Aunque intermitente en su aparición es realmente amplia la bibliografía sobre la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que luchó en Rusia encuadrada en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Con diferentes enfoques y perspectivas la acción de aquellos miles de hombres, motivados por profundas convicciones ideológicas los más, o el sentido político de la empresa han suscitado atención y puede decirse que su historia está bien establecida en sus hitos fundamentales y líneas generales, si bien quedan aún aspectos por abordar o revisar. La División Azul desde la “Hoja de Campaña” se centra, precisamente, en uno de esos asuntos poco explorados que deja de serlo gracias a este libro de impecable edición.
Los periódicos militares o, mejor, de trinchera, concebidos para distracción y motivación de los combatientes, surgieron durante la Primera Guerra Mundial; en la Guerra Civil proliferaron en el campo republicano, por lo general con un marcado carácter adoctrinador según el signo político de la unidad que los editara. Cuando los voluntarios españoles llegaron al frente del Este, en el otoño de 1941, incluso ya en el periodo de instrucción en Alemania, contaron con una publicación ciclostilada que acabó cuajando en un verdadero periódico, de factura decorosa dadas las condiciones, titulado Hoja de Campaña.
Se tiraron algo más de cien números, entre noviembre de 1941 y enero de 1944, con periodicidad semanal, luego quincenal, bastante regular, y salvando dificultades logísticas que son de suponer para una publicación con propósito de escribirse y distribuirse en el mismo frente, recurriendo a imprentas en cuyas cajas faltaban caracteres españoles. Con dependencia de la Segunda sección del cuartel general divisionario y tutela de las Propaganda Kompanien alemanas, que proporcionaban material gráfico, se confeccionó e imprimió primero en el cuartel general de Grigorovo y después, sucesivamente, en Riga y Tallin desde donde se distribuía a las posiciones del frente.
Del periódico se encargó un pequeño grupo de divisionarios que eran periodistas o ilustradores profesionales, pero las colaboraciones de soldados y oficiales eran permanentes y numerosas, igual que la reproducción de textos publicados en periódicos españoles. Al mismo tiempo, la Hoja no fue solo un medio de información para los voluntarios, sino que quiso también hacerse presente en España, a donde se enviaban ejemplares, nunca con regularidad.
Javier Fernández disecciona con perspicacia y meticulosidad los avatares y contenidos de aquel periódico, basándose en una colección facsimilar completa, publicada hace años, y apoyándose en una bibliografía auxiliar bien elegida. Abordando de forma panorámica la estructura de la División, presenta someramente a una buena parte de los redactores y colaboradores, y expone la mecánica del trabajo de redacción y edición. La parte medular del libro se centra en el análisis de contenido con un enfoque más descriptivo que hermeneútico (lo que habría exigido una obra de carácter diferente), desarrollando en capítulos diferenciados cuestiones como la visión de la guerra, del enemigo, de los aliados alemanes o de la mujer.
Aunque no faltasen secciones de amenidades, de deportes o toros, la Hoja de Campaña, y el autor lo destaca reiteradamente, fue un periódico riguroso de apreciable calidad literaria, en que eran frecuentes los poemas de redactores o colaboradores, los artículos sobre historia o ensayos sobre diferentes materias intelectuales, y donde citas y referencias habituales muestran un nivel cultural muy apreciable. Esa misma inquietud cultural llevó a crear, aneja a la redacción, una biblioteca circulante que remitía libros a los soldados de primera línea.
El elevado porcentaje de universitarios que hubo entre los alistados a la División, condición que tuvieron también la mayoría de los redactores, explica, según Javier Fernández, ese carácter tan destacado de la publicación. El segundo rasgo propio del contingente, su acendrado ideario falangista, ilustra la otra peculiaridad ostensible en el periódico, su sustancial politización. Una impetuosidad en formas y contenidos que se expresó en dos, pero no únicos, terrenos: el anticomunismo (por ello explicaron siempre su alistamiento antes que nada como deseo de luchar contra el bolchevismo) y la insatisfacción con el signo conservador que el régimen de Franco manifestaba de modo cada vez más inequívoco y donde los jóvenes falangistas barruntaban la marginalidad les esperaba.
En suma, un libro informado, preciso y ecuánime. Sólo algún error de identificación o inexactitud menor desentona en la valía de la obra, en ciertos casos por no advertir que parte de los artículos publicados en la Hoja lo habían sido antes en España, y sus autores no eran divisionarios como se les supone. No podía serlo, por ejemplo, el veterano africanista Enrique Arqués, como tampoco lo fue Tovar. Por otro lado, quizá se le asigna a Ridruejo un papel superior al que realmente le cupo en el origen y arraigo de la publicación. Nada que desmerezca de un libro estimable para ahondar en la historia interna de aquella unidad militar y la idiosincrasia de quienes la integraron y dieron carácter.