El espectáculo que han dado los partidos políticos ante la España en llamas ha sido...
El espectáculo que han dado los partidos políticos ante la España en llamas ha sido miserable. Se comprende la reacción popular contra los que deberían solucionar los problemas y lo que hacen es enrarecerlos. En lugar de dejar a un lado las naturales discrepancias, acordando el trabajo conjunto, los grandes partidos han aprovechado la humareda de los incendios para enzarzarse en áridas controversias y estúpidos debates. La ciudadanía no sale de su estupefacción. Se quema España y los dirigentes de los partidos se dedican al intento de arañar votos con acusaciones fuera de lugar.
Se comprende que las encuestas serias instalen a los partidos políticos entre los tres grandes problemas que agobian a los ciudadanos. En lugar de ser una solución se han convertido en máxima preocupación. La opinión pública se ha manifestado de forma inequívoca y el rechazo a los partidos políticos cuartea la democracia española y favorece a las instancias extremistas.
A pesar del deleznable espectáculo que los partidos políticos han dado, están dando, ante la España en llamas quiero recordar lo que he repetido en muy varias ocasiones. No olvidemos la historia y las enseñanzas del siglo XX. La reacción contra los partidos políticos y su condena derivó en el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, el estalinismo en Rusia, el franquismo en España, el salazarismo en Portugal…
La democracia pluralista para ser plena necesita a los partidos políticos. No se trata, pues, de eliminarlos. Habrá que democratizarlos. Habrá que establecer fórmulas para que en sus puestos directivos se instalen políticos capaces y no cantamañanas que, sin oficio ni beneficio, utilizan el sistema partidista para medrar, en demasiadas ocasiones a través de prácticas corruptas. Los partidos políticos no son agencias de colocación, dedicados a proporcionar cargos suculentos a parientes, amiguetes y paniaguados. Hay que reformarlos desde dentro para que cumplan su imprescindible papel de representar la diversidad de ideologías y pensamientos, dedicándose a servir a los ciudadanos y a resolver los problemas, no a marginarlos ni a acentuarlos.