Aunque Sánchez lo niegue, Illa negocia con Puigdemont el apoyo de Junts a los Presupuestos
El presidente catalán, Salvador Illa, y el expresidente fugado de la Generalidad y líder de Junts, Carles Puigdemont, se han reunido este martes durante una hora media en la delegación de la Generalidad en Bruselas, en la que el PSOE busca granjearse el apoyo definitivo del partido secesionista catalán para esta legislatura mediante la amnistía poltica del prófugo.
La visita del presidente autonómico, del PSOE, marca un nuevo punto de inflexión en la estrategia de Sánchez para ganarse el apoyo de Junts de cara a los presupuestos. Rehabilitar la imagen del prófugo Puigdemont es el siguiente paso. Ya no son reuniones con mediadores en Suiza, ni la visita del que fuera número 3 del partido y ahora imputado Santos Cerdán a Waterloo. Ahora es el presidente de Cataluña el que visita tierras belgas para un encuentro cara a cara. Pese al carácter semiinstitucional, no saldrá a la luz el contenido de la reunión.
Puigdemont llegó a pie diez minutos antes del encuentro a la delegación donde ya le esperaba Illa, que llegó en coche, una hora antes de la reunión, en la que no había ningún tipo de bandera. Ninguno de los dos políticos ha hecho declaraciones ni al principio ni al término del encuentro, por lo que no ha trascendido por ahora el contenido de la conversación.
"Hoy me he encontrado con el president Carles Puigdemont, tal y como he hecho con el resto de expresidentes de la Generalidad. El diálogo es el motor de la democracia para que Cataluña siga avanzando. Hoy damos un buen ejemplo", ha señalado Illa en un mensaje en X a los pocos minutos de finalizar la reunión. Unas declaraciones que chocan con lo que afirmó justo antes de las últimas generales: "Ni amnistía ni nada de eso; lo repito, para que quede claro: ni amnistía ni nada de eso".
Por su parte, Puigdemont aseguró a través de sus rede sociales que el encuentro demuestra "que no vivimos en una situación de normalidad".
"Esta tarde me ha recibido el president Salvador Illa en la delegación de la Generalitat ante la Unión Europea. Le agradezco la amabilidad y la conversación. En situación de normalidad democrática, esta reunión se tendría que haber producido hace muchos meses, y no en Bruselas. sino en el Palau de la Generalitat, en la capital de Cataluña", ha señalado Puigdemont en un mensaje en X.
El líder de Junts ha convocado para este miércoles a la permanente de JxCat, el órgano de dirección más restringido del partido, a una reunión en Waterloo (Bélgica). Es habitual que Puigdemont convoque a la permanente de Junts en fechas señaladas, como puede ser el inicio del curso político o antes de una convocatoria electoral.
A la reunión de la permanente que se celebrará este miércoles le seguirán unas jornadas de trabajo del grupo parlamentario de Junts, que también se celebrarán en la localidad belga, los días 15 y 16 de septiembre, y en las que se fijará el rumbo del partido en este periodo de sesiones.
El año pasado, el grupo parlamentario de Junts ya celebró unas jornadas de trabajo en Waterloo para preparar el Debate de Política General (DPG) y en esta reunión se decidió dar más peso a la portavoz parlamentaria, Mònica Sales.
Negociando los presupuestos
Aunque el president y su jefe, Pedro Sánchez, lo nieguen, Illa acude a Bruselas para hacer el trabajo del último secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, hoy en la cárcel acusado de corupción: recabar el apoyo de los de Puigdemont para esta legislatura; lo que pasa necesariamente por los presupuestos autonómicos catalanes y los generales.
Junts no garantiza un voto en bloque: cada cesión del Gobierno se negocia por separado: que el Estado ejecute las inversiones comprometidas en Cataluña y que el catalán sea oficial en la Unión Europea. Pero la lista se amplía. Junts condiciona también la Ley Bolaños, que transfiere la instrucción penal a la Fiscalía, y la reducción de la jornada laboral, uno de los proyectos estrella de la legislatura. A todo ello se suma una nueva carpeta: el traspaso de las competencias de inmigración, donde denuncian la resistencia tanto de Podemos como de Vox. Los dirigentes posconvergentes subrayan que la reunión de Bruselas no significa un cheque en blanco, sino un episodio más de una negociación por etapas.
El calendario ha jugado a favor de la puesta en escena. El mismo día de la cita en Bruselas, el Consejo de Ministros aprobó la condonación parcial de la deuda autonómica. Una medida que beneficia especialmente a Cataluña, con más de 89.000 millones de euros pendientes del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA). La legislatura en Madrid depende en buena medida de lo que ocurra en Cataluña. ERC atraviesa horas bajas y Junts conserva la llave de cualquier iniciativa.
Puigdemont, huido en Bélgica desde el referéndum ilegal del 1-O y la fallida declaración de independencia de 2017, mantiene una orden de detención en España por malversación, delito que el Supremo entiende fuera de la ley de Amnistía. Sin embargo, Moncloa y el PSC llevan meses preparando un primer movimiento: no la amnistía judicial, todavía bloqueada, sino una amnistía política. Para el jefe del Ejecutivo catalán, la resolución del alto tribunal abre un nuevo escenario que normaliza la interlocución con su predecesor.
Illa ya había visitado en los últimos meses a los expresidents Jordi Pujol, José Montilla, Artur Mas, Quim Torra y Pere Aragonès; solo faltaba Puigdemont. La cita, rechazada por el socialista en noviembre pasado, se convirtió en prioridad tras el aval del Tribunal Constitucional a la ley de Amnistía.
Fuentes socialistas hablan de “normalidad institucional”. El propio portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, insistió en que el cara a cara no pretendía “allanar” los Presupuestos, sino demostrar que el diálogo es el motor de la democracia. Pero el mandato recibido por Illa desde Moncloa apuntaba en otra dirección: tantear a Puigdemont sobre su disposición a desbloquear las cuentas públicas.
Jordi Turull, secretario general de los independentistas, no lo ocultó: “La reunión con el president Puigdemont es una iniciativa de Illa, que la propone después de ir a Lanzarote con Sánchez. Llega tarde”.
Sánchez quiere evitar, de momento, una nueva foto de la vergüenza, esta vez con el máximo responsable del golpe secesionista del 1-O, aunque, sabedor de cómo se las gasta el prófugo de Waterloo en sus negociaciones, ya ha admitido que esa instantánea terminará produciéndose.