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Trump, al infinito y más allá…

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 13 de agosto de 2025, 20:28h

Si bien uno de los puntos sensibles de la política es el de engarzar tiempos de gobierno, el presidente Donald Trump a veces se pasa de tostadas en el desayuno. Apenas va a cumplir siete meses de gobierno de un período constitucional de cuatro años y ya desde ahora tiene resuelta su sucesión para el ciclo gubernamental 2029-2031 y su delfín es nada menos que su vicepresidente J. D. Vance.

Para los que viven pensando en qué está respirando Trump, en ese anuncio hubo una buena noticia: Trump terminaría su segunda presidencia en 2029 con 83 años yt ya no trataría de buscar en los pliegues constitucionales estadounidenses la posibilidad remotísima de buscar un tercer período presidencial para entregar la presidencia con 87 años.

En la historia política de EE UU, solo Ronald Reagan había llegado a niveles de edad como ningún otro mandatario: a los 78 años terminó su segunda presidencia, Y vivió quince años más como expresidente para fallecer víctima de Alzheimer a los 93 años.

Trump tiene una complexión obesa pero muy fuerte, con una salud que oficialmente resistirá los cuatro años de gobierno y podría extenderla cuatro años más, y hoy solo algunos problemas de circulación en las piernas que se acaban de descubrir como parte de la edad y del sobrepeso, pero sin poner en riesgo su vida.

En estos casi siete meses de segunda administración, Trump tiene al mundo bailando a su ritmo, como una imagen que aquí hemos recordado alguna vez y que hoy merece repetirse su invocación: la escena de Chaplin donde el gran dictador juega como el planeta tierra como un globo de gas y disfruta del absolutismo de su poder.

Pocos se han detenido a reflexionar en lo que sería la principal característica de Trump al frente de la Casa Blanca: por razones de poderío económico, geopolítico y militar, Estados Unidos se había convertido en una especie de zona de confort para perseguidos de todo el mundo, incluyendo de manera paradójica a los exiliados procedentes de países donde Estados Unidos habían puesto gobiernos dictatoriales.

La política anti migratoria de Trump --y esto es un argumento que se puede y se debe discutir más a fondo, pero que aquí se asume solo para ilustrar una parte de sus alcances-- no obedece estrictamente a criterios racistas de exclusión por color de la piel u origen étnico, sino que pareciera más bien estar definiendo un criterio de exclusividad nacional. Es decir: Estados Unidos solo para los estadounidenses y no más por razones sentimentales a perseguidos de otros países.

La exclusión racial de Trump desde luego que se confronta con el origen de su familia como migrante, pero es que tomar en cuenta que muchas veces ciertos perfiles autoritarios se forjan en contra de sus propias características: qué mejor que un migrante para cerrar la puerta a los demás migrantes y dejar a Estados Unidos solo para los estadounidenses nacidos.

El enfoque migratorio es importante porque sin duda podría determinar a quién apoyaría Trump como su sucesor en las elecciones presidenciales de noviembre de 2028. Y ahí es en donde Trump ya definió a su delfín: el vicepresidente J. D. Vance, un personaje proveniente de la pobreza de la zona de los Apalaches y después de mucha cultura del esfuerzo personal logró convertirse en empresario y de ahí saltar a la vida política como senador, un tránsito de vida que registró en sus memorias Hillbilly Elegy, p`osteriormente llevada a una película bien realizada.

A pesar de que ya Trump manifestó sus preferencias por Vance, no hay que perder de vista que en política nada es permanente y en ese sentido no debe desdeñarse, por ejemplo, el papel activo que está cumpliendo el secretario de Estado Marco Rubio, quien se había inscrito como aspirante el año pasado, aunque prefirió dejar pasar a la locomotora Trump sin frenos que venía atropellando a quien se le pusiera enfrente. Y pueden, por razones de la política al estilo americano, surgir por ahí dentro de dos años algunos otros aspirantes a la Casa Blanca.

A pesar de su posicionamiento mundial como eje de todos los conflictos y soluciones en el mundo, Trump aparece con los hilos de poder en las manos, aunque muchas veces las riendas de esa carreta de competencia no tengan un destino muy concreto. La agenda migrante en términos de interés mundial ha disminuido, los aranceles desordenaron por completo la economía y están regresando el sistema productivo mundial al viejo proteccionismo que tanto daño hizo y las intervenciones de Trump para tratar de apagar conflictos bélicos mundiales no han dado los resultados porque se han agotado en meras declaraciones y no en negociaciones de poder con las cinco naciones que seguirán poniéndole piedritas o verdaderas rocas en el camino: Rusia, China, India, Corea del Norte e Irán.

La lógica el poder en Estados Unidos todavía le conferirá a Trump un año, pero de manera inevitable la fuerza de la Casa Blanca comenzará a declinar en el segundo semestre del próximo año y se verá que el presidente americano entrará en modo de “pato cojo” o ave que ya no puede volar y que queda a merced de otros animales depredadores más rapaces.

Finalmente, también le está ayudando a Trump el desdibujamiento del Partido Republicano, los problemas acumulados de los Clinton y sobre todo la verdadera falta de liderazgo político interno del expresidente Barack Obama, un Partido Demócrata sin liderazgos ni proyectos políticos.

Mientras tanto, queda el señalamiento de Trump: después de él, Vance y como Buzz Lightyear, el infinito y más allá…


indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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