos un ejemplo.
El 14 de junio de 1949 el Kaleva – el Junker que operaba vuelo 1631 de Tallin, capital de Estonia, a Helsinki, capital de Finlandia- cayó derribado sobre el golfo de Finlandia por los disparos de dos aviones soviéticos. Murieron sus nueve ocupantes, entre ellos un diplomático estadounidense y dos correos diplomáticos franceses. Los cuerpos nunca aparecieron. Unos pescadores finlandeses lo vieron todo y pudieron recuperar algunos objetos del avión. Al poco tiempo, un submarino soviético apareció para llevárselo todo incluida la correspondencia diplomática. El día 16 de ese mes, por cierto, la URSS invadiría Estonia poniendo fin así al periodo de independencia de la República nacida después de la Gran Guerra.
Esto es el comunismo: una ideología de la vida sin valor. No tuvo valor ni la vida de los pasajeros y la tripulación del Kaleva. No tuvo valor la vida de los estonios que sufrieron la ocupación soviética. No tuvieron ni tienen valor las vidas de los millones de seres humanos a quienes los comunistas oprimieron y oprimen en aras de la liberación de la humanidad, el desarrollo o la prosperidad. El comunismo no es sólo una prisión, sino también un cementerio, una fosa común o nueve cadáveres desaparecidos en las aguas del golfo de Finlandia. Estonia y la URSS no estaban en guerra. Finlandia y la URSS tampoco. Derribaron el avión de todos modos.
Un equipo finlandés encontró en junio de 2024 los restos del Kaleva. Contar su historia es también recordar en qué consiste realmente el comunismo.