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TRIBUNA

¡Qué escándalo! Trump se ha reunido con Putin para acabar la guerra en Ucrania

sábado 23 de agosto de 2025, 18:45h

Es el segundo “escándalo” de este tipo que han montado los medios antitrumpistas en colaboración con sus periodistas, analistas, politólogos, expertos y otros “gurús” en asuntos mundiales, acusando a Trump de lo mismo que en aquel “primer” escándalo, sobre el cuál he escrito un artículo, publicado en las páginas de este periódico, 23.02.2025, bajo el título: “¡Qué escándalo! Trump habló con Putin para acabar la guerra en Ucrania”. Este artículo estaba dedicado explícitamente al hecho de que Trump, por primera vez desde que fue elegido presidente de los Estados Unidos, se puso en contacto telefónico con su homólogo ruso, para dar el comienzo a la realización del plan que él había ideado para acabar con la guerra ruso-ucraniana. Recogí las barbaridades que se habían vertido contra la idea de Trump; en verdad, se vertieron un auténtico vendaval de críticas, descalificaciones, acusaciones, incluso insultos, contra Trump por la mayoría de los medios de comunicación y sus penosos colaboradores así llamados “expertos en temas de la geopolítica”.

¿Y ahora qué vemos? Pues, prácticamente, esos mismos titulares podemos verlos ahora en los medios que comentan la reunión de Trump con Putin en el aeropuerto de Alaska, el viernes 15 de agosto. Y aunque, desde aquella conversación telefónica hasta el actual encuentro “físico” entre ambos presidentes, han pasado más de seis meses y ninguna de las insinuaciones de los “gurús” se ha cumplido, el coro de los grillos antitrumpistas sigue cantando la misma milonga de que Trump es un traidor y perdedor frente a Putin.

Durante todo este tiempo han tenido lugar unas intensas negociaciones entre los equipos de Trump, por un lado, con Zelenski y los principales líderes europeos, y, por otro, los de Putin. Como resultado Putin tuvo que ir aceptando la idea de empezar a negociar directamente con su rival y enemigo Zelenski un Acuerdo de Paz, a lo que hasta ahora el dictador kremliniano se negaba rotundamente. Han sido, exactamente, las presiones de Trump y los líderes europeos las que han obligado a Putin a pedir “cita” con Trump para hablar con él “tête a tête”, para evitar las sanciones económicas que el presidente norteamericano había anunciado en su último ultimátum al Kremlin que expiraba el 7-8 de agosto pasado.

Ni los envíos de más armamento a Ucrania del que tanto hablaron los estrategas de turno, ni las enormes pérdidas en efectivos que sufría el ejército ruso en los campos de batalla en Ucrania, han obligado a Putin a empezar hablar del fin de la guerra y de negociar la paz. Lo hizo la presión económica, la amenaza de las nuevas y más dañinas sanciones contra el comercio ruso, que, puestas en la práctica, en un breve periodo de tiempo podrían arruinar la economía rusa, con unas fatales consecuencias para Putin y su camarilla en el poder.

Pero para que esta derrota kremliniana se produjera, se necesita tiempo (un año o más) durante el cual seguirán muriendo miles y miles de ucranianos y también de rusos (6-7 mil semanalmente, según las estadísticas actuales). Para evitar esta masacre y parar la guerra ya, Trump y su equipo “internacional” en varias rondas de negociaciones con los representantes del Kremlin (en Arabia Saudí, Turquía), así como en las conversaciones directas en Moscú del enviado especial de Trump con el propio Putin, estaban ofreciendo al Kremlin una salida “digna” de la nefasta situación en que se encuentra Rusia después de más de tres años de la guerra, sin lograr ni un solo objetivo que pretendía Putin al haber empezado esta Operación Militar Especial (SVO – siglas en ruso).

Trump está ofreciendo a Putin, a cambio de acabar la guerra, el levantamiento de las sanciones y una cooperación económica y de todo tipo con Estados Unidos y los países occidentales, que funcionaba perfectamente antes de la agresión rusa contra Ucrania. Como estamos viendo, la estrategia de Trump de conseguir las paz no por las armas, sino por los negocios, el comercio y la cooperación económica, mucho más beneficiosa para las partes contrincantes que la destrucción y el empobrecimiento de los países, funciona asombrosamente bien (Trump, desde que entró en la Casa Blanca, ha conseguido parar seis conflictos bélicos que estaban en marcha en varias regiones del mundo).

Pero para conseguirlo, entre otras cosas, hay que hablar por teléfono y hay que reunirse personalmente con los agresores y con los atacados y hay que convencer a los ambos del beneficio de la Paz ante los desastres de la guerra.

Pues, precisamente, este proceso de pacificación entre Rusia y Ucrania, se había empezado con la primera conversación telefónica de Trump con el agresor Putin, que suscitó tanto escándalo, del que he hablado al principio de este artículo. Y está terminando – de momento – con el encuentro de Trump con Putin en Alaska, que está provocando otro escándalo, no menos clamoroso, que aquella plática a distancia entre el Kremlin y la Casa Blanca.

Quiero recordar que de aquella conversación telefónica entre Trump y Putin no había salido ningún detalle fidedigno sobre el plan concreto que estaba proponiendo el presidente norteamericano a su homólogo ruso. Menos un escueto comunicado del propio Trump en su cuenta del TWITTER. Fue un comunicado en clave, destinado a los que saben leer entre líneas.

Yo he intentado descifrarlo para ver qué podía haber ofrecido Trump a Putin para convencerlo de que ya había llegado el momento de acabar con la guerra en Ucrania. Y lo describí en el ya mencionado artículo del 23.02.2025. El lector podrá ver que he acertado en mis “insinuaciones” – lo ha demostrado el tiempo transcurrido –, cuando hablo que Trump lo más probablemente estaba ofreciendo a Putin la cooperación económica en lugar de la guerra, recordándole que Rusia siempre salía ganando cuando cooperaba con los EE.UU y perdía, cuando se enfrentaba con América. Pues, la visita de Putin a Alaska parece demostrar que el presidente ruso se está inclinando por la vía negociadora.

Esta vez, lo mismo que después de la ya mencionada primera conversación telefónica entre ambos presidentes, tampoco han salido detalles fidedignos, pero sí numerosas especulaciones y descalificaciones de Trump. Para algunos “expertos” en la política internacional, Trump, sólo con el hecho de recibir a Putin en Alaska, le ha “legitimado” en la arena internacional. Además, lo ha hecho con los honores y la alfombra roja, como si no se tratara de un deleznable asesino, sino de un gran triunfador. (Del protocolo y de la alfombra roja hablaré un poco más adelante).

¡Qué argumento más retorcido! ¿Acaso Putin estuvo “deslegitimado” alguna vez en la palestra internacional después de que hubiera agredido militarmente a Ucrania? ¿Algún país del mundo ha roto las relaciones diplomáticas con Rusia en señal de protesta contra la invasión rusa en Ucrania? ¿Ha sido Rusia expulsada de la ONU, como le ocurrió a la URSS, cuando ésta fue expulsada de la Liga de las Naciones en protesta por su agresión contra Finlandia, en 1939? Que yo sepa no ha pasado nada de esto. Rusia sigue siendo miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, perfectamente “legitimada” para tomar parte en las decisiones de este y de otros organismos internacionales.

Otra patraña de los antitrumpistas está enfocada en que los principales líderes de los países europeos han acudido a Washington, a La Casa Blanca, para “proteger” a Zelenski de las presiones de Trump en las conservaciones sobre el Acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia. ¿De verdad creen estos penosos expertos que cualquiera puede acudir, sin más, a la Casa Blanca e intervenir en las conversaciones de Trump sin su previo y expreso permiso? Dejo la respuesta al sabio lector.

El formato del artículo no me permite seguir desmintiendo todas las estupideces que han aparecido en los medios, pero de una sí que me gustaría hablar y está relacionada con un “trato exquisito” que había brindado Trump a Putin en Alaska, con alfombra roja, un podio de honor, etc.

En mi opinión el recibimiento de Putin en la base militar de Anchorage (Alaska), en realidad fue una fina y bien montada “humillación” al presidente ruso, una especie de parodia a un auténtico recibimiento de un jefe del Estado, cuando éste acude a otro país. La escenificación del protocolo, mejor dicho del “anti-protocolo”, diseñado a la medida exacta del personaje a recibir, contenía numerosos detalles, que escoden unos significados ocultos, unos “códigos”, de los que he hablado antes, y de los que el Stanislavski de La Casa Blanca es un maestro de primera.

Como me gusta descifrar los “códigos” de Trump, voy a hacerlo en este caso también, para que el lector pudiera ver una versión diferente a la presentada por la mayoría de los medios, que dieron unos pequeños recortes de toda la “película” de la recepción de Trump a Putin, reflejando exclusivamente la “cordialidad” del anfitrión con su huésped que es un “criminal de guerra”. Yo he visto toda la ceremonia desde el principio hasta el final y me ha causado una impresión muy distinta a la que predomina en los medios. A ver si acierto, como fue en el caso del mensaje de Trump en TWITTER, mencionado más arriba de este artículo.

En primer lugar, Trump no invitó a Putin a visitar los Estados Unidos, sino aceptó la petición del propio Putin de reunirse con él, por lo cual la visita no fue oficial. La reunión pudo haberse producido en algún país neutral, se barajaban Arabia Saudí, Suiza, Turquía. Pero Trump insistió en que fuera en el territorio estadounidense, pero no en Washington, donde se encuentra la residencia oficial del Presidente de Estados Unidos, o en alguna otra emblemática ciudad estadounidense, sino en una lejana base militar en Alaska. No me parece una actitud muy hospitalaria y de trato cordial de parte del anfitrión cara a su huésped.

Trump recibe a Putin en una base militar, plagada de aviones militares de la última generación para demostrarle “en situ” el poderío militar estadounidense. Entre estos aparatos, que en un momento determinado sobrevaloraron la base y fueron perfectamente avistados por Putin (levantó la cabeza al oír el sonido de los motores), se encontraba el mismo modelo del B-2, un avión “invisible”, que había participado en la operación de la destrucción de un búnker subterráneo, donde el régimen iraní (aliado de Putin) estaba guardando el uranio enriquecido preparado para las bombas atómicas contra los enemigos del Islam. Una clara “señal” al presidente ruso, que tiene varios búnker en el inmenso territorio ruso, donde esconderse en caso de si surge la guerra nuclear, posiblemente provocada por una política agresiva del Kremlin.

Cuando los aviones de ambos presidentes aterrizaron en la base de Anchorage, el Presidente Trump no acudió a recibir a Putin a la escalerilla de su avión y no le fue puesta al mandatario ruso una alfombra roja de un tamaño “habitual” en este tipo de ceremonias, sino que le colocaron una larga y muy estrecha alfombra por la que Putin tuvo que andar un buen rato por el suelo de hormigón de la base, para encontrarse con el Presidente Trump que le esperaba en una “auténtica” alfombra roja, la que sí fue puesta al pie de la escalerilla del avión del presidente norteamericano. Y sólo cuando Putin se acercó a la alfombra donde se encontraba Trump, éste le tendió la mano para saludar.

Luego los dos, uno al lado del otro, andando al unísono por la ancha alfombra roja del presidente Trump, llegaron hasta un podio, subieron en él para que los reporteros gráficos pudieran sacar la “foto “histórica”. No hubo ni himnos nacionales, ni una parada militar en el honor del “invitado”. O sea, fue un protocolo recortado, que nada parecía a los que la Casa Blanca practica para los visitantes deseados y bien venidos.

Llamaba la atención con que lentitud y un semblante serio y de poca animación, estaba bajando Trump de su avión y luego se dirigía, con paso lento y vacilante, hacia el punto de encuentro con Putin, como si quisiera retrasar al máximo este fatídico momento.

Y sólo cuando vio a Putin acercándose a él, cambió de postura y ya estábamos viendo a “otro Trump”, que sonreía e intentaba parecer amable, amigable, cordial, interpretando el papel de un “buen anfitrión”, cara al público y al huésped. Pero como todo ello ha sido un puro teatro, nada de sinceridad, Trump, aunque sea un buen actor, sobreactuaba en su papel: estrechaba demasiadas veces la mano de Putin, le daba palmadas en los hombros y otros gestos que sobraban. Ocurre en las mejoras escenificaciones de las mejores obras teatrales.

No faltó la sobreactuación por parte del propio Putin. Su rápida y ágil bajada por la escalerilla del avión y un trote acelerado por la ridícula alfombrita roja hacia el abrazo o, por lo menos, a un apretón de manos histórico con el mandatario más poderoso del planeta. Algunas malas lenguas atribuyen estas sobreactuaciones de Putin a que el que llegó en el avión presidencial ruso no fue el Putin verdadero, sino su doble. Pero es otra historia. (A quien interesa el tema, pueden leer mi artículo, publicado en las páginas de este periódico, 21.09.2023, bajo el título: “¿Cuantos Putines hay”? Los dobles del dueño del Kremlin”).

Y por último. Cuando ambos presidentes bajaron del podio y Putin, que según el protocolo debía haber subido a su coche “presidencial” para desplazarse en él al lugar de la celebración de las conversaciones (el coche de Putin fue traído por avión desde la lejana Moscú), no pudo hacerlo, ya que Trump le “invitó” a que subiera a su coche, y los dos se quedaron dentro del coche del presidente norteamericano, a solas, sin ningún testigo más, menos chofer y el guardaespaldas del presidente norteamericano.

De qué hablaron los dos presidentes sin nadie más los pudiera escuchar. Fue una breve conversación, unos 10 minutos, hasta que la limusina de Trump llegó al destino, pero, por lo visto, muy relevante, ya que, de repente, se produjo un cambio importante en el orden del día previsto. La conversación entre las dos delegaciones fue reducida de 6-7 horas previstas a la mitad y fue suspendida la comida conjunta prevista para el final de las conversaciones. Ambas delegaciones “precipitadamente” abandonaron la base, Trump camino a Washington, Putin hacia Moscú.

¿Qué pudo averiguar Trump en “dos minutos”, como el mismo comentaba en algún momento, que le bastarían para saber si Putin había venido para hablar en serio o para tomarle el pelo?

Los próximos acontecimientos demostrarán si esta reunión del presidente norteamericano con su homólogo ruso, tan criticada por los medios, ha servido o no para avanzar sustancialmente por el camino del alto el fuego en el frente ruso- ucraniano y para la firma del Acuerdo de Paz entre Ucrania y Rusia.

Sólo podemos desear a todos los involucrados en esas negociaciones que lleguen a un acuerdo cuanto antes, para que deje de morir más gente y se acabe la destrucción de las ciudades ucranianas y de sus infraestructuras vitales. Y que el presidente Donald Trump no abandone su papel de mediador hasta conseguir un buen resultado final: el fin de una de las más sangrientas guerras en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

¡Mucha Suerte a todos!

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