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Novela

James Ellroy: Los seductores

domingo 17 de agosto de 2025, 22:13h
James Ellroy: Los seductores

Traducción de Carlos Mila Soler. Random House. Barcelona, 2025. 536 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Carmen R. Santos

En la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 fue encontrado en su apartamento de Los Ángeles el cadáver de Marilyn Monroe. El informe oficial certificó que la causa de la muerte había sido una intoxicación aguda por barbitúricos y los médicos de la actriz declararon que anteriormente había tenido episodios de sobredosis, y que era propensa a miedos, grave inestabilidad emocional, depresión y cambios de humor abruptos e impredecibles. Su fallecimiento causó una enorme conmoción y, más allá de la versión oficial que apunta al suicidio, ha hecho correr ríos de tinta y se han barajado un sinfín de hipótesis: ¿la sobredosis fue accidental o intencionada? o, más aún, ¿había sido “animada” a tomar la ingesta mortal? Estallaron las especulaciones sobre la presunta implicación de John F. Kennedy en su muerte, ya que la actriz había mantenido una relación amorosa con el presidente norteamericano.

Sea como fuere, Marilyn Monroe se convirtió en un mito que traspasó lo cinematográfico e inspiró a más de un escritor. Una de las obras más famosas es Blonde, de Joyce Carol Oates, quien noveliza su vida y ofrece de Marilyn, aunque sin eliminar por completo las aristas, una visión de juguete roto. Y no olvidemos en esa misma línea el testimonio de Truman Capote, en Música para camaleones. Parece ser que al autor de la celebérrima A sangre fría, su amigo y confidente, le escribió una carta, que no llegó a su destinatario, pocos meses antes de morir en la que le decía que se sentía amenazada y le pedía ayuda.

Ahora llega James Ellroy (Los Ángeles) que, sin cortarse un pelo por el peso de la leyenda, rompe el hechizo y nos presenta a una Marilyn no precisamente encantadora ni víctima. La Marilyn Monroe del llamado “perro diabólico” de la literatura norteamericana es estúpida, sin el menor talento, adicta a las drogas y muy hábil para manipular a la gente en su propio beneficio. Así aparece en su última novela, Los seductores -y Ellroy lo ha repetido en su visita a España para promocionar la novela-, de la mano de su protagonista y narrador en primera persona, el detective y expolicía corrupto Freddy Otash, una figura que existió realmente y que Ellroy ya sacó en Pánico. Así, como suele ser frecuente en su producción, en Los seductores se entremezclan personajes ficticios y reales -hasta los mismísimos John y Robert Kennedy-, cuya nómina encontramos en un Dramatis Personae, que cierra el volumen.

En 1962, en Los Ángeles, el escenario predilecto de Ellroy, se mueven todos ellos en este retrato coral. A Freddy Otash le contrata Jimmy Hoffa, líder sindicalista de prácticas mafiosas, para que busque lo que se esconde tras el glamour de los Kennedy y su Camelot. En el tórrido agosto de 1962 a la muerte de Marilyn Monroe se suma el secuestro de una joven actriz y Otash ve conexiones entre ambos sucesos. Luego, Otash cambiará de contratante de Jimmy Hoffa a Robert Kennedy. Y seguirá atando esos “cabos sueltos” que, como él mismo dice, hay en el mundo.

El asunto de Marilyn Monroe puede ser lo más llamativo de Los seductores, pero no debemos perdernos en ello. La última novela del autor de L.A. Confidencial es una excelente oportunidad para sumergirnos en el estilo -afiladamente seco- y la cosmovisión tremendamente negra -y no solo por el género- de James Ellroy. No deja títere con cabeza y en su concepción del noir no solo hay una crítica social, a la corrupción policial y política…sino que presenta en toda su crudeza el mal que campa por doquier y que anida en el corazón humano, lleno de contradicciones, y más allá de las circunstancias sociales. Incluido el suyo, con sus Mis rincones oscuros, exploración de la violación y asesinato de su madre -que nunca se esclareció- cuando él tenía diez años, y confesiones a tumba abierta.

En una reciente entrevista Ellroy ha afirmado: “Creo que hay mucho pecado y mucho sexo en el mundo. Creo en el pecado original. Somos pecadores, somos una raza caída. Mire el mundo, es un lugar trágico. El pecado se impone. La justicia es derrotada más veces de las que prevalece, el amor perece más de lo que triunfa”. Al final de Los seductores, Freddy Otash tiene un gesto inesperado para alguien como él. ¿Hay, quizá, posibilidad de redención?

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