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ORIENT EXPRESS

La escasez nunca se fue

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 14 de septiembre de 2025, 19:19h

Antonio Muñoz Molina escribió hace unos días que “si hay una salvación posible de este mundo, es recuperar la idea de escasez”. Lo decía con un reloj de lujo en la muñeca y una foto con pose desenfadada. Para los progresistas siempre es fácil prescribir la pobreza de otros.

Lo que sucede es que la escasez lleva muchos años instalada en los hogares españoles. Podríamos pensar en la precariedad laboral -los contratos a tiempo parcial, los falsos autónomos y, en general, la “uberización” del trabajo- pero me refiero ahora a la escasez económica, a la estrechez cotidiana, a la vida de tieso ya normalizada.

Sí, España es un país de tiesos donde los coches más vendidos ya son chinos y donde, según datos del INE, casi 13 millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social. El 19,7% de la población sufre pobreza relativa. El 8,3% está en condiciones de carencia material y social severa, lo que significa que no pueden afrontar el pago de la calefacción o gastos imprevistos. El 34,6% de los menores de 18 años está en riesgo de pobreza o exclusión social. Según datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, 4,1 millones de personas sufren en España pobreza severa. Hay españoles que sólo conocen la escasez.

Frente a esa idealización de la pobreza, que habría de hacer mejores personas a costa de privaciones, uno puede plantear una alternativa: el desarrollo, mejor dicho, el desarrollismo. Frente a la idealización del decrecimiento, cabe imaginar un regreso al crecimiento como ideal político: carreteras, canales, puertos, obras hidráulicas y casas, muchas casas para ampliar una oferta menguante y reducida aún más por la tolerancia -cuando no el fomento- de la “ocupación” y del impago de alquileres. Hay hogares que, desde la crisis de 2008, no han conocido otra cosa que la escasez y el empobrecimiento producidos por políticas económicas equivocadas.

Es muy difícil hablarle de la libertad, de la unidad nacional y del desarrollo sostenible a personas que no tienen para comer, vestirse ni alojarse dignamente. En España, los recursos de asistencia social funcionan mejor con alguien que ha llegado en una patera -que recibe al menos alojamiento, comida y asistencia médica, así como cierto dinero en efectivo- que a un español arruinado que malvive en la calle. Salvo las instituciones de caridad y asistencia vinculadas a la Iglesia, a los ciudadanos pobres se les ofrecen alternativas donde la burocracia asfixia la agilidad que ciertas situaciones requieren.

Estas palabras de Muñoz Molina, pues, imponen una reflexión alternativa: busquemos la prosperidad y la abundancia bajando impuestos, eliminando gasto político innecesario -por ejemplo, buena parte de las industrias culturales a cuyo calor han medrado tantos intelectuales progresistas que ahora reivindican la escasez- y dando a los españoles una mejor asistencia social.

Hubo un tiempo -yo lo recuerdo- en que un español podía vivir dignamente sólo con un salario y comprarse una casa en un tiempo razonable sin endeudarse de por vida. Era un España industrial en la que el trabajo era estable y de calidad. Había pobreza, sin duda, pero la escasez era algo que se trataba de dejar atrás y no algo que se pretendía perpetuar desde las instancias intelectuales.

Quizás tenemos que volver a imaginar un país que, en lugar de asumir la pobreza y el asistencialismo, reivindica el empleo de calidad, el desarrollo industrial y el crecimiento económico. Nos merecemos algo mejor que esta idealización de la pobreza con un reloj de lujo en la muñeca.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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