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Ensayo

Antonio Caño: El monstruo español

domingo 07 de septiembre de 2025, 23:47h
Antonio Caño: El monstruo español

La Esfera de los Libros, Madrid, 2025. 23,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Teresa Sánchez González

Antonio Caño traza en El monstruo español. Francisco Macías y el final de la aventura colonial un relato apasionante desde el punto de vista narrativo e histórico. La recomposición de un relato, mucha más cercano en el tiempo de lo que cabría pensar, y sobre el que una nube de olvido parece haber ocultado. Es la figura de Macías la que ocupa el lugar prominente en la narración y, con ella, la España gris del tardofranquismo como telón de fondo.

Es esta la historia de un tirano tan prototípico de su tiempo y región que parecen casi imposibles tantas casualidades. Quizás muchos de los que se acerquen a esta obra nunca hayan oído hablar de Francisco Macías y de la experiencia colonizadora de España en Guinea Ecuatorial y si lo han hecho, es posible que les suene lejano y poco significativo. Por el contrario, esta obra reabre o, mejor dicho, abre la posibilidad de acercarnos a la figura de un individuo íntimamente relacionado con España y que llevó a cabo una dictadura cruenta e infame una vez declarada la independencia del país.

Como bien lo describe Antonio Caño al inicio del libro, Macías fue “dios, padre, brujo, guía, milagro, castigo… Todo eso fue Macías para los guineanos durante once años, que parecía que no acabarían nunca y que sólo encontraron su final en una forma de brusca sucesión dentro de su mismo clan por un cacique más fuerte y más joven” (pág. 9).

Guinea Ecuatorial fue siempre, para los españoles de hace unas décadas, un lugar distante y del que se sabían algunas historias de conocidos, más o menos cercanos, que se había trasladado al país africano con la idea de amasar una pequeña fortuna para, después, regresar a España. Aunque los dos territorios que forman el país, la isla de Fernando Poo, conocida hoy como Bioko, y la región de Río Muni, fueron provincias españolas, siempre la relación se mantuvo más desde el punto de vista formal, y sumado a cuestiones políticas, que desde una perspectiva económica o emocional. España, contrariamente a las redes que tejieron otras potencias europeas con sus colonias en el continente africano, ni siquiera extrajo riquezas naturales, como, por ejemplo, petróleo, del que ya se sabía su existencia antes de la independencia.

El periodista Antonio Caño presenció la sentencia a Macías en el Cine Marfil, el 29 de septiembre de 1979, y cómo este se fue por la puerta lateral del escenario para emprender el camino al pelotón de fusilamiento. El escritor, que trabajaba para la agencia EFE como corresponsal, seguramente entendió, en ese momento, que estaba viviendo como espectador privilegiado la caída de uno de los mayores sátrapas de la historia del África contemporánea.

El oficio periodístico de Caño hace de este libro una suerte de crónica con trazas de historia y novela. Un relato que seduce al lector desde el principio no solo por lo que se cuenta sino por la interesante elección de quién lo hace: Ricardo González Díaz, personaje inspirado en Ramón García Domínguez, el gran especialista en la obra de Miguel Delibes y que impartió clases en su juventud a uno de los hijos de Macías.

La reconstrucción que hace la obra de la vida de Macías desde su incursión en la política en 1960 como alcalde de Mongomo, su pueblo, hasta llegar a la presidencia en unas elecciones limpias para las que el franquismo preparó las condiciones necesarias, dan muestra de parte del carácter de Macías. Fue capaz de recorrer un camino lento y silencioso sin llamar la atención y obteniendo rédito de cada situación que se le planeaba. Caño realiza un trabajo de enorme calidad a la hora de dibujar la imagen del dictador durante su ascenso al poder y su tiempo en él, basándose, para ello, en testimonios personales, documentos reservados en diferentes archivos públicos y privados, grabaciones hechas en la época y los escasos artículos periodísticos existentes que dotan este ensayo de la seriedad y calidad propias del autor.

De un pequeño pueblo al palacio presidencial, del anonimato a situarse en el centro del escenario y, después, a la caída. Una caída a manos de los suyos y con su sobrino, Teodoro Obiang, como cabecilla. “No se convirtió en un animal, simplemente lo había sido durante once años, aunque sin perder su apariencia humana, y ahora huía desesperado y asustado sin exhibir un ápice de la dignidad que, por mucho que presumiera de ella, jamás había tenido”, narra Caño durante su detención.

Leer El monstruo español es la oportunidad de adentrarnos en otro tiempo por medio de la figura de Macías como uno más de los tiranos que, en esos años, ocuparon el poder y llevaron a cabo algunas de las peores vergüenzas para la humanidad. Un tiempo sombrío que también es reflejo de una parte de la historia de España y las responsabilidades que tuvo no solo durante su época colonial en Guinea sino en la falta de intención de buscar una salida ordenada y tranquila del país.

Es más, Guinea Ecuatorial, prácticamente nunca, ha estado más en los planes políticos españoles. En palabras de Caño, “es recomendable asomarse de vez en cuando al rastro que nosotros mismos hemos dejado, a los monstruos que, de alguna forma, ayudamos a crear, para entender que no son figuras extraordinarias como a veces pensamos, que ese burócrata sumiso que repite con pasión el discurso oficial puede ser el déspota que arrase con todo si encuentra las circunstancias apropiadas y la motivación suficiente para hacerlo” (pág. 20).

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